Participá por un Hyundai HB20 1.0 Comfort 0 km.
Click to close the emergency alert banner.

Las primeras palabras: cómo enseñar a hablar a un bebé

El lenguaje será el puente de niños y niñas hacia el mundo; la estimulación de su entorno es parte clave en el proceso de hablar.

UNICEF Uruguay
Padre, jugando con las manos de su hija, sentada en su falda, enfrentada hacia él.
UNICEF/UN0202878/UNICEF Serbia
18 Mayo 2023​

Desde el momento en el que nace, el ser humano comunica. En sus primeros meses, el llanto será una de sus principales vías de comunicación: desde hambre o incomodidad a enojo, tristeza, frustración o rabia cuando —con el paso de los meses— sus emociones comienzan a aflorar. Lo mismo comienza a suceder, entre los dos y tres meses, con la sonrisa.

Conforme pasa el tiempo, el bebé comienza a vocalizar. Estas vocalizaciones lo vincularán con el mundo y lo embeberán en el lenguaje que próximamente también expresará. Por eso, es importante la estimulación. El tono de voz de su entorno, la intensidad y hasta la cadencia comienzan a adquirir un sentido para ese bebé que cada vez escucha con mayor atención.

Embedded video follows
UNICEF/HQ/2019

Cerca de sus 12 meses es mucho más lo que entiende que lo que expresa. Por eso, hablarle es fundamental. Al escuchar, está aprendiendo a hablar. Aprende palabras, reglas sobre la comunicación y hasta a interpretar el mundo y la relación con las personas.

¡A tener en cuenta! Es fundamental comentarle al pediatra si notamos que nuestro hijo o hija no oye, no entiende o no habla lo que hablan los niños de su edad.

En su segundo año de vida, el lenguaje ya aparece claramente. Hay quienes ya dicen palabras muy parecidas o idénticas a las del mundo adulto. Otros comprenden, pero se comunican más que nada por gestos. Ya no son palabras sueltas, sino que empiezan a aparecer frases cortas, al punto de que en poco tiempo el niño o niña tendrá la capacidad de nombrarse a sí mismo.

Cumplidos los dos años, se nombra y sabe distinguir si es niño o niña. Ya empieza a hablar no solo por la maduración propia de su edad, sino por la estimulación que recibió de su entorno.