La salud sale al encuentro de los niños, niñas y embarazadas en Santa Lucía
Con apoyo de UNICEF, equipos del sistema público de salud acercan controles médicos, atención nutricional y vacunación a niñas y niños menores de cinco años y a mujeres embarazadas y en periodo de lactancia en comunidades del estado Miranda, Venezuela.
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SANTA LUCÍA DEL TUY, Venezuela — Unas dos horas de carretera separan la casa de Moisés Sanabria de su lugar de trabajo. Después comienza otro recorrido. A las ocho de la mañana, este promotor de los Equipos Básicos de Salud Móviles sale con médicos y vacunadoras hacia las comunidades. Regresa a las dos o tres de la tarde, después de buscar a familias que necesitan atención y orientarlas hacia los servicios disponibles.
En sus visitas, Moisés encuentra niñas y niños con bajo peso, mujeres embarazadas que aún no han accedido a los controles prenatales necesarios y familias para las que pagar un traslado o conseguir un medicamento resulta difícil. A estas barreras se suman la disponibilidad limitada de profesionales de salud y de equipamiento, así como la falta de información sobre dónde recibir atención.
Moisés explica a madres, padres y cuidadores la importancia de los controles periódicos y les indica dónde pueden acudir. Organizar la jornada también exige reunir al personal y los equipos necesarios: durante el trayecto a Santa Lucía, el vehículo se detiene para recoger a la especialista en obstetricia y el equipo de ecosonografía que utilizará en las consultas.
En Santa Lucía del Tuy, la jornada lleva atención a una comunidad que carecía de servicios de salud. Con el apoyo de UNICEF y tras coordinarse previamente, doce profesionales de organizaciones locales y centros de salud cercanos, entre ellos especialistas en pediatría, ginecobstetricia y nutrición, se desplazan hasta la comunidad como parte de un Equipo Básico de Salud.
Para atender a las familias, utilizan un establecimiento de salud que se encontraba en desuso, donde durante la jornada ofrecen distintos servicios en una misma visita.
Para Francisca Guilarte, licenciada en Enfermería y responsable de organizar la jornada, el trabajo empieza al menos 15 días antes de que llegue la primera familia.
La planificación comienza con una reunión entre autoridades, líderes comunitarios y responsables de los distintos servicios de salud. Se priorizan las comunidades en situación de mayor vulnerabilidad, especialmente aquellas con dificultades para acceder a servicios esenciales de salud y nutrición. Francisca convoca al personal, verifica la disponibilidad de medicamentos, vacunas, insumos de nutrición y equipamiento básico para la atención maternoinfantil, y coordina el transporte. Después de las consultas, da seguimiento a los casos y coordina la atención de quienes necesitan acudir a otras especialidades.
Recibir atención sin seguir esperando
Elys Rodríguez llega desde Santa Rita, cansada y con falta de aire después del trayecto en transporte y a pie. Tiene 31 años y diez semanas de embarazo. Una doctora le habló de la jornada y de la posibilidad de hacerse un control previo de embarazo. Elys decidió acudir.
Primero recibe atención por la dificultad para respirar. Durante la consulta prenatal le hacen la ecografía y le informan de que su bebé está bien. En nutrición la pesan, la miden y evalúan la circunferencia de su brazo. Detectan que tiene bajo peso y le proporcionan micronutrientes, registro para proveer de un suplemento nutricional y orientación para cuidar su alimentación. El equipo también coordina una evaluación con neumonología y otros exámenes paraclínicos.
Las náuseas le dificultan comer algunos alimentos. En casa cuida de sus dos hijas, de once años y dieciocho meses, mientras su pareja busca trabajo para sostener a la familia. Ante un embarazo que no esperaba, Elys también hace cuentas. Sin esta jornada, explica, tendría que esperar a que su pareja reuniera el dinero para pagar la ecografía y comprar los suplementos.
“Tendría que esperar para que él cobrara, para poder comprar los medicamentos”, cuenta.
Valora que alguien del personal de salud la acompañe entre las consultas y se interese por cómo está. “Si uno no sabe el lugar donde queda, dónde está la nutrición, te llevan, te preguntan cómo te sientes”. Al hablar de su embarazo, expresa lo que más desea: “Lo único que le pido a Dios es que mi hijo salga sanito”.
Entender qué ocurre entre consultas
Anderbis Acosta, madre de seis hijos, llega con dos de sus hijas tras ser contactada por Moisés, el promotor de salud de la comunidad, quien la orientó para acudir a la jornada. La menor tiene nueve meses. Nació prematura, a los siete meses de gestación, con un peso de un kilo y seiscientos gramos. Desde entonces, su madre busca ayuda para que gane peso. La lleva al pediatra, le da el tratamiento indicado y sigue pendiente de cada cambio.
