Por un mundo amigable con la menstruación, especialmente en emergencias

Las situaciones de emergencia limitan el acceso de niñas, niños y adolescentes a múltiples derechos.

-
Ana Carolina Tapias / UNICEF Colombia
28 Mayo 2026
Tiempo de lectura: 5 minutos

Ya sea por confinamientos derivados del conflicto armado, que restringen la movilidad o por inundaciones y otros desastres climáticos que obligan a miles de familias a desplazarse y abandonar sus territorios, las emergencias interrumpen las vidas de las niñas, niños y adolescentes de muchas formas: en su educación, el acceso a servicios de salud y las condiciones básicas de agua, saneamiento e higiene. Sin embargo, hay algo que no se detiene: la menstruación.

En el Día Mundial de la Salud y la Gestión Menstrual, UNICEF reitera que seguimos en deuda con algo que debería ser un mínimo: garantizar un mundo amigable con la menstruación para cada niña y adolescente, incluyendo a aquellas que están en contextos de emergencia o en riesgo de que ocurran. 

La menstruación está en la vida de las niñas, adolescentes y mujeres de todo el mundo, pero para muchas sigue siendo un asunto que se vive en silencio, con miedo, vergüenza y con riesgos para su salud debido a la falta de información, los estigmas y las limitaciones para acceder a baños dignos, agua limpia y productos adecuados.  

Mural sobre agua y saneamiento
Mural creado por estudiantes y docentes del Comité de Agua, Saneamiento e Higiene del Instituo Agrícola Región del Catatumbo en Teorama, Norte de Santander

En medio de las emergencias, estas dificultades aumentan: acceder a agua, disponer de los residuos con privacidad o conseguir toallas higiénicas y medicamentos para aliviar el dolor se vuelve mucho más difícil. Para 2026, hasta 6,1 millones de personas podrían tener necesidades relacionadas con agua, saneamiento e higiene en Colombia por situaciones relacionadas con emergencias, según datos de OCHA y la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela. 

De acuerdo con la Encuesta de Pulso Social del Departamento Administrativo Nacional de Estadística DANE, durante 2023, el 11,4% de las niñas, adolescentes y mujeres que menstruaron reportaron haber tenido dificultades económicas para comprar productos para gestionar su sangrado. Esto, muchas veces hace que usen telas, trapos, ropa vieja, papel higiénico o servilletas e incluso nada durante su periodo. 

Por otro lado, el 10,4% de niñas, adolescentes y mujeres encuestadas reportaron haber tenido dificultades para acceder a un baño cercano, privado y limpio para cambiarse durante la menstruación. En las zonas rurales del país las barreras son aún mayores. Muchas niñas y adolescentes dejan de asistir a clases durante su menstruación porque no tienen baños adecuados, agua disponible o productos para gestionar el sangrado.

Entrega de un baño en Norte de Santander
UNICEF mejora y adecúa baños para niñas, niños y adolescentes en espacios utilizados como albergues temporales en Ocaña, Norte de Santander. 

Un estudio de UNICEF en 2018 reveló que, en las escuelas rurales del Pacífico colombiano, una de cada cuatro niñas o adolescentes ha faltado a clases alguna vez por causas relacionadas con el cuidado menstrual, especialmente relacionadas por el ambiente escolar y la falta de disponibilidad de productos o condiciones en los baños. 

Ante esta realidad, la respuesta humanitaria debe ir más allá de la entrega de kits de higiene. Gestionar la menstruación de forma digna significa que una niña pueda entrar a un baño limpio y seguro, tener agua para lavarse, jabón, privacidad y un lugar adecuado para cambiarse sin miedo ni vergüenza. Pero también implica transformar los silencios y estigmas que todavía hacen que muchas vivan su periodo sintiéndose incómodas, discriminadas o excluidas en sus escuelas y comunidades.

La infraestructura debería ser una condición mínima. Sin embargo, una respuesta integral va más allá: también debe ir acompañada de procesos comunitarios pedagógicos que eviten discriminación, reduzcan riesgos de violencias y permitan que las comunidades entiendan que la menstruación no debería limitar el potencial ni la dignidad de ninguna niña, adolescente, mujer o persona menstruante.

Baño de niñas en Norte de Santander
Estudiantes de la institución educativa de la comunidad Campamento en Maica, La Guajira.

Por eso, UNICEF Colombia y sus aliados trabajan para que las intervenciones de agua, saneamiento e higiene en contextos de emergencia incluyan también acciones sociales y pedagógicas. En escuelas rurales del Catatumbo, en Norte de Santander, por ejemplo, la mejora de baños y sistemas de agua ha ido de la mano con la creación de comités escolares de agua, saneamiento e higiene, integrados por niñas, niños, adolescentes, docentes y directivos. Allí no solo se habla del cuidado de la infraestructura, sino también de menstruación, autocuidado y convivencia, para que ninguna niña sienta que su periodo es un motivo para dejar de asistir a clases o participar plenamente en su escuela.

Para Diana Sofía, de 14 años y estudiante de la vereda El Aserrío, estos cambios han transformado la experiencia escolar de muchas niñas.

 “Los baños de las niñas antes no tenían puertas, se les habían caído, no había toallas, ni papel, ni jabón y los lavamanos no servían. Algunos compañeros se burlaban porque a veces nos podíamos manchar y muchas compañeras tomaban la decisión de no venir al colegio esos días”

Diana Sofía

Edinson, de 16 años, también recuerda cómo la menstruación afectaba la permanencia escolar de sus compañeras: “Antes, cuando no estaban las toallas en los baños, la estudiante no venía al colegio porque se sentía mal por tener su periodo. Yo iba y le prestaba el cuaderno, pero igual se atrasaba porque no es lo mismo”.

Diana Sofía tiene de 14 años y actualmente es estudiante y líder del comité de agua de la vereda El Aserrío, en Norte de Santander.
Las niñas y adolescentes de la institución educativa El Aserrío en Norte de Santander ahora cuentan con baños dignos y productos para la gestión de la menstruación.
Por su parte, Edison tiene 16 años y también hace parte del comité de agua de su colegio en Norte de Santander.
Edinson tiene 16 años y hace parte del Comité de Agua, Saneamiento e Higiene en la institución educativa El Aserrío.

Hoy, Diana hace parte del comité escolar y asegura que el proceso ha ayudado a cambiar la manera en que estudiantes y docentes hablan sobre el tema.

“Es importante porque nos enseñan a nosotras como niñas y también a nuestros compañeros que la menstruación es algo normal en la vida de las mujeres”.

Construir entornos amigables con la menstruación significa garantizar que ninguna niña, adolescente o joven tenga que escoger entre su educación y gestionar su periodo de forma segura y digna, y que todas encuentren espacios adecuados, insumos y acompañamiento para hacerlo, incluso y, especialmente, en medio de las emergencias. 

Embedded video follows