¿Deberían prohibirse los celulares en las aulas?
En todo el mundo se repite una misma pregunta con difícil respuesta. En hogares y en escuelas, en conversaciones del profesorado y entre madres y padres: ¿Qué hacemos con los teléfonos móviles en las aulas?
Este artículo es la tercera entrega de una guía para acompañar la vida digital en familia. Para ver la guía, ingresa aquí.
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“En mi escuela no se permiten los teléfonos salvo que la administración del centro lo permita explícitamente. A pesar de esto, los estudiantes encuentran la manera de sortear estas normas y los llevan”, explica Joel, un joven de 18 años de Jamaica.
Según datos de UNESCO, 114 sistemas educativos ya cuentan con prohibiciones nacionales de teléfonos celulares en escuelas. Es decir, más de la mitad de los países del mundo.
Estas prohibiciones están apareciendo rápidamente en nuestra región. Bolivia y Costa Rica las implementaron recientemente, en un contexto de creciente preocupación por déficit de atención en las clases, ciberacoso, bullying y otros efectos negativos de la tecnología sobre la infancia.
“A veces los usan para tomar notas, acceder a materiales de estudio, capturar recuerdos con sus amigos y comunicarse con sus padres”, cuenta Joel, “o simplemente para actividades de ocio como escuchar música y entrar en redes sociales.”
“En lugar de establecerse prohibiciones”, explica, “las escuelas deberían establecer guías claras, supervisión y restricciones que permitan a los estudiantes beneficiarse de las ventajas educativas de los teléfonos mientras se reduce su potencial mal uso.”
Algunos países como Colombia o Perú han optado por regulaciones que requieren a las escuelas desarrollar políticas que restrinjan el uso de celulares, sin imponer prohibiciones totales a nivel nacional.
En países donde los sistemas educativos están descentralizados, como en Argentina, las restricciones aparecen primero a nivel local y provincial, como la prohibición de celulares en las escuelas primarias de la provincia de Buenos Aires.
En ciertos casos, las prohibiciones aplican solo al uso del celular en el aula, pero los permiten en el recreo. Otras regulaciones sí permiten el uso de celulares en el aula para fines educativos, especialmente para facilitar el aprendizaje de niñas y niños con discapacidad.
Una herramienta de acceso a la información que abre la puerta a otros riesgos
El acceso a tecnologías digitales es un elemento esencial en la educación de niñas y niños. Y la realidad es que, para quienes tienen acceso a celulares, preparar tareas o buscar información en sus teléfonos es ya parte de su rutina.
Además, las escuelas son en ocasiones los lugares de conexión habituales para la infancia.
En Argentina, 47% aprovecha estos espacios para acceder a Internet todos o casi todos los días, según el estudio Kids Online Argentina 2025 de UNICEF y UNESCO. Mientras que 6 de cada 10 busca información en Internet todos los días o casi todos, para hacer tareas o estudiar.
Las escuelas son en muchas ocasiones uno de los pocos lugares donde niñas y niños pueden desarrollar habilidades de alfabetización digital y pensamiento crítico, incluyendo el aprendizaje sobre el acceso a la información.
Pero junto a los celulares entran en las aulas también problemas que preocupan a padres, educadores y alumnos: grabación y difusión de contenidos sin permisos, acoso y ciberacoso escolar, distracciones. En algunos casos, el uso cotidiano, prolongado y no regulado de pantallas ha sido asociado con aumento en los niveles de ansiedad y otros problemas emocionales en la infancia.
Según el informe Kids Online Uruguay 2022, casi la mitad de las y los adolescentes indicaron al menos una de estas tres situaciones debido al tiempo que pasan en internet:
- Sus notas bajaron (29%)
- Tuvieron problemas con amigos o familiares (29%)
- Dejaron de comer o dormir (26%)
El bienestar emocional es esencial en la infancia. Es indispensable que niños y niñas puedan concentrarse en actividades cruciales de la escuela como la lectura, el estudio o el relacionamiento con otras personas
La capacidad de concentración les permitirá mantener la atención en tareas prolongadas, lo cual es esencial para su desarrollo.
Entonces, ¿es hora de prohibir?
Los teléfonos móviles en las escuelas deben limitarse cuando distraigan en el proceso de aprendizaje, y cuando expongan a riesgos o impactos negativos para el bienestar.
Las restricciones siempre deben ser proporcionadas y tener en cuenta las excepciones para niñas y niños que necesitan y dependen de dispositivos en las escuelas por sus funciones de accesibilidad, apoyo o asistencia.
En contextos de bajos recursos es frecuente que el teléfono móvil sea la única o la principal vía de acceso de niñas y niños al mundo digital. Lo que se aúna a que existan dificultades para acceder a libros de texto físicos y otros materiales educativos.
Así que una restricción generalizada de los móviles en las aulas, sin tener en cuenta estas variables, podría acabar por profundizar desigualdades si se le quita a niñas y niños el acceso a libros digitales, herramientas de traducción o funciones de accesibilidad y tecnología de asistencia a personas con discapacidad, como la de lectura en voz alta.
Limitar los teléfonos cuando solo se emplean con fines recreativos o cuando pueden suponer un riesgo para la infancia puede ser una medida adecuada. Pero también es importante reconocer la utilidad de estos dispositivos cuando se emplean como un recurso educativo supervisado para fomentar la educación, la inclusión, la accesibilidad y el bienestar de las y los estudiantes.
¿Cómo hablar con niñas y niños sobre las prohibiciones del celular en el colegio?
