Tres meses después de los terremotos, recuperar lo cotidiano

Tras los terremotos de junio en Venezuela, niñas, niños y familias buscan recuperar su vida cotidiana. Sus historias nos acercan a estos tres meses y al trabajo de UNICEF, junto con sus socios, las autoridades y las comunidades, para acompañarles.

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Manuel Moreno González

“Para una niña o un niño, recuperarse de una emergencia significa poder volver a clases, recibir atención de salud y nutrición, tener agua segura y un lugar donde jugar y sentirse protegido. Tres meses después de los terremotos, muchas familias siguen afrontando pérdidas e incertidumbre. UNICEF continúa trabajando con las autoridades, las comunidades y sus socios para que esos cuidados lleguen cada día y las familias cuenten con apoyo para seguir adelante”, Manuel Rodríguez Pumarol, Representante de UNICEF en Venezuela.  

Historias desde La Guaira

Con Yoselin por la salud de La Guaira

Tras los terremotos de Venezuela, Yoselin y su equipo llevan vacunación y atención nutricional a menores de cinco años en Las Lapas, con apoyo de UNICEF.

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La camisa azul: el sueño de Naibelis después del terremoto.

Naibelis, de 12 años, mantiene claro su próximo objetivo: seguir estudiando.

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“¡Maestra, este es mi loro!”

Derwimar vive ahora con su familia y Panchito en un campamento transitorio de La Guaira.

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El agua a la que siempre volvemos

Después de los terremotos en Venezuela, José Ángel encuentra en el surf un espacio de calma. En tierra, espera la llegada de la cisterna y sueña con volver

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Las primeras horas

El 24 de junio, José Ángel, de 15 años, estaba en el balcón cuando su edificio comenzó a temblar. Pensó en su sobrino de dos meses y lo ayudó a salir. Después hizo lo mismo con otros familiares. 

Una vez a salvo, la familia necesitó encontrar dónde dormir, qué beber y cómo cuidar al bebé. Durante los primeros tres días en el campamento, no tenían agua. 

En coordinación con las autoridades y sus socios, UNICEF movilizó personal y suministros para atender las necesidades más urgentes. 

Apenas cuatro días después de los terremotos, el 28 de junio, llegó al país un cargamento desde Panamá. Dos días más tarde, llegaron 47 toneladas de ayuda desde Copenhague: kits médicos para atender emergencias, asistir partos y cuidar a recién nacidos; materiales para purificar y almacenar agua; carpas para habilitar espacios seguros; sillas de ruedas y materiales de juego y desarrollo infantil. Ambos envíos estaban destinados a apoyar a más de 100.000 niños y familias durante tres meses.

Cuando llega el agua

Derwimar, de 9 años, y Ana Milena, de 7, corren a avisar: ha llegado la cisterna. En Mare Abajo, las familias acercan los recipientes. José Ángel toma la manguera y llena cuatro para llevarlos hasta la carpa donde vive.

Derwimar y Ana Milena corren para avisar a su familia de que llegó el camión cisterna. UNICEF apoya el acceso a agua segura junto a su socio, Acción contra el Hambre, las autoridades y la comunidad.
UNICEF/UN0911807/Oraa Derwimar y Ana Milena corren para avisar a su familia de que llegó el camión cisterna. UNICEF apoya el acceso a agua segura junto a su socio, Acción contra el Hambre, las autoridades y la comunidad.

José Ángel recuerda los primeros días, cuando apenas tenían agua para bañarse. Ahora el suministro es más regular y cuentan con duchas y baños habilitados con apoyo de UNICEF. Llenar los recipientes permite preparar la comida, asearse y limpiar el lugar donde duerme la familia. 

Esa rutina depende de un suministro que no puede detenerse. Desde el inicio de la emergencia, UNICEF y sus socios han facilitado el acceso a agua segura a 17.391 personas en campamentos y comunidades. Junto con las autoridades, también apoyan la rehabilitación de los sistemas de agua para que las familias dependan cada vez menos de las cisternas. 

Cuando puede, José Ángel vuelve al mar con su tabla. Practica surf desde pequeño. Entre las responsabilidades del campamento, la playa sigue siendo un lugar al que quiere volver. 

“A mí me tranquiliza ir a la playa…”

Llegar y volver

A las cinco de la mañana, Yoselin Blanco se levanta y prepara el desayuno a sus hijos. Los días de salida necesita estar temprano en el centro de salud. La visita empieza mucho antes de subir al vehículo: hay que hablar con las familias, acordar dónde atenderlas y organizar al equipo. 

Yoselin es enfermera y coordina el Programa Ampliado de Inmunización del Área de Salud Integral Comunitaria 506, del Ministerio del Poder Popular para la Salud. Hoy va a Las Lapas, una comunidad rural de Carayaca. Calcula una hora y cuarto de camino. No hay una ruta regular de transporte y los terremotos han complicado unas vías que ya eran difíciles de recorrer. 

Con el apoyo logístico de UNICEF, el equipo llega con vacunas y atención nutricional. Revisa las dosis pendientes, evalúa a los más pequeños y responde las preguntas de sus cuidadores. Conversar también lleva tiempo: algunas familias necesitan resolver dudas; otras, contar lo que les ha pasado. 

La atención nutricional permite detectar necesidades que requieren seguimiento. UNICEF y sus socios han evaluado a 11.248 niñas y niños de entre seis meses y menos de cinco años para identificar desnutrición aguda. De ellos, 655 con desnutrición aguda grave han ingresado a tratamiento. 

