La frustración y el control de las emociones en la primera infancia
Es importante que los niños y las niñas desarrollen la noción de que algo no es fácil de alcanzar y requiere esfuerzo, así como mecanismos de autocontrol.
Niños y niñas comienzan a lidiar con la frustración desde que son muy pequeños. Ya sea por no poder realizar una determinada actividad, porque un juguete es más difícil de usar o porque no pueden comer eso que tanto quieren en el momento en que tienen ganas, sentirse frustrados puede ser algo tan cotidiano como para los adultos. El encuentro con la frustración es crucial en el desarrollo saludable de las personas y es importante que padres, madres y cuidadores colaboren en el trabajo de tener una mayor tolerancia a la frustración.
Por momentos el mundo real nos resulta frustrante y la tarea de cuidar no se trata de impedir que el niño o niña lo experimente, sino que se encuentre con ella de forma saludable y pueda aprender a manejarla. Eso significa que el niño o niña atraviese el desafío y la frustración de no poder hacer algo de una manera fácil, que se encuentre con la necesidad de intentar repetidamente y tenga que esforzarse para lograrlo.
No se trata solo de favorecer el esfuerzo para desarrollar una destreza, sino también para desarrollar la noción de que esforzarse por algo que no es tan fácil. Si no se tiene esa experiencia y cada vez que un niño o niña quiere hacer algo que no puede un adulto lo hace por él o ella, ¿cómo aprende a manejar la frustración? Es algo muy importante de aprender.
La gestión de las emociones en la primera infancia
Las emociones de niños y niñas pequeños suelen ser muy fuertes y difíciles de controlar. Los adultos pueden ser parte de este proceso de varias maneras. En primer lugar, colaborando en la mejora del lenguaje, que favorece el desarrollo del autocontrol. A su vez, siendo buenos ejemplos de autocontrol y hablando de las propias emociones. Una simple oración como “Me hace enojar mucho que ensucies donde acabo de limpiar”, sirve mucho, pudiendo hablar acerca del enojo y no actuándolo de forma impulsiva, se le ofrece al niño o niña la posibilidad de usar la palabra como medio para expresar lo que siente.
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Como parte de la gestión de las emociones, una parte clave es el autocontrol. En niños y niñas es la capacidad de resistir puede manifestarse en controlar las ganas o el impulso de hacer algo que no deben. Es decir, es la habilidad para decir “no” a algo que puede gustarles o sentirse empujados a hacerlo pero que le traerá malas consecuencias. Para eso, existen algunas estrategias que se pueden poner en práctica:
- Aprender el arte de las autoinstrucciones. Muchos niños utilizan, natural e instintivamente, el recurso de hablar consigo mismos. En momentos difíciles, se los puede ayudar diciéndoles frases como: “Calma, Fulanito, no te enojes” o “Respirá hondo y no le pegues”.
- Alejarse de lo que puede serles tentador. Es otro buen recurso que se les puede enseñar para que logren controlar un impulso. Hay que hacerles notar esa posibilidad. La tentación puede ser algo que no debe ser tocado o golpear a una alguien que los provoca, retirarse de la escena por un momento permite demorar el impulso para no actuar de forma poco reflexiva.
- Si los adultos que rodean al niño o niña saben controlarse a sí mismos, serán buenos modelos que le enseñarán también a controlarse. La idea no es que consideren a sus padres robots perfectos. Está bien que vean que se alejan, que se entristecen, que se alegran; pero lo formativo es que se den cuenta de que no los dominan las emociones negativas. Si los adultos se enojan mucho, pueden decirlo y alejarse hasta que se les pase y puedan actuar de forma reflexiva, y no guiados por impulsos. Esta actitud debe ser la misma con ellos y con otras personas, dentro y fuera de casa.