Protección de la infancia
Proteger a la infancia contra la violencia, la explotación y el abuso
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En muchas partes del mundo, los niños y niñas sufren formas persistentes de violencia y explotación. Los separan a la fuerza de sus familias y los sacan de sus hogares a causa de conflictos, desastres o tráfico de personas. Los obligan a trabajar en el campo, las minas o las calles en condiciones peligrosas.
Son reclutados por grupos armados. Sufren violencia de género.
UNICEF trabaja día tras día para proteger a los niños y niñas de los abusos y atender a quienes han sufrido un trauma.
Qué hacemos
La violencia contra la infancia suele darse en los espacios donde los niños y niñas deberían estar protegidos (como sus hogares, escuelas y comunidades) y a manos de las personas en las que deberían poder confiar. Trabajamos en más de 150 países para fortalecer las redes de seguridad que protegen a la infancia del peligro, especialmente en contextos de emergencia.
UNICEF colabora con gobiernos y activistas comunitarios para garantizar que los niños y niñas más vulnerables puedan tener acceso a distintas formas de protección, como servicios sociales básicos, apoyo de primera línea y sistemas judiciales justos. Conoce nuestra labor en los siguientes ámbitos fundamentales:
Qué hacemos
Millones de niños y niñas de todo el mundo se ven sometidos al trabajo infantil, y algunos se ven obligados a realizar trabajos peligrosos a través de la trata de personas. Los motivos que los empujan a trabajar son diversos: en la mayoría de los casos, el trabajo infantil se da en el seno de familias que se enfrentan a dificultades económicas o a situaciones de incertidumbre, ya sea debido a la pobreza, a la enfermedad repentina de un cuidador o cuidadora o a la pérdida de empleo de un miembro de la familia. Las consecuencias son devastadoras.
Se calcula que 230 millones de niñas y mujeres de todo el mundo han sido sometidas a alguna forma de mutilación genital femenina, muchas de ellas antes de cumplir 15 años. Pese a estar reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos, la mutilación genital femenina persiste por distintos motivos. Independientemente de dónde o cómo se practique, la mutilación genital femenina provoca lesiones físicas y psicológicas extremas.
Por matrimonio infantil se entiende cualquier matrimonio formal o unión informal entre un niño o niña menor de 18 años y una persona adulta u otro niño o niña. A pesar del descenso sostenido de esta práctica nociva a lo largo de los últimos diez años, el matrimonio infantil sigue siendo una práctica generalizada, ya que, en todo el mundo, aproximadamente una de cada cinco niñas se casa durante la infancia. El matrimonio infantil suele ser el resultado de una desigualdad de género fuertemente arraigada, lo cual afecta de manera desproporcionada a las niñas. Las niñas que se casan antes de cumplir 18 años tienen más probabilidades de sufrir violencia doméstica y de abandonar la escuela, y esto empeora sus expectativas económicas y de salud en comparación con otras niñas de su edad que no se casan.
La violencia contra la infancia adopta muchas formas. Puede ser física, emocional o sexual, y se da en todos los países y en cualquier entorno. Por desgracia, en el caso de muchos niños y niñas, la violencia proviene precisamente de las personas a las que se ha confiado su protección. Los niños y niñas que sufren abusos graves padecen consecuencias durante toda su vida. A pesar de ello, muchos tipos de violencia interpersonal permanecen ocultos a la esfera pública.
La violencia de género es la violación de derechos humanos más extendida y, al mismo tiempo, menos visible del mundo. Abarca el daño físico, sexual, mental o económico infligido a una persona debido a los desequilibrios de poder socialmente atribuidos entre hombres y mujeres. También incluye la amenaza de violencia, la coacción y la privación de libertad, ya sea en el ámbito público o en el privado. En contextos de emergencia, el riesgo de violencia por razón de género se dispara.
Miles de civiles mueren y resultan heridos cada año a causa de las armas explosivas, tanto durante como después de los conflictos armados. Los niños y niñas representan aproximadamente la mitad de las víctimas de este tipo de municiones. Los que sobreviven sufren importantes lesiones físicas y traumas psicológicos, pero las armas explosivas también les causan graves daños indirectos: especialmente en zonas pobladas, los explosivos destruyen infraestructuras vitales, como tuberías de agua, instalaciones de saneamiento, hospitales y escuelas, lo que priva a los niños y niñas de los servicios esenciales.
