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Miedos en la primera infancia: qué hacer cuando aparecen

Comprensión, protección y respeto son claves para ayudar a los pequeños a manejarlos

UNICEF Uruguay
Bebé con su madre
UNICEF/UN0667938/Maizhara
04 Junio 2024​

La aparición de miedos es parte de lo que las personas sienten y forma parte de un “sistema de alarma” del organismo, que avisa cuando se presenta una sensación de peligro. Hay bebés que sienten más miedos que otros frente a nuevos estímulos que prefieren mirar de lejos antes de familiarizarse. Otros van hacia la novedad, atraídos por lo desconocido. 

Lo que da miedo a un bebé no es lo mismo que le causa miedo a un niño o una niña. Los miedos cambian con la edad. Mientras de bebé asustan sonidos fuertes o movimientos nuevos, con el paso de los años asustarán la oscuridad, una persona desconocida o el estar solo.

Nota recomendada: La agresividad en niños de 3 a 5 años y cómo controlarla 

Lo primero que necesitan cuando están asustados es comprensión, protección y respeto. Un abrazo y palabras tranquilizadoras les irán permitiendo recobrarse de lo que los asustó. Una vez calmados, se podrá, con mucha delicadeza, demostrarles que no hay peligro en lo que los asustó. Si, de a poco, logran enfrentar ese miedo y calmarse rápido podrán adquirir, de forma paulatina, la capacidad de librarse de ese temor. 

No los ayuda evitar el contacto con lo que los asusta, siempre y cuando no se trate de un peligro real. Sí los ayudará poder superar el miedo, de a poco y con paciencia de parte de los adultos. Por eso, no hay que enojarse o ponerles la etiqueta de “miedoso” o “cobarde”. 

 

Pesadillas  

Puede ocurrir que el miedo invada los sueños y los transforme en pesadillas o terrores nocturnos. La diferencia se encuentra en que, mientras las pesadillas los pueden hacer despertar, en los terrores nocturnos el pequeño se incorpora gritando, aparentemente asustado, sin despertarse, aunque tenga los ojos abiertos, luego se calma y sigue durmiendo, sin recordar nada al otro día. 

En cualquiera de los dos casos, la presencia serena y las palabras tranquilizadoras les devolverán la calma. Ayudarlos a encontrar sosiego con recursos que ellos mismos puedan poner en práctica es muy bueno. Cuando enfrentan alguna dificultad, lo que más conviene es ofrecerle soluciones que los ayuden a ganar autonomía. Por ejemplo, escuchar música, tener a mano un objeto que le dé tranquilidad o que se cante a sí mismo una canción.