“¡Maestra, este es mi loro!”: el reencuentro de Derwimar y Panchito tras los terremotos en Venezuela

Derwimar vive ahora con su familia y Panchito en un campamento transitorio de La Guaira. El acceso al agua segura sostiene sus días mientras conserva un deseo muy concreto: volver a casa y a la escuela.

Manuel Moreno González
Derwimar sostiene a Panchito, el loro que la acompaña en el campamento.
UNICEF/UN0911793/Oraa
01 Septiembre 2026

Panchito pasa la noche dentro de la carpa de una de las tías de Derwimar. Afuera hay perros y gatos, y la niña de nueve años procura que nada le ocurra. Por la mañana lo busca y lo lleva posado en el antebrazo por el campamento de Mare Abajo, en La Guaira.

Ella conoce las señales de su loro. Cuando Panchito tiene hambre, empieza a tumbar lo que encuentra a su alcance. Ella le da comida y después lo acomoda sobre una silla de madera, su lugar preferido. Cuenta que puede morder a quienes intentan cargarlo. Con ella permanece tranquilo.

UNICEF Venezuela Derwimar sostiene a Panchito, el loro que la acompaña en el campamento.
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Panchito llegó a la familia hace cinco años, cuando todavía era pequeño. El padre de Derwimar lo encontró en la calle y lo llevó al apartamento donde vivían. El loro creció allí, entre la vida familiar y los días de escuela de la niña.

El 24 de junio, esa vida cambió en unos segundos.

Derwimar se estaba bañando cuando comenzó el terremoto. Salió envuelta en una toalla. Su maestra, Karina Ramírez, había llegado en motocicleta a la zona para buscar a unos familiares y la encontró junto a los edificios dañados.

UNICEF Venezuela Derwimar, de 9 años, camina frente a los edificios de Mare Abajo donde vivía antes de los terremotos.
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“Maestra, lo perdí todo”, recuerda Karina que le dijo Derwimar.

La docente la abrazó e intentó consolarla. A petición de la abuela de Derwimar, acogió temporalmente en su casa a la niña y a sus dos hermanos. Permanecieron allí durante ocho días, junto con otras familias que también necesitaban un lugar seguro.

Karina Ramírez, maestra de Derwimar, llega a la comunidad de Mare Abajo.
UNICEF/UN0911794/Oraa Karina Ramírez, maestra de Derwimar, llega a la comunidad de Mare Abajo.

En medio de aquellos primeros días ocurrió el reencuentro con Panchito. El hijo de Karina lo encontró cerca de los apartamentos y lo llevó a casa. Derwimar lo reconoció en cuanto lo vio.

“¡Maestra, este es mi loro!”, dijo.

La familia también buscó a un conejo que no apareció. Panchito, en cambio, pudo volver con Derwimar. Desde entonces duerme resguardado en la carpa de su tía y acompaña a la niña durante el día.

 Derwimar vive con sus abuelos, a quienes llama mamá y papá. Comparte el campamento con sus hermanos y sus dos tías. Su antiguo apartamento está a pocos metros, pero no reúne condiciones para que la familia regrese.

UNICEF Venezuela Derwimar, de 9 años, bebe agua que su familia conserva en una nevera recuperada de su antiguo apartamento, en el campamento transitorio de Mare Abajo.
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Dentro de la carpa, el calor queda atrapado bajo la lona. La tierra se pega a la ropa y se cuela en el espacio donde duermen. “Antes no me ensuciaba como me ensucio ahora”, dice Derwimar. Fuera de las carpas, la familia conserva una nevera que pudo sacar de su apartamento. Allí guarda el agua para beber y evita que se caliente demasiado bajo el sol.

El agua que sostiene el día

Durante los primeros días en el campamento, la familia no tenía agua. Para bañarse, Derwimar y sus hermanos regresaban a casa de Karina.

“El primer día no había agua, el segundo tampoco”, recuerda.

Con la llegada del abastecimiento mediante camiones cisterna apareció una nueva rutina. Cuando llega el agua, el abuelo y uno de los hermanos de Derwimar llenan los tanques. Después completan los tobos y las jarras que la familia utiliza durante el día.

Derwimar, de 9 años, camina junto a su hermano mientras él transporta recipientes con agua por el campamento temporal donde vive su familia.
UNICEF/UN0911810/Oraa Derwimar, de 9 años, camina junto a su hermano mientras él transporta recipientes con agua por el campamento temporal donde vive su familia.

Esa reserva permite preparar la comida y mantener limpio el lugar donde viven. También hace posible que Derwimar se bañe después de jugar bajo el sol y se lave las manos antes de comer.

“El agua es importante para lavarme las manos, para bañarme, para beber agua y tener higiene”, explica.