Miles de niños y niñas son reclutados y utilizados en conflictos armados en todo el mundo. Aunque comúnmente se les conoce como “niños soldados”, este término no refleja las graves formas de explotación y abuso a las que se les somete. Las partes en conflicto no solo los utilizan como combatientes, sino también como centinelas, cocineros, porteadores, guardias o mensajeros.
Millones de niños y niñas están en tránsito tras haber sido obligados a abandonar sus hogares a causa de conflictos, la pobreza o el cambio climático; otros se marchan con la esperanza de encontrar una vida mejor, ya sea solos o acompañados por sus familias. Pero muchísimos se enfrentan a peligros, detenciones y discriminación por el camino.
En medio del caos provocado por los conflictos, los desastres naturales y otras crisis, miles de niños y niñas se separan de sus progenitores y cuidadores, y algunos no vuelven a reunirse con sus seres queridos hasta días, meses e incluso años después. Si reciben apoyo temprano para localizar a sus familiares, es más probable que tarden menos en lograr reunirse con ellos.
Cuando se separan de su familia, el estrés que sufren los niños y niñas es indescriptible. La separación socava su salud mental, su salud física y su desarrollo, y puede exponerlos a la explotación y el abuso.
Cuando no saben en quién confiar ni a quién acudir en busca de ayuda o desconocen cuándo podrán reunirse con sus familiares, los niños sufren un miedo y una confusión extremos. Quienes permanecen separados durante periodos largos también pueden perder el acceso a la educación y la atención médica, esenciales para ayudarlos a aliviar el sufrimiento.
Nuestra respuesta
Con el fin de evitar la separación familiar, UNICEF trabaja en todo el mundo para ayudar a las comunidades a identificar a los niños y niñas vulnerables antes de que se produzca una crisis y planificar la reunificación si se diera el peor escenario.
Trabajamos con nuestros aliados para reunir de manera segura y lo antes posible a los niños y niñas con sus familias, conscientes de que, cuanto más se prolonga la separación, mayor es el riesgo de que un niño o una niña se vea expuesto al abuso y la explotación.
En situaciones de emergencia, UNICEF y otros aliados humanitarios capacitados habilitan espacios a los que se puede llevar a los niños y niñas que se han perdido para proceder a su identificación y proporcionarles atención y protección inmediatas.
Una vez que un niño o una niña está a salvo, ayudamos a que se recopile y se documente de inmediato toda la información sobre su situación y su familia, con el fin de localizar a sus familiares y facilitar el proceso de reunificación. Mientras tanto, los niños y niñas pueden vivir temporalmente con otros familiares o tutores adecuados. En ocasiones, durante el momento más crítico de una emergencia, puede ser necesario recurrir a la atención en centros temporales.
Durante este proceso, UNICEF y sus aliados proporcionan gestión de casos, apoyo psicosocial y otros servicios necesarios para satisfacer las necesidades de los niños y niñas no acompañados.
Se estima que más de 2 millones de niños y niñas de todo el mundo viven en centros de asistencia residencial, si bien la mayoría de ellos no son huérfanos y tienen al menos un progenitor o un pariente cercano vivos. Los motivos por los que estos niños y niñas terminan en este tipo de centros son diversos, y no siempre tienen que ver con su propia protección. Los efectos perjudiciales a largo plazo derivados de la separación familiar y de una acogida alternativa inadecuada están ampliamente documentados.
Cuando sobreviene una crisis, los niños y niñas sufren una angustia indescriptible. Durante conflictos armados, desastres naturales y otras emergencias humanitarias, pueden verse obligados a abandonar sus hogares o separarse de sus familias. Los servicios esenciales, como el agua potable, la atención médica y la educación se detienen. Los niños y niñas atrapados en un conflicto se ven continuamente expuestos a violencia, lesiones graves y el reclutamiento en grupos armados.
En estos contextos, los niños y niñas suelen carecer de acceso a servicios de salud mental y apoyo psicosocial, lo cual tiene consecuencias que duran mucho más que la propia emergencia.
