Regresión infantil: causas y cómo acompañar a niños y niñas
Puede generar preocupación en madres, padres y cuidadores, pero la regresión infantil es común y suele ser pasajera.
¿Notaste que tu hijo o hija volvió a pedir pañales después de haber aprendido a ir al baño? ¿O que empezó a despertarse de noche cuando ya dormía solo?
Aunque pueda generar preocupación, estas situaciones son frecuentes en el desarrollo infantil y tienen un nombre: regresión infantil.
¿Qué es la regresión y por qué ocurre?
La regresión es un retroceso temporal en conductas que el niño o la niña ya había incorporado.
El desarrollo no es una línea recta. A medida que crecen, exploran y conquistan nuevas capacidades, también enfrentan desafíos que pueden generar inseguridad o estrés.
Por ejemplo, aprender a caminar implica autonomía, pero también caídas. Empezar el jardín abre un mundo nuevo, pero supone separarse de mamá o papá. Frente a esos cambios, pueden necesitar “volver atrás” por un tiempo para sentirse más seguros.
Señales y conductas regresivas en niños y niñas
Las conductas regresivas pueden variar, pero suelen implicar mayor dependencia. Algunas formas frecuentes son:
¿Cómo se manifiesta?
Puede suceder luego de un cambio importante, como el nacimiento de un hermano o el inicio escolar.
Un niño que solía manejar mejor la frustración puede necesitar más atención o consuelo.
Cambiar el tono de voz o expresarse de forma más inmadura puede ser una forma de buscar cuidado.
Despertarse de noche, necesitar compañía o tener pesadillas también puede estar vinculado a ansiedad ante cambios.
¿Cuándo suele aparecer?
Es más común en la primera infancia y etapa preescolar, aunque puede presentarse a cualquier edad.
También es frecuente ante situaciones nuevas o desafiantes, como:
- Mudanzas
- Inicio de CAIF, jardín o escuela
- Separaciones temporales
- Llegada de un hermano o hermana
Muchas veces, la regresión ocurre justo antes de un nuevo avance en el desarrollo.
¿Cómo acompañar durante una regresión?
Lo más importante es ofrecer seguridad y sostén emocional, sin avergonzar ni retar por el retroceso.
Algunas recomendaciones prácticas:
Mantener rutinas estables
Los horarios previsibles de comida, baño y descanso brindan tranquilidad.
Ofrecer contención emocional
Abrazar, escuchar y validar lo que sienten ayuda a reducir la ansiedad.
Reconocer avances sin presionar
Celebrar pequeños logros motiva, pero sin exigir que “vuelvan a ser como antes” de inmediato.
Usar el juego para expresar emociones
El juego simbólico permite procesar lo que están viviendo de manera segura.
Tener paciencia
La regresión forma parte del desarrollo. Con apoyo y tiempo, suele superarse.
Hablar sobre los cambios
Explicar con palabras sencillas lo que está ocurriendo ayuda a que comprendan y se sientan acompañados.
¿Cuándo consultar?
En general, las regresiones son temporales y duran pocas semanas.
Si se prolongan más de dos o tres semanas, se intensifican o generan malestar significativo, es recomendable consultar con el pediatra o profesional de referencia.