“Yo trato de darle todas sus cosas”, dice. “No sé por qué en realidad ella no sube de peso”.
Según la evaluación que describe Francisca, la bebé presenta desnutrición aguda severa. El equipo le entrega alimento terapéutico e indica seguimiento domiciliario. Su recuperación todavía requiere tratamiento y acompañamiento.
En casa, el cuidado de la niña se entrelaza con las necesidades de toda la familia. La pareja de Anderbis sale a las cuatro de la mañana a trabajar en Caracas. Ella atiende a sus hijos, prepara la comida y se ocupa de la casa. También sabe hacer tortas y las vendía hasta que el horno se dañó. Quiere volver a prepararlas para aportar a los ingresos del hogar.
Durante la consulta aparece una dificultad concreta con el tratamiento. Según cuenta Anderbis, venía desechando lo que su hija no terminaba de cada sobre de alimento terapéutico porque esa era la indicación que había recibido en una consulta anterior. Ahora la doctora le explica cómo manejar el producto una vez abierto y volver a ofrecérselo a la niña.
“No me habían explicado eso en la cita anterior”, dice Anderbis.
Escucharla permite conocer cómo está usando el tratamiento y aclarar sus dudas. Para dar continuidad a la atención hace falta saber qué ocurre al volver a casa, cómo se alimenta la niña y qué dificultades encuentra su madre. La próxima evaluación permitirá revisar su evolución; en esta jornada, la preocupación de Anderbis sigue siendo que su hija gane peso.
Francisca reconoce que el seguimiento también encuentra obstáculos fuera de la consulta. Algunas familias necesitan servicios especializados que no están disponibles en la jornada y apoyo social para afrontar sus dificultades económicas. Coordinar esa atención es parte del trabajo que queda por hacer.
Llegar a las comunidades y mantener el cuidado
UNICEF apoya al Ministerio del Poder Popular para la Salud con formación de personal, dotación de equipos e insumos, sistematización de la información y apoyo logístico y de transporte para acercar los servicios a las comunidades. La atención incluye la prevención y detección de la malnutrición, los cuidados nutricionales durante el embarazo y la lactancia, así como el tratamiento de niñas y niños que lo necesitan.
Zulay González, oficial de Nutrición de UNICEF Venezuela, explica que este trabajo busca que las familias tengan “servicios más cercanos, servicios que sean de calidad y que sean oportunos”. La confianza también cuenta para que vuelvan a consultar y puedan plantear sus dudas.
Tras los terremotos, ese apoyo adquiere una importancia adicional. Según Zulay, los daños en infraestructura y el desplazamiento de familias en el estado Miranda dificultan el acceso a algunos servicios y aumentan la demanda en otras comunidades. Moisés cuenta que a la zona han llegado familias de La Guaira que perdieron sus hogares y se alojan en casas de otras familias. Sus necesidades se suman a las que él ya encuentra en sus recorridos.
Moisés conoce de cerca lo que significa necesitar atención y no contar con recursos. Su madre lo crió sola y murió hace cuatro años. Al recordarla, habla de la impotencia de verla enferma sin poder ayudarla como hubiera querido.
En las familias que visita reconoce dificultades que también vivió. “Yo pasé por muchas necesidades anteriormente con mi mamá”, cuenta.
También hace cuatro años, la llamada de un amigo lo animó a formarse como promotor comunitario de salud. Aprendió a reconocer y acompañar casos de malnutrición. Tuvo que interrumpir sus estudios de Enfermería por falta de recursos; ahora comienza Medicina. Entre las clases y las visitas a las comunidades, trabaja para cumplir una meta propia: “Mi sueño es graduarme y tener mi título como médico”.
Al final de cada jornada, los Equipos Básicos de Salud regresan con la satisfacción de haber brindado atención y acompañamiento a quienes más lo necesitan. Para las familias puede significar una consulta recibida a tiempo, una duda respondida, un tratamiento iniciado o la tranquilidad de saber que no están solos. En Santa Lucía del Tuy, cada visita comunitaria y cada encuentro con una madre, un niño o una mujer embarazada representa una oportunidad para proteger la salud y el bienestar de las familias.
Con el apoyo de UNICEF y el compromiso de los Equipos Básicos de Salud, más personas pueden hoy acceder a servicios oportunos, cercanos y de calidad. Garantizar que cada niño, niña y adolescente crezcan sanos no depende únicamente de una consulta médica, sino de una red de personas que escucha, acompaña y actúa para que nadie se quede atrás.