La ansiedad, la depresión y otros problemas relacionados con el estrés pueden acompañar a los niños y niñas hasta la edad adulta. La violencia tiene unos efectos especialmente perjudiciales sobre la salud mental, la salud física y el desarrollo social. Si un niño o niña sufre un episodio de violencia durante la primera infancia, la experiencia puede entorpecer incluso su desarrollo cerebral. En la adolescencia, el estrés grave y la exposición a acontecimientos traumáticos pueden dar lugar al abuso de alcohol y drogas, una baja autoestima, problemas de salud, bajo rendimiento escolar, autolesiones y suicidio.
Si no se abordan los problemas de salud mental y psicosociales se retrasa el desarrollo de un niño o niña y se le priva de oportunidades para prosperar. Por si esto fuera poco, es muy frecuente que los niños y niñas con problemas de salud mental sufran estigma y discriminación, sean excluidos de sus comunidades o se vean expuestos a más violencia.
Las situaciones de crisis también someten a los progenitores y cuidadores a una presión psicológica que puede impedirles proporcionar a sus hijos la estabilidad y la atención que precisan.
Nuestra respuesta
UNICEF trabaja en todo el mundo para fortalecer la resiliencia de los niños, las niñas y sus familias y ayudarlos a hacer frente a la adversidad, tanto durante como después de una crisis. Adaptamos nuestros servicios a los contextos locales, escuchando cuáles son las prioridades de las comunidades y creando entornos propicios que favorezcan el bienestar mental y psicosocial de la infancia.
La infancia y la adolescencia
Junto con nuestros aliados, habilitamos espacios seguros que ofrecen actividades periódicas y estructuradas destinadas a ayudar a los niños y niñas a desarrollar habilidades para enfrentarse a crisis, resolver problemas, regular sus emociones y entablar y mantener relaciones. Esto se lleva a cabo a través de grupos de apoyo entre pares, actividades recreativas, deportes y capacitación en habilidades para el día a día, así como formación profesional.
Nuestro trabajo también aborda comportamientos y normas dañinas con el fin de reducir el acoso escolar, el abuso, el abandono, la explotación y la violencia. Cuando es necesario, brindamos apoyo individual directo o derivamos a los niños y niñas a una atención especializada adicional.
Cuidadores y familias
UNICEF ayuda a las madres, los padres y los cuidadores a desarrollar técnicas para apoyar a los niños y niñas en circunstancias difíciles. Creamos conciencia acerca del sufrimiento que pueden padecer los niños durante las crisis humanitarias, promovemos conocimientos sobre la crianza responsable y formamos a los cuidadores para que atiendan a niños y niñas con problemas de salud mental. También fortalecemos las redes comunitarias, facilitando la inclusión de familias vulnerables en las actividades que llevamos a cabo en este ámbito.
Para asegurar que los cuidadores también estén atendidos, ofrecemos oportunidades de apoyo entre iguales, programas educativos y primeros auxilios psicológicos a padres y madres, personal docente y cuidadores. Según sea necesario, ofrecemos atención especializada a padres, madres y cuidadores con problemas de salud mental.
Comunidades y aliados
UNICEF trabaja junto a organizaciones comunitarias para mejorar su capacidad de atender las necesidades de los niños, las niñas y sus familias en materia de salud mental y apoyo psicosocial. Ayudamos a fortalecer la salud, la educación, los servicios sociales y otros ámbitos con el fin de ofrecer una atención integral y orientar a las familias de manera que reciban la información y los recursos que necesitan para salir adelante.
En la actualidad, los niños y niñas pasan más tiempo que nunca navegando por el mundo digital, a menudo sin darse cuenta. Aunque no se ven, los sistemas de inteligencia artificial (IA) tienen el poder de influir de manera significativa en las decisiones e interacciones digitales de la infancia; por ejemplo, al sugerirles videos, artículos o música de su interés e incluso personas con las que relacionarse. Sin embargo, el auge de la tecnología basada en la IA conlleva graves riesgos, sobre todo porque los cambios en las plataformas digitales avanzan más rápido que las medidas de salvaguardia y las normativas necesarias para proteger a los usuarios y usuarias jóvenes.
