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Llegan los 2 años: cada vez más niño y menos bebé

Los gestos para comunicarse comienzan a disminuir y aumenta el lenguaje oral; llega el momento de las famosas rabietas porque su carácter comienza a afianzarse y aparece la búsqueda de la transgresión de límites.

UNICEF Uruguay
Padre y niño juegan con un estetoscopio conun oso de peluche
UNICEF/UN0202869/UNICEF Serbia
29 Junio 2023​

Llegan los 2 años y cada vez hacen más cosas de niños y niñas y menos de bebés. Ya reconocen necesidades básicas y pueden comunicarlas, como si tienen hambre o frío. Los gestos todavía son comunes a la hora de comunicarse, pero empieza a aumentar la oralidad. Ya pueden juntar dos palabras, utilizar algunos verbos y reconocen qué es arriba y abajo, adentro y afuera, grande y chico, vos y yo.

Las rabietas empiezan a ser más comunes. Es esperable: su carácter se está afianzando y buscarán transgredir los límites que les pongan.

Ya disfrutan de estar con otros niños, pero es difícil que compartan. De hecho, buscarán marcar qué es lo que les pertenece con el clásico: “Es mío”. En esos casos, se los deben alentar a prestar sus juguetes y compartir.

De a pocos, su lenguaje comienza a parecerse al de los adultos. Ya pueden nombrar personas de su entorno y las cosas que más les gustan. Se les debe dar tiempo para que terminen lo que quieren decir y repetirles las palabras por su nombre correcto: es comida, no papa y sueño, no nono.

Los 2 años son una buena edad para que puedan relatar lo que hicieron en el día, aunque lo hagan a través de gestos y algunas palabras sueltas.

Puede que disfruten de jugar a las escondidas porque son capaces de comprender que aunque no vean un objeto o una persona a su lado, están en algún lado. También se interesan por colaborar con las tareas de la casa o con las propias, como vestirse. De hecho, les gusta jugar con objetos de la casa y hacerlas pasar por otras cosas. Por ejemplo, una caja pasa a ser una casa o una escoba, un caballo.

Se pueden jugar en familia a representar vivencias cotidianas como cocinar, ser mamá o papá, hermano, abuela o doctor. Es una forma de aprender a ponerse en el lugar del otro.

A esa edad niños y niños suelen buscar su independencia, pero no se acostumbran a la separación, por lo que es esperable que lloren cuando quien los está cuidando se va. Lo ideal es, al despedirse, hacerlo de manera sencilla y explicarles que regresarán.

Padre y madre juegan con su hijo de dos años.
UNICEF/UN0419712/Mahari

¿Qué tener en cuenta para acompañarlos?

  • Jugar a representar vivencias cotidianas, como cocinar, ser mamá, papá, hermana o doctor, les ayuda a aprender a ponerse en el lugar del otro.
  • Al salir es bueno despedirse de manera sencilla y tomarse un tiempo para explicarles que se va a regresar.
  • Establecer acuerdos y comunicar las reglas y límites de forma clara y concreta, sin enojarse y reforzando lo que los niños hacen bien.
  • Darles tiempo para que terminen lo que quieren decir y repetirles las palabras de forma correcta les permitirá aprender a expresarse mejor. Por ejemplo, comida en vez de papa o dormir en vez de nono.
  • En los momentos de enojo, distraerlos con otra cosa para sacarlo de ese momento ayuda a que no lleguen a desbordarse.