Derwimar y Ana Milena corren para avisar a su familia de que llegó el camión cisterna. UNICEF apoya el acceso a agua segura junto a su socio, Acción contra el Hambre, las autoridades y la comunidad.
UNICEF/UN0911807/Oraa Derwimar y Ana Milena corren para avisar a su familia de que llegó el camión cisterna. UNICEF apoya el acceso a agua segura junto a su socio, Acción contra el Hambre, las autoridades y la comunidad.

En la comuna Gran Cacique Mare, UNICEF colabora junto con las autoridades y socios para promover el acceso a agua segura mediante camiones cisterna y la instalación y mantenimiento de puntos de almacenamiento. Asimismo, contribuye con la instalación de duchas y baños de emergencia, complementado estas acciones con la entrega de artículos esenciales de higiene y limpieza a las familias, así como con la promoción de prácticas y hábitos importantes para el mantenimiento de la higiene.

José Briceño, especialista en Agua, Saneamiento e Higiene de UNICEF, en el campamento transitorio de Mare Abajo.
UNICEF/UNI1012950/Oraa José Briceño, especialista en Agua, Saneamiento e Higiene de UNICEF, en el campamento transitorio de Mare Abajo.

En el momento de la visita, el apoyo alcanzaba a unas 7.000 personas de Mare Abajo y comunidades cercanas.

“Tenemos una distribución diaria de 80.000 litros de agua segura en la comuna Gran Cacique Mare”, explica José Briceño, especialista en Agua, Saneamiento e Higiene de UNICEF. El agua se reparte entre el campamento y las siete comunidades que forman parte de la comuna.

Mientras que el abastecimiento inmediato permite cubrir las necesidades urgentes de consumo y de uso doméstico, Briceño añade que UNICEF continúa trabajando junto a las autoridades y socios para ampliar la respuesta. El objetivo es transitar hacia servicios más sostenibles mediante la rehabilitación y el fortalecimiento de plantas desalinizadoras, así como la mejora de la infraestructura de Agua, Saneamiento e Higiene en escuelas y establecimientos de salud, los cuales constituyen entornos fundamentales para el desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes. 

Una escuela mientras vuelve la escuela

El terremoto también dejó fuera de uso la donde estudiaba Derwimar. Ella había terminado cuarto grado y se preparaba para comenzar quinto. Recuerda con especial orgullo las exposiciones frente a la clase.

“Lo que más me gusta de la escuela es cuando la profesora nos pone exposiciones y yo saco 20”, cuenta.

También habla de las divisiones y de los dictados largos. Asegura que le gusta estudiar, aunque algunos trabajos le parecen demasiados. Cuando sea mayor quiere ser veterinaria. Basta verla pendiente de Panchito para entender de dónde nace ese deseo.

Karina sabía que sus estudiantes necesitaban volver a encontrarse. Junto con otras docentes organizó una escuelita transitoria en su calle para atender a niñas y niños afectados por los terremotos. Derwimar, sin embargo, todavía no ha retomado las clases.

Una docente imparte una clase en una escuela temporal instalada en medio de una calle.
UNICEF/UNI1012948/Oraa Una docente imparte una clase en una escuela temporal instalada en medio de una calle.

Las lecciones parten a veces de situaciones cotidianas. Para practicar matemáticas, Karina les propone repartir galletas entre varios compañeros. En un contexto marcado por la incertidumbre, volver a resolver un ejercicio o escuchar una explicación ayuda a ordenar el día.

Karina Ramírez, maestra de Derwimar, en su casa en Mare Abajo.
UNICEF/UNI1012949/Oraa Karina Ramírez, maestra de Derwimar, en su casa en Mare Abajo.

“De eso se trata, de que todos los niños vivan su niñez”, dice la maestra.

El regreso estable a clases continúa pendiente. Harán falta espacios seguros y docentes que puedan acompañar a sus estudiantes. También será necesario asegurar agua en las escuelas. Los baños y los lugares para lavarse las manos deberán ofrecer condiciones adecuadas. La recuperación educativa depende de que las escuelas vuelvan a ser entornos saludables.

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Para Derwimar, la escuela conserva un vínculo muy concreto con la vida anterior al terremoto. Allí estaban sus cuadernos y las exposiciones que tanto disfrutaba. Por ahora permanece fuera de las aulas, a la espera de poder continuar quinto grado.

Al final del día, Derwimar vuelve a ocuparse de Panchito. Antes de que oscurezca lo lleva a la carpa de su tía, donde quedará protegido durante la noche.

“Me da muchas ganas de volver a mi casa, de volver a la escuela”, dice.

Su casa sigue inhabitable y el regreso regular a clases aún debe resolverse. Panchito ya volvió a su brazo. Cada noche, Derwimar lo pone a salvo. Cada mañana vuelve a buscarlo.