Casi una cuarta parte de los niños y niñas del mundo vive al margen de los registros oficiales: no tienen ninguna prueba legal de quiénes son, de dónde vienen ni de cuándo nacieron, por el simple hecho de que sus nacimientos nunca fueron registrados. Sin un certificado de nacimiento, los niños y las niñas son invisibles para sus gobiernos, y no tienen acceso a servicios públicos esenciales que les permitan garantizar sus derechos más fundamentales –como la atención médica y la escolarización– ni las redes de protección social destinadas a reducir el riesgo de explotación y abuso infantil.
En todo el mundo, cientos de miles de niños y niñas entran en conflicto con la ley cada año, ya sea en su propio país o en otro. Los niños y niñas pueden ser detenidos por diversos motivos. Muchos han cometido delitos menores o infracciones leves, como el absentismo escolar, la mendicidad o el consumo de alcohol. Algunos de los niños y niñas que presentan comportamientos delictivos han sido coaccionados o explotados por personas adultas. Y en otros casos, son las propias víctimas las que son detenidas como infractoras.
Los niños y niñas que han sido víctimas de explotación sexual, trata o trabajo infantil, por ejemplo, no solo pueden terminar arrestados, sino detenidos por períodos de tiempo indefinidos. En algunos lugares, a los niños se les priva de su libertad por el simple hecho de migrar, expresar sus opiniones políticas o por motivos relacionados con la “seguridad nacional”.
En muchos países, las condiciones de detención pueden ser graves. Las restricciones de movimiento obstaculizan el desarrollo del niño, mientras que una alimentación inadecuada puede provocar malnutrición. La exposición a condiciones insalubres en instalaciones muy pobladas hace que los niños y niñas sean vulnerables a enfermedades infecciosas como la tuberculosis y el VIH. Además, la detención les puede provocar traumas y problemas de salud mental debido al aislamiento o el abandono. Cuando son detenidos junto a personas adultas, son especialmente vulnerables a la violencia y el abuso.
Los niños y niñas también pueden verse desprotegidos en las salas de audiencias. Esto ocurre no solo en el caso de aquellos en conflicto con la ley, que probablemente desconocen sus derechos y a menudo carecen de los medios para contratar a un abogado, sino también en el de los niños y niñas que son víctimas o testigos de un delito.
Todos los niños y niñas dependen de los adultos que los rodean para garantizar su seguridad durante los procedimientos administrativos. Sin embargo, la policía, los fiscales y los jueces suelen carecer de formación especializada para apoyarlos y defender sus derechos. Los niños y niñas que entran en el sistema judicial como víctimas o testigos de un delito necesitan medidas de protección específicas para evitar sufrir más traumas y verse expuestos a otros peligros.
Algunos niños y niñas no tienen una oportunidad real de acceder a la justicia, independientemente del lado de la ley en el que se encuentren. Los honorarios legales, la discriminación y las preocupaciones en materia de seguridad pueden disuadir a las familias a la hora de hacer valer o proteger los derechos de un niño o una niña, especialmente las de grupos minoritarios y vulnerables.
Nuestra respuesta
Junto con los gobiernos y los aliados comunitarios, UNICEF trabaja para ayudar a todos los niños y niñas a acceder a un sistema de justicia que garantice sus derechos y necesidades. Nuestras prioridades son las siguientes:
Prevenir el abuso, la violencia y la explotación
Los niños son, ante todo, niños, independientemente de cómo entren en contacto con la ley. Sus derechos, especialmente su derecho a la protección, deben respetarse antes, durante y después de su paso por el sistema de justicia. Apoyamos a los países en la creación de sistemas nacionales de protección infantil integrales, capaces de prevenir y hacer frente a todas las formas de negligencia, violencia, abuso y explotación infantil.
Fomentar que las investigaciones y los procedimientos judiciales tengan en cuenta las necesidades de la infancia
Junto con los gobiernos, trabajamos en los países para capacitar a la policía, los jueces, los fiscales y los abogados en enfoques de justicia adaptados a la infancia.
Evitar que los niños y niñas sean sometidos a procedimientos penales formales
Ayudamos a los gobiernos y a las organizaciones de la sociedad civil a evitar, en la medida de lo posible, que los niños y niñas deban participar en procedimientos penales formales. En lugar de verse inmersos en procedimientos que dañan su salud física y mental, los niños y niñas reciben el apoyo de servicios sociales y programas comunitarios.
