No querer volver a clases: ¿cuándo preocuparse?
Cambios de humor, dolores frecuentes o excusas reiteradas pueden ser señales de alerta. Claves para saber cuándo prestar atención y pedir ayuda.
El fin de las vacaciones marca el inicio del año lectivo. Y con él, las reacciones de niñas, niños y adolescentes pueden ser muy diversas: están quienes lo viven con entusiasmo, quienes sienten nervios por los nuevos desafíos y también quienes manifiestan no querer volver.
¿Cuánto hay de esperable en esta última reacción y cuándo conviene prestar mayor atención?
Cuando es parte del proceso
Todos los comienzos implican adaptación, incluso para las personas adultas. Por eso, ante el primer “no quiero ir al centro educativo” no es necesario encender alarmas. Si todo se desarrolla dentro de lo esperable, tras un período de ajuste los temores disminuyen y el reencuentro con compañeros, compañeras y docentes puede vivirse con mayor tranquilidad.
Señales que requieren mayor atención
El punto de alerta aparece cuando el rechazo persiste en el tiempo o se intensifica. Algunas señales a observar pueden ser:
- Cambios marcados de humor.
- Mayor aislamiento o retraimiento.
- Dolores físicos frecuentes (por ejemplo, dolor de estómago o de cabeza) sin causa médica clara.
- Excusas reiteradas y poco consistentes.
- Angustia intensa antes de ir al centro educativo.
En estos casos, es importante indagar qué está ocurriendo y buscar apoyo a tiempo.
¿Qué puede haber detrás?
Un “no quiero ir” repetido puede estar vinculado a:
- Dificultades de aprendizaje no detectadas.
- Problemas de adaptación al grupo.
- Autoexigencia excesiva.
- Situaciones de acoso, discriminación o violencia.
Aprender a reconocer y expresar emociones es clave para el desarrollo emocional y para cuidar la salud mental. También lo es enseñar a pedir ayuda y generar espacios de confianza para conversar sobre lo que sienten.
La comunicación fluida entre las familias y el centro educativo es fundamental para abordar cualquier situación a tiempo.
Una comunidad educativa libre de violencia
Los centros educativos deben promover una educación basada en los derechos de la infancia. El bullying, la discriminación y cualquier forma de violencia no pueden tener cabida.
Niñas, niños y adolescentes que sufren violencia tienen mayor riesgo de presentar ansiedad, depresión u otras dificultades emocionales. A su vez, quienes atraviesan dificultades de salud mental o del desarrollo pueden ser más vulnerables a situaciones de discriminación.
Detectar a tiempo y actuar de manera coordinada es indispensable para proteger el bienestar psicosocial de toda la comunidad educativa.