La camisa azul: el sueño de Naibelis después del terremoto en Venezuela

El terremoto dañó su hogar y afectó la escuela donde esperaba comenzar secundaria. Mientras vive con su familia en un campamento transitorio de La Guaira, Naibelis, de 12 años, mantiene claro su próximo objetivo: seguir estudiando.

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Manuel Moreno González
10 Septiembre 2026

El sueño de la camisa azul

LA GUAIRA, VENEZUELA — El cepillo pasa una y otra vez por el cabello de su hermana, Franyelis. Naibelis, de 12 años, separa un mechón, lo recoge y ajusta un lazo.

“Juego con mi hermana, que ella es mi mejor amiga. Yo la quiero demasiado, me encanta ayudarla, peinarla”, cuenta sobre Franyelis, de nueve años.

Ahora lo hace en el campamento transitorio instalado en el estadio de béisbol César Nieves, donde vive con su familia desde el terremoto del 24 de junio. Mientras peina a su hermana, Naibelis piensa también en la escuela y en una camisa azul que todavía no sabe cuándo podrá estrenar.

“Sueño tener mi camisa azul”, escribió durante una actividad del espacio amigable para la infancia apoyado por UNICEF. En la carta puso por escrito varios de los sueños que espera cumplir.

En Venezuela, el uniforme cambia de blanco a azul cuando las y los estudiantes dejan la primaria y comienzan la secundaria. Para Naibelis, esa camisa representa un logro escolar alcanzado con su propio esfuerzo.

Naibelis, 12, años, sostiene una carta con sus deseos para el futuro.
UNICEF/UN0921227/Oraa Naibelis, 12, años, sostiene una carta con sus deseos para el futuro.

Naibelis terminó sexto grado poco antes del terremoto. No tuvo el acto de graduación que su familia esperaba, pero sí participó en un compartir y en el tradicional rayado de camisas entre compañeros. La persona que preparaba los títulos, las medallas y otros materiales para la ceremonia perdió su vivienda y lo que ya había organizado.

“La quería ver graduarse y no la pude ver. No pudo recibir ni la medalla ni el título”, recuerda su madre, Nayibi.

Vista panorámica del campamento transitorio del estadio de béisbol César Nieves, donde se alojan familias desplazadas por los terremotos de junio.
UNICEF/UN0921232/Oraa Vista panorámica del campamento transitorio del estadio de béisbol César Nieves, donde se alojan familias desplazadas por los terremotos de junio.

La incertidumbre continuó después. Naibelis esperaba comenzar su primer año en el colegio donde había estudiado su hermana mayor, pero el edificio quedó afectado por el terremoto. “Iba a estudiar en el liceo, pero el edificio se cayó y no sé si puedo estudiar ahí. Vamos a ver dónde mi mamá me mete para estudiar”, explica.

Cuando la tierra cambió su rutina

Cuando la tierra comenzó a moverse, Naibelis estaba en casa de su abuela con una amiga y sus hermanas. Esperaban que se cargara un teléfono para ver una película. Su hermana mayor le mostró una alerta y, en ese momento, comenzó el temblor.

“Empecé a gritar. Estaba asustada”, recuerda.

Su tía las ayudó a salir hasta la escalera. “Me dio miedo porque pensaba que la casa se nos iba a caer encima”.

El piso y varias paredes quedaron agrietados; en el baño, un bloque cayó y rompió el lavamanos. Después, la familia pasó algunos días en una pequeña casa de su tía y dormía afuera, sobre colchones. Unos cuatro o cinco días después del terremoto, se trasladó al estadio de béisbol César Nieves. 

En el estadio, habilitado como campamento transitorio, Naibelis vive con su madre, sus dos hermanas y otros familiares. Ella duerme con su madre y su hermana menor en un colchón sobre el suelo de una carpa.

Afuera, la familia instaló una cocinita sobre una base construida con tablas. “Arriba nos toca poner la cocinita; abajo ponemos las cosas de la comida”, describe. Su madre, su tía y ella se turnan para cocinar.

Antes, sus mañanas comenzaban a las cinco. Se peinaba, arreglaba a Franyelis, buscaba los uniformes y se preparaba para ir a clases. En la carpa, cuenta que se levanta hacia las seis o siete y ayuda a su madre con las tareas del hogar.

Lo que más extraña no cabe en un horario: “Ahí yo me la pasaba con mis compañeros, hablaba con ellos. Ahorita no están acá para hablar con ellos”.