Promover enfoques de justicia restaurativa
Cuando corresponde, apoyamos las iniciativas de justicia restaurativa que no se centran únicamente en castigar al infractor, sino también en fortalecer a la víctima y reparar el daño causado. La justicia restaurativa puede aplicarse a nivel de comunidad e incluye medidas como la mediación y los encuentros de conciliación.
Impulsar alternativas a la prisión preventiva y la prisión tras el juicio
Para evitar que los niños y niñas que están a la espera de juicio sean detenidos, apoyamos medidas de supervisión en el ámbito familiar y comunitario. Si la detención previa al juicio es inevitable, hacemos lo posible por limitar su duración. También trabajamos con nuestros aliados para promover sanciones no privativas de libertad y otras alternativas a la detención posterior al juicio.
Proporcionar servicios de recuperación y reintegración
Apoyamos servicios que permiten a los niños y niñas recuperarse y reintegrarse en sus familias y comunidades locales a través de planes de reintegración personalizados, adaptados a las necesidades de cada niño.
Conectar a los niños y niñas con servicios legales
Facilitamos los esfuerzos destinados a proporcionar a los niños y niñas asistencia jurídica especializada, representación y otros servicios según sea necesario. También apoyamos las iniciativas que tienen por objeto mejorar los conocimientos de la infancia en materia de derechos jurídicos.
Los trabajadores de servicios sociales suelen ser los primeros en intervenir cuando los niños y niñas se encuentran en una situación de peligro.
En estrecha colaboración con los propios niños y las familias, identifican y abordan los riesgos a los que los niños y niñas pueden estar expuestos en su hogar o en otros lugares, especialmente aquellos relacionados con la violencia, el abuso, la explotación, el abandono, la discriminación y la pobreza. A fin de velar por su bienestar físico y psicológico, los trabajadores sociales conectan a los niños y niñas con servicios sociales fundamentales, como la atención médica, la educación y la protección social, y cuestionan las normas perjudiciales que vulneran los derechos de la infancia.
Uno de los elementos más importantes de un sistema de protección infantil que funcione correctamente es contar con personal de servicios sociales cualificado, formado tanto por profesionales y paraprofesionales del ámbito gubernamental como no gubernamental.
Sin embargo, son muchos los lugares donde el personal de servicios sociales cuenta con pocos recursos y carece del apoyo económico e incluso político necesario para proteger a los niños y sus familias. Si los trabajadores sociales no están debidamente capacitados, las leyes, políticas y programas que los gobiernos establecen para proteger a la infancia corren el riesgo de verse socavados.
Nuestra respuesta
UNICEF colabora estrechamente con los gobiernos y otros aliados en la tarea de desarrollar y apoyar al personal de servicios sociales.
Apoyamos a los gobiernos en la elaboración de políticas, legislación, marcos normativos y recursos humanos para fortalecer al personal, al tiempo que coordinamos a los diversos sectores para aprovechar los conocimientos locales y ayudar a capacitar a los trabajadores de los servicios sociales.
Nuestras acciones se centran en las personas, prestando especial atención a la contratación, la capacitación y la retención del personal, así como a la inversión en la gestión de la calidad y al impulso del desarrollo profesional.
En las zonas afectadas por conflictos, desastres naturales y otras emergencias, la población confía en que los trabajadores humanitarios les brinden asistencia y protección. Si bien la gran mayoría desempeña su labor con profesionalismo e integridad, algunos trabajadores humanitarios se aprovechan de su posición de poder mediante la explotación y el abuso sexual de las personas que dependen de ellos. Infórmate sobre cómo UNICEF diseña y lleva a cabo programas para prevenir y responder a la explotación y el abuso.
Las crisis humanitarias afectan a la infancia de manera desproporcionada. Los conflictos armados, los desastres naturales y otras emergencias exponen a millones de niñas y niños a formas de violencia inimaginables. En todas estas situaciones, los y las supervivientes suelen quedarse sin acceso a servicios esenciales de salud, educación y apoyo psicosocial, con consecuencias que pueden durar toda la vida.