En Bolognesi, una comunidad del Datem del Marañón asentada en el Huasaga, uno de los principales afluentes de la margen derecha del río Pastaza, llegar puede tomar casi un día entero de viaje: 3 horas en auto desde Tarapoto hasta Yurimaguas, 10 horas en bote a motor hasta San Lorenzo, 9 horas más por vía fluvial hasta Alianza Cristiana y, finalmente, 2 horas en peque peque[i].
En ese contexto, en ese lugar remoto, donde la distancia puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, Linder Torres (50) y Nancy Laychi (44) esperaban una oportunidad que para muchas familias que viven en las grandes ciudades del Perú parece sencilla, pero para ellos es vital: vacunar a sus hijos. Ese día, su hijo Mildred Torres, de 11 años, recibió la vacuna contra la fiebre amarilla, mientras que su hermana menor, Génesis Torres, de 3 años, fue inmunizada recién contra la tos ferina, a pesar que debió recibir su último refuerzo a los 18 meses de vida.
Así, en un contexto de alerta por tos ferina y fiebre amarilla, la llegada de una brigada de vacunación hasta su propia comunidad no solo acerca una vacuna, sino también alivio, protección y la tranquilidad de saber que una enfermedad prevenible no les arrebatará a uno de los suyos.
“La vacuna es importante porque los hijos viven sanos. Solo así podrá cumplir sus sueños. La salud es lo primero”, asegura Linder.
En ese escenario, hasta Bolognesi, donde vacunarse puede tomar casi un día entero de viaje, la protección llegó por río. Una brigada de vacunación impulsada por UNICEF con el apoyo de la Unión Europea y su socio implementador ADRA recorrió cuatro comunidades del Datem del Marañón —Bolognesi, Cochaporahua, Betel y Puerto Galilea— para inmunizar a 43 niñas y niños expuestos a brotes de tos ferina y fiebre amarilla.
Y es que esta situación no es aislada. En conjunto, en estas localidades viven alrededor de 70 niñas y niños. La ausencia de puestos de salud, el escaso personal capacitado y la falta de equipos de cadena de frío operativos, sumados al alto costo del combustible —indispensable para movilizarse por río y acceder a servicios básicos como el de salud—, convierten la posibilidad de vacunarse en un desafío permanente para sus familias.
En Perú, el avance de la fiebre amarilla y la tos ferina ha encendido una alerta sanitaria, especialmente en la Amazonía. Según información del Ministerio de Salud, hasta diciembre de 2025 el país reportó 49 casos de fiebre amarilla y 19 fallecidos, un aumento importante frente a los 20 casos registrados y 9 fallecidos en 2024. Amazonas, San Martín, Junín y Loreto figuran entre las regiones más afectadas. Además, 19 casos correspondieron a menores de 18 años y, entre los fallecidos, hubo 3 niños de 0 a 11 años y 5 adolescentes.
De hecho, el impacto más duro se observa en la tos ferina. Hasta diciembre de 2025 se notificaron 4,976 casos y 76 muertes a nivel nacional, frente a 253 casos y 2 defunciones en el mismo periodo de 2024. Loreto concentra el mayor número de casos, con 3,922 casos y 57 muertes reportadas, todas en niños de 0 a 9 años. Dentro de esa región, Datem del Marañón es el epicentro más crítico con el 75% de los casos.
Nancy fue testigo de una de las muertes. Una noche de marzo de 2026 hubo una emergencia en la comunidad Bolognesi. Cuenta que “se estaba muriendo una criatura con problema de bronquios”. Felizmente estaba presente un agente comunitario de salud de la localidad de Alianza Cristiana, capital de distrito de Andoas, quien le aplicó una ampolla.
En una situación distinta, si el agente comunitario no hubiera estado presente, ese niño y su familia habrían tenido que trasladarse 3 horas en peque peque hasta Alianza Cristiana, donde existe una posta de salud. Si el cuadro fuera más grave, tendrían que viajar 8 horas más hasta la ciudad de San Lorenzo, donde hay un hospital. “Si nos pasara algo así tendríamos que juntar dinero para pagar el combustible”, dice Nancy.
Ante la falta de un puesto de salud cercano y la dificultad para acceder a vacunas o atención oportuna, muchas familias usan una planta medicinal amazónica, que no representa un reemplazo a las vacunas.
La situación es aún más dura: en los últimos meses murieron en Bolognesi dos niños, de 5 y 2 años, respectivamente. “Tenían mucha fiebre, vómito, diarrea. Les ayudé a buscar movilidad, pero no había. Cuando encontramos, ya habían fallecido las criaturas”, lamenta.
La enfermera Marly Vega (31), quien formó parte de la brigada de vacunación, cuenta que esa situación origina que se reporten niñas y niños mayores de 10 años sin haberse vacunado, como el caso de Mildred, hijo de Linder y Nancy. Las vacunas, añadió, hacen que los niños que están expuestos a cualquier enfermedad no sean atacados de manera drástica.
Sin embargo, otro obstáculo para la vacunación es el temor de algunos padres por los efectos secundarios. Marly señala que hasta hace poco existía el miedo de que la vacuna introdujera un “chip” o “sello” en los niños, influido por creencias religiosas. A ello se suma la barrera del idioma, pues en estas comunidades se hablan lenguas como el achuar y el kichwa, por lo que el apoyo del Apu y otros líderes y lideresas locales, han sido claves para sensibilizar a las familias. Asimismo, se brinda información en los idiomas locales y en los medios de comunicación utilizados en la comunidad.
Uno de esos importantes aliados es Nicanor Dahua (57), Apu de la comunidad Bolognesi. En su experiencia, sabe que, ante una emergencia, si no pueden trasladar al enfermo, este puede morir. “Ahora que ha llegado la brigada, la gente está feliz, todos están tranquilos porque sus hijos tienen completas las vacunas”, sostuvo.
En lugares alejados como este, el acceso a la vacunación no es solo una necesidad, sino un derecho. Todos los niños y niñas tienen derecho a la salud, sin importar el lugar donde vivan o la lengua que hablen; sin embargo, en comunidades como Bolognesi, ejercerlo aún implica superar grandes barreras.
Con sus vacunas al día, Mildred y Génesis vuelven a correr libres entre los imponentes árboles de la selva. Una pelota de fútbol los acompaña en cada juego, mientras Mildred sueña con convertirse algún día en futbolista. Porque una vacuna no solo protege la vida: también cuida el presente y el futuro, y mantiene intacta la posibilidad de seguir soñando.
[i] Un peque-peque, es una embarcación fluvial y lacustre de madera originaria de la selva peruana