Educación, agua y saneamiento

para mejorar los derechos de la niñez Barí en el Catatumbo

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Dayro Castro
09 Agosto 2024
Tiempo de lectura: 6 minutos

El pueblo Barí, en el Catatumbo, Norte de Santander, enfrenta múltiples retos humanitarios, en medio de un recrudecimiento del conflicto armado que amenaza los derechos de la niñez, incluyendo el de vivir en paz. 

Con una intervención en educación, agua, saneamiento e higiene, UNICEF y sus socios, con el apoyo de ECHO, mejoran las condiciones de vida de la niñez y la adolescencia, fortaleciendo los entornos que les protegen de las violencias.   

Sakacdú (que traducido al español significa Tucán) es una de las 26 comunidades del Pueblo Barí que viven en la subregión del Catatumbo, Norte de Santander, justo en uno de los límites de su resguardo con la zona campesina. Cuenta el cacique que se asentaron allí para cuidar la riqueza natural y evitar la expansión de la tala indiscriminada de bosques en su territorio. 

Para llegar a esta comunidad se deben sortear múltiples retos logísticos: transitar dos días por carretera desde Cúcuta, la capital de Norte de Santander, recorrer trochas, que pueden ser difíciles de atravesar en épocas de lluvias, y cruzar ríos. Allí, los niños, niñas y adolescentes enfrentan múltiples riesgos de vulneración a sus derechos, incluyendo aquellos asociados al recrudecimiento del conflicto armado.   

Comunidad Barí reunida
UNICEF Colombia
niños y niñas de la comunidad barí tomando clase
UNICEF Colombia

 

UNICEF llega a este territorio con la estrategia NIDDOS, financiada por la Dirección de Protección Civil y Operaciones de Ayuda Humanitaria de la Unión Europea (ECHO), para contribuir a mejorar el acceso a servicios básicos y garantizar los derechos de la niñez y la adolescencia.  

Situación de la niñez en el Pueblo Barí

 

La niñez en la comunidad Barí nace y crece en medio de grandes riquezas ambientales, de tradiciones, saberes, lengua y creencias ancestrales que se resisten a desaparecer. Por eso, los procesos de enseñanza y aprendizajes que incluyen la interacción entre sabedores y sabedoras alrededor de tradiciones como la elaboración de las flechas, el tejido de los cestos y dar a conocer el “secreto”, es fundamental como parte de su proyecto etnoeducativo. 

Al mismo tiempo, en medio de esa riqueza cultural y ambiental, el pueblo Barí enfrenta riesgos que aumentan las posibilidades de ver sus derechos vulnerados.  

La presencia y control territorial por parte de  grupos armados no estatales, las dinámicas del conflicto armado y la violencia generadas por las economías ilegales, la baja capacidad institucional y las necesidades básicas insatisfechas,

 

 

elevan las probabilidades de que los niños, niñas y adolescentes se vean expuestos a diversos riesgos como el reclutamiento uso y utilización para el conflicto, accidentes por minas antipersonal o abuso sexual, disminuyendo las oportunidades para que desarrollen su máximo potencial. 

La comunidad de Sakacdú es una muestra de las barreras que enfrenta las comunidades indígenas en términos de acceso a derechos como educación, agua, saneamiento e higiene, protección y salud. 

Si bien, avanza un proyecto etnoeducativo, el resguardo tiene un déficit significativo de infraestructura, mobiliario y dotación para que los niños y las niñas aprendan en condiciones dignas y apropiadas; carecen de unidades sanitarias y elementos de higiene personal, lo que aumentan su propensión a situaciones relacionadas con las violencias basadas en género (VBG), sumado a grandes dificultades para acceder a servicios adecuados de salud.

 

 

sumado a grandes dificultades para acceder a servicios adecuados de salud.

Los estudiantes del resguardo solo cuentan con estudios hasta el grado 8°, así que, de los casi 600 niños y niñas matriculados, tan solo 75 se encuentran en la secundaria, lo que indica una reducción de oportunidades para adolescentes y jóvenes para culminar de manera satisfactoria sus estudios y completar sus trayectorias educativas.  Así mismo, del total de la población, solo el 2% de los jóvenes logra acceder a la universidad.  

En términos de acceso a agua, saneamiento e higiene, de los tres centros etnoeducativos rurales y las veinte sedes educativas en las comunidades, tan solo dos cuentan con un sistema sanitario y de agua adecuados y dignos para la gestión de la higiene. Es decir, aproximadamente el 90% de los niños, niñas y adolescentes no acceden a estos servicios básicos, lo que les expone a enfermedades, a desnutrición y a riesgos de protección. 

Educación y agua, saneamiento e higiene para la protección de la niñez 

“Antes tenía que salir al monte a hacer mis necesidades… me daban miedo la culebra y los mosquitos… y la oscuridad; ahora tengo estos baños que quedaron muy bonitos… ahora tenemos este lugar donde podemos estar tranquilas” 

Salomé de 11 años, estudiante del grado 4°. 

A través de proyectos de educación y agua, saneamiento e higiene, UNICEF y sus socios, han contribuido a fortalecer los entornos protectores en la comunidad Sakacdú, como una forma de atender de manera integral las situaciones humanitarias derivadas de las emergencias prolongadas que ha tenido que vivir el pueblo Barí en el Catatumbo. 

En el marco del proyecto NIDDOS, y junto a los socios implementadores Acción Contra el Hambre y Opción Legal, la colaboración de ASOCBARI y el apoyo de la comunidad de Sakacdú, se mitigaron riesgos contra la integridad física y emocional de los niños, niñas y adolescentes, a través del mejoramiento del espacio educativo, permitiendo un acceso digno al agua, así como a espacios de saneamiento e higiene. También se promovieron acciones de integración comunitaria alrededor de una huerta escolar, el manejo adecuado de los animales domésticos que conviven con ellos y el encuentro intergeneracional alrededor del tejido y la elaboración de sus instrumentos de caza. 

“Antes teníamos que estudiar con el techo roto, la madera comida por el comején… el piso de tierra, que cuando llueve se vuelve un barro y nos ensuciamos… ahora, el espacio está bonito y sembramos flores (besitos) alrededor de la escuela” cuenta Daylin, de 14 años.  

De esta manera, se han fortalecido los procesos etnoeducativos que se llevan a cabo en el resguardo con un enfoque de gestión de riesgos. También se ha logrado reducir la defecación a campo abierto, con la instalación de unidades sanitarias, duchas, lavamanos y suministros de higiene responsables con el medio ambiente e innovando en el uso de materiales no convencionales para las obras de infraestructura, acompañados del uso de energías limpias para las luminarias que usan celdas fotovoltaicas para su alimentación. 

“A la hora de ver las clases, antes estaban en una casa de familia que se estaba cayendo a pedacitos. En mi vida nunca he visto de la manera como hicieron los baños unos para los niños y las niñas,

 y otros para nosotros los adultos, incluso para personas en discapacidad", cuenta Jessica, profesora de la comunidad de Sakacdú, quien resalta cómo la acción humanitaria ha mejorado las condiciones de vida del pueblo Barí, que ahora son más dignas y que a su vez facilita los procesos educativos y de prevención de violencias. 

Estos proyectos fueron desarrollados con la participación y consulta activa del pueblo Barí, a través de Asobarí.  

“Esta alianza es muy buena: a partir de la colaboración, en donde cada uno aportó sus recursos para mejorar la infraestructura que es muy importante para la comunidad. Esto no solo es importante para Sacakdú, la idea es que se llegue a implementar en el todo pueblo Barí”. 

Mireya, quien hace parte de la asociación