Ana Montes de Oca (izquierda), oficial de Educación de UNICEF Venezuela, conversa con una representante de Fundainil, socio local de UNICEF, frente a un espacio amigable apoyado por la UNICEF.
UNICEF/UN0921212/Oraa Ana Montesdeoca (izquierda), oficial de Educación de UNICEF Venezuela, conversa con una representante de Fundainil, socio local de UNICEF, frente a un espacio amigable apoyado por la UNICEF.

El terremoto ocurrió durante las últimas semanas del año escolar y las clases fueron suspendidas debido a su magnitud. La Guaira es el estado con mayor afectación en infraestructura educativa, explica Ana Montesdeoca, oficial de Educación de UNICEF Venezuela. Algunas niñas, niños y adolescentes podrían no regresar de inmediato a sus escuelas porque los edificios se perdieron o quedaron debilitados.

Un lugar para seguir aprendiendo

Mientras espera saber si su colegio podrá reabrir o si deberá matricularse en otro, Naibelis encuentra en el campamento un lugar donde aprender, jugar y compartir: el espacio amigable para la infancia apoyado por UNICEF. Allí pinta, practica voleibol, recibe orientación y participa en actividades educativas junto a otros niños y adolescentes.

Pero no se limita a participar. También colabora con las recreadoras y acompaña a los más pequeños. “Ayudo aquí a los niños a aprender cosas nuevas, ayudarlos a pintar”, cuenta.

Naibelis, de 12 años (centro), participa junto a niños más pequeños en una actividad de dibujo en un espacio amigable apoyado por UNICEF.
UNICEF/UN0921210/Oraa Naibelis, de 12 años (centro), participa junto a niños más pequeños en una actividad de dibujo en un espacio amigable apoyado por UNICEF.

Naibelis habla de ser doctora —un sueño que relaciona con el trabajo de su abuela en el área de la salud— y de aprender manicura, como su madre. En el espacio amigable sumó otra posibilidad: convertirse en recreadora. “Me gustaría ser recreadora, me encanta porque ayudo a los niños acá”, dice.

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UNICEF Venezuela

En situaciones de emergencia, UNICEF ayuda a que niñas y niños sigan aprendiendo mediante la entrega de materiales, la formación docente, las actividades semiestructuradas y, cuando las escuelas quedan destruidas, la instalación de centros temporales de aprendizaje. También apoya a las autoridades nacionales y locales en la preparación del regreso a clases. En Venezuela, el apoyo financiero del Gobierno de la República de Corea contribuye a estos esfuerzos, facilitando el acceso de niñas y niños a entornos de aprendizaje seguros y protectores y apoyando su recuperación psicosocial y su bienestar.

Lápices de colores para actividades educativas y recreativas en un espacio amigable apoyado por UNICEF.
UNICEF/UN0921218/Oraa Lápices de colores para actividades educativas y recreativas en un espacio amigable apoyado por UNICEF.

“La escuela, más allá de la infraestructura, es ese diálogo con tu maestra, con tu maestro”, señala Montesdeoca. “La educación salva vidas, pero también nos transforma”.

Nayibi conoce el impacto que puede tener una interrupción prolongada. Terminó el bachillerato después de convertirse en madre y recuerda las dificultades educativas que sus hijas atravesaron durante la pandemia. “Sí, tengo miedo de que ella no estudie”, admite. Al mismo tiempo, imagina la primera mañana de liceo de Naibelis: “Me da ilusión que llegue ese día y que ella vaya al liceo”.

Una escuela dañada por los terremotos de junio en La Guaira en proceso de reconstrucción.
UNICEF/UN0921213/Oraa Una escuela dañada por los terremotos de junio en La Guaira en proceso de reconstrucción.

Naibelis todavía no sabe dónde comenzará las clases, pero habla de ese futuro con seguridad. “Sé que voy a estudiar en un liceo que me encante, conocer muchos compañeros y aprender muchas cosas que me gusten”, afirma. Para ella, estudiar es lo que permite “seguir adelante y continuar tus metas”.

Naibelis, de 12 años, lee una carta sobre sus deseos para el futuro en un espacio amigable apoyado por UNICEF en el campamento transitorio.
UNICEF/UN0921224/Oraa Naibelis, de 12 años, lee una carta sobre sus deseos para el futuro en un espacio amigable apoyado por UNICEF en el campamento transitorio.

Por ahora, la camisa azul aparece como un deseo en la carta. Al leerla, Naibelis vuelve a su frase inicial y añade dos deseos: aprender cosas nuevas y ayudar a sus profesores. El liceo donde comenzará las clases sigue sin confirmarse. Su determinación de continuar aprendiendo, no.