Al terminar la jornada, Yoselin ya piensa en la siguiente visita. 

“Cuando nos vamos de una comunidad, ya sabemos quién nos falta, por quien debemos regresar para su refuerzo”, explica. 

Zulay González, oficial de Nutrición de UNICEF Venezuela, junto a Anderbis Acosta y su hija durante una jornada de salud en Santa Lucía de Tuy, Venezuela, el 16 de septiembre de 2026. La niña recibe alimento terapéutico listo para usar (RUTF) tras ser diagnosticada con desnutrición aguda.
UNICEF Venezuela/2026/Oraa Zulay González, oficial de Nutrición de UNICEF Venezuela, junto a Anderbis Acosta y su hija durante una jornada de salud en Santa Lucía de Tuy, Venezuela, el 16 de septiembre de 2026. La bebé recibe alimento terapéutico listo para usar (RUTF) tras ser diagnosticada con desnutrición aguda severa.

Volver exige coordinar otra vez al personal, conseguir transporte y recorrer las mismas vías. De esa continuidad depende que niñas y niños completen sus vacunas y reciban seguimiento. Desde los terremotos, 42.265 personas han accedido a atención primaria de salud con apoyo de UNICEF, tanto en establecimientos como a través de brigadas móviles. 

Un lugar para encontrarse

Derwimar, de 9 años, cuida de Panchito, su loro, en el campamento de Mare Abajo. Le da de comer y lo protege. Quiere ser veterinaria. También quiere volver a su escuela, hacer exposiciones frente a sus compañeros y resolver ejercicios de matemáticas. Echa de menos su casa y su cuarto.

En Catia La Mar, Gabriela, de 16 años, participa en un espacio amigable apoyado por UNICEF. Allí puede hablar de lo que siente y ayudar en las actividades de los más pequeños. Jugar y encontrarse con otros abre un espacio en el día para algo más que las preocupaciones de la emergencia. 

Ese acompañamiento alcanza también a quienes cuidan. Nazareth, madre de tres hijos, recibe apoyo emocional mientras sus hijas participan en un espacio amigable. El miedo a que vuelva a temblar y el cansancio siguen presentes. 

Las familias necesitan a alguien que las escuche mientras buscan cómo seguir adelante. En las comunidades y los campamentos afectados, UNICEF y sus socios han acercado servicios de salud mental y apoyo psicosocial a 14.644 niñas, niños, adolescentes y cuidadores. 

La camisa que espera Naibelis

“Sueño tener mi camisa azul”. 

Naibelis tiene 12 años. Para ella, esa camisa significa empezar secundaria. Los terremotos afectaron la escuela donde esperaba estudiar y, cuando comparte su historia, todavía no sabe dónde comenzará las clases. 

Mientras espera, pinta, juega al voleibol y ayuda a los más pequeños en el espacio amigable del campamento del estadio César Nieves. En una carta a su yo del futuro escribe sobre lo que quiere aprender y la vida que imagina. 

En Mare Abajo, Karina Ramírez, la maestra de Derwimar, se organiza con otras docentes para dar clases temporales. Volver a reunir a sus estudiantes es una manera de acompañarlos mientras se prepara el regreso a las aulas. 

“De eso se trata, de que todos los niños vivan su niñez”, dice Karina. 

Para acompañar ese regreso, UNICEF y sus socios han entregado materiales educativos a 5.148 niñas, niños y adolescentes y formado a 649 docentes y facilitadores en pedagogía y apoyo psicosocial. El trabajo se coordina con las autoridades y busca que aprender siga siendo parte de sus días, incluso mientras esperan volver al aula.

Naibelis, de 12 años, escribe una carta sobre sus deseos para el futuro en un espacio amigable apoyado por UNICEF en el campamento transitorio del estadio César Nieves.
UNICEF/UN0921225/Oraa Naibelis, de 12 años, escribe una carta sobre sus deseos para el futuro en un espacio amigable apoyado por UNICEF en el campamento transitorio del estadio César Nieves.

Seguir acompañando

Para mantener este apoyo y avanzar en la recuperación, UNICEF necesita 65,7 millones de dólares. Se han movilizado 29,5 millones, pero aún faltan 36,2 millones, el 55 por ciento de lo requerido. Contar con financiación oportuna, flexible y sostenida es esencial para mantener el agua y los cuidados, apoyar el regreso a clases y acompañar a las familias. Las carencias de financiación son especialmente importantes en agua, saneamiento e higiene y en educación. 

En julio de 2026, un grupo de niños participa en actividades en espacios amigables para la infancia, con el apoyo de UNICEF, situados en un refugio temporal en La Guaira.
UNICEF/UN0886721/Segovia Un grupo de niños participa en actividades en espacios amigables para la infancia, con el apoyo de UNICEF, situados en un refugio temporal en La Guaira.

Tres meses después, cada historia muestra un avance y una necesidad que continúa. El agua debe seguir llegando, los controles de salud necesitan seguimiento y el regreso a clases requiere escuelas preparadas y docentes acompañados. También es necesario mantener espacios seguros, apoyo psicosocial y servicios de protección frente a la violencia, el abuso y la negligencia. Sostener estos servicios permite que niñas, niños y familias recuperen, junto con sus rutinas, la confianza para hacer planes más allá de la emergencia.