¿Qué pueden hacer las madres, padres y educadores para acompañar a los alumnos y evitar distracciones en clase debido al uso de celulares sin renunciar a enseñarles a navegar por los entornos digitales de una manera segura y constructiva?
Los modos en que las niñas y niños acceden, utilizan y se relacionan con y a través de los entornos digitales inciden en su calidad de vida. Como padres o madres, es normal tener preocupaciones en torno a las nuevas regulaciones sobre el uso de teléfonos móviles en la escuela: desde su eficacia hasta sus consecuencias.
Pero estos debates son una gran oportunidad para hablar con tus hijos y entender mejor cómo se sienten.
¿Qué puedes hacer?
¿Qué puedes hacer?
Un lugar y hora en la que puedan charlar tranquilamente, luego de la comida o en algún paseo. Preguntales cómo se sienten, y sus amigos, respecto a las prohibiciones de celulares en las escuelas.
Los adultos a menudo nos enfocamos sólo en los riesgos, pero hay que tener en cuenta que ellas y ellos usan los teléfonos para mantenerse en contacto con sus amigos, desarrollar sentimientos de pertenencia y comunidad, y crear vínculos sociales que les resultan muy importantes.
Es normal que haya algunos que estén enojados o preocupados por la idea de perder acceso a redes sociales o a su teléfono. Y otros, especialmente aquellos que hayan sufrido experiencias negativas en línea, pueden sentirse contentos. Así que muchos van a experimentar una mezcla de frustración y alivio. Es importante escucharles sin interrumpir y tratando de entender sus sentimientos. Puedes preguntarles: ¿Qué crees que sería lo peor de perder acceso a tu teléfono en la escuela? Y ¿Cuál crees que sería el aspecto más positivo?
Muchos jóvenes se sienten ignorados o ausentes de las decisiones que los adultos están tomando sobre sus hábitos y acceso al teléfono, decisiones que impactan directamente sus vidas. Asegúrate de que tu hija o hijo se sienta escuchado y sienta que su opinión importa.
Estar conectados con amigos no es algo opcional para los adolescentes, es esencial para su salud mental. Recuerda a tu hija o hijo que sus amistades e intereses todavía importan, incluso si su acceso al teléfono en la escuela ya no es el mismo.
Puedes preguntarles: Si no tienes acceso al celular en la escuela, ¿sientes que todavía podrás mantener un contacto cercano con tus amigos fuera de la escuela? Pueden incluso hacer un plan juntos con ideas para mantenerse conectados, como reuniones en persona, deportes, llamadas de teléfono, y otras maneras de comunicarse en línea fuera de la escuela.
Aprovecha esta oportunidad para discutir juntos maneras de mantenerse seguros en línea y encontrar un equilibrio al uso que hacen del celular. Recuerda a tu hija o hijo que todos tenemos el poder de elegir a quién seguir, cuándo estar en línea y cuándo tomarse un descanso, y cómo responder si ocurre algo en línea que no está bien.
Evita tener el celular en la mano constantemente. Y habla también sobre la relación de las personas adultas con las pantallas y explicita qué estrategias se utilizan para mejorarla.
Muchos niños y niñas se acostumbran a ver a las personas adultas con los dispositivos de forma permanente. Dejar el teléfono celular en algún espacio y consultarlo sin tenerlo constantemente en la mano es una buena práctica. Puedes discutir algunas reglas sencillas que toda la familia puede adoptar en conjunto, como dejar los teléfonos fuera de los dormitorios por la noche, o silenciar las notificaciones mientras están estudiando.
Elegir momentos del día para una desconexión familiar, aunque al principio sean breves, puede ayudar a crear espacios sostenidos en los que las personas adultas compartan tiempo sin dispositivos.
¿Cómo usan el teléfono en la escuela? Las voces de los jóvenes
“Durante mi último año de escuela no nos dejaron usar los teléfonos, fue una medida nueva. Al principio la medida no nos gustó, pero luego nos acostumbramos,” cuenta Martina, de 18 años, quien junto a Joel y otros jóvenes de la región forma parte del Consejo de Acción Adolescente y Juvenil de UNICEF.
“Creo que se debería permitir el uso de celulares en las escuelas pero para fines pedagógicos, ya que es una muy buena herramienta. Sin embargo, el no usar los celulares en los recreos nos permitía conectar mejor con nuestros compañeros, y eso es mucho más valioso”, explica.
Ana Luísa, de Brasil, es otra de las jóvenes que opinó sobre el uso de celulares en la escuela y sobre su utilidad cuando tiene que comunicarse con familiares, especialmente en casos de emergencia o para coordinar horarios.
“Considero que ciertas restricciones son necesarias, ya que el uso excesivo de los teléfonos puede distraer a los estudiantes y afectar su concentración durante las clases” dice Ana Luísa, de 18 años.
“También creo que limitar su uso favorece una mayor interacción social, fortaleciendo la convivencia y las relaciones interpersonales. Sin embargo, pienso que los teléfonos pueden ser herramientas útiles para el aprendizaje cuando se utilizan de manera responsable y con objetivos pedagógicos claros”.
Recursos adicionales
Esta guía pretende ser un punto de partida para entender mejor cómo poner la tecnología al servicio de los derechos de la infancia. Aquí tienes algunos recursos extra elaborados por UNICEF que pueden ayudarte a navegar este tema en casa o en la escuela.
Guía para acompañar la vida digital de los niños y adolescentes
¿Qué es el ciberacoso y cómo detenerlo? Una guía para padres y madres en 9 pasos
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