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¿Es buena idea prohibir las redes sociales a niños y adolescentes?

Un acercamiento a los pros, contras y alternativas a la restricción

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En todo el mundo, familias, gobiernos y educadores debaten qué edad es ‘demasiado joven’ para usar las redes sociales. En algunos países, como Australia, ya se han introducido restricciones a su acceso relacionadas con la edad en todas las plataformas.

La preocupación por la seguridad y bienestar de los niños, niñas y adolescentes es legítima y entendible: los riesgos a los que se enfrentan incluyen acoso, explotación, exposición a contenidos nocivos y efectos negativos sobre la salud mental y el bienestar.

Pero, ¿realmente funciona y tiene sentido prohibir o limitar el acceso a las redes sociales?

Lo cierto es que las restricciones de edad por sí solas no garantizan la seguridad de la infancia y la adolescencia en Internet.

¿Por qué?
 

Porque las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de niños, niñas y adolescentes. Son espacios donde aprenden, se informan, se vinculan con otras personas, juegan y se expresan.

Además, las prohibiciones por sí solas no garantizan una mayor protección. Muchos niños, niñas y adolescentes seguirán accediendo a las redes sociales a través de otras vías, como dispositivos compartidos o plataformas menos reguladas, lo que puede exponerlos a mayores riesgos.

Por eso, las restricciones de edad deben ser parte de una estrategia más amplia que promueva entornos digitales más seguros, proteja los derechos de niños, niñas y adolescentes, y los acompañe para que puedan participar del mundo digital de forma segura.

¿Cómo?

Los gobiernos, organismos reguladores y empresas tecnológicas deben trabajar junto a las familias, las comunidades y los niños, niñas y adolescentes para crear entornos digitales seguros, inclusivos y respetuosos de sus derechos.

Papá e hijo usando el computador
niña usando su celualr con expresión triste

Las alternativas

  1. Los gobiernos deben garantizar que las leyes y normativas relacionadas con la edad no sustituyan las obligaciones de las empresas de invertir en un diseño de plataformas más seguro, así como en una moderación eficaz de los contenidos, y deben exigir a las empresas que asuman su responsabilidad. Los reguladores deben contar con medidas sistémicas para prevenir y mitigar de manera eficaz los daños que sufren los niños y niñas en Internet.
     
  2. Las empresas de redes sociales y tecnología deben rediseñar sus productos centrándose en la seguridad y el bienestar de los niños y niñas, invertir en un diseño de plataformas más seguro y en una moderación eficaz, y desarrollar herramientas de verificación de la edad que respeten los derechos y experiencias diferenciadas que ofrezcan a los usuarios más jóvenes entornos más seguros y adecuados para su desarrollo.
     
  3. La sociedad civil y los aliados deben escuchar las voces y las experiencias vividas por los niños y niñas para el diseño de las plataformas y sus mecanismos de seguridad. Jóvenes, padres, madres y personas que cuidan deben participar en estos debates sobre los límites de edad en las redes sociales. Es esencial escuchar directamente a las personas cuyo bienestar, seguridad y derechos se ven impactados por estas medidas cada día, y tener en cuenta sus recomendaciones.
     
  4. Las madres, padres y cuidadores deben recibir apoyo para mejorar sus conocimientos digitales, ya que desempeñan un papel crucial, pero actualmente se les pide que hagan lo imposible para proteger a sus hijos e hijas en Internet: supervisar plataformas que no han diseñado, controlar algoritmos que no pueden ver y gestionar docenas de aplicaciones las 24 horas del día. Además, hay que promover un diálogo con los y las jóvenes sobre sus propios hábitos de consumo digitales, sus preferencias y sus necesidades.

¿Y mientras? ¿Qué pueden hacer las madres, padres y personas que cuidan hasta entonces?

Construir entornos digitales más seguros requiere cambios por parte de gobiernos y empresas tecnológicas. Pero mientras eso sucede, las familias tienen un rol fundamental. Acompañar, conversar y generar acuerdos sobre el uso de la tecnología puede ayudar a que niños, niñas y adolescentes naveguen el mundo digital de forma más segura.

Acordión

Revisá y configurá las herramientas de control parental y los filtros de búsqueda segura disponibles en los dispositivos y plataformas que utilizan niños, niñas y adolescentes. También es recomendable ajustar las opciones de privacidad en redes sociales y videojuegos para limitar el acceso a información personal y reducir posibles riesgos.

Promové el respeto y el buen trato también en los entornos digitales. Conversá con niños, niñas y adolescentes sobre la importancia de relacionarse con otras personas de forma amable y respetuosa, evitando compartir rumores, burlas, mensajes o imágenes que puedan lastimar a otros.

Generá acuerdos familiares sobre el uso de pantallas y dispositivos. Aprovechá esas conversaciones para hablar sobre privacidad, seguridad y bienestar digital. Es importante que niños, niñas y adolescentes sepan que pueden recurrir a una persona adulta de confianza si enfrentan situaciones como ciberacoso, grooming, difusión no consentida de imágenes o cualquier otra experiencia que los haga sentir incómodos o inseguros en internet.

Ayudá a construir un vínculo de confianza para que niños, niñas y adolescentes se sientan cómodos al hablar sobre lo que les pasa en internet y sepan que serán escuchados y acompañados sin miedo a ser juzgados o culpabilizados.