Cada vez que Kelly le coloca el audífono en el oído izquierdo a Keydan, él se asombra e incluso se asusta; pero ese temor dura apenas unos segundos y pronto se transforma en alegría: está escuchando perfectamente la voz de su mamá. “Escucha más nítido. Cuando le estoy colocando el audífono, sí hay un cambio, porque está escuchando más. Sí he notado un cambio en él”, cuenta motivada Kelly Robles Pinto.
Keydan tiene apenas 11 meses, pero sigue atento a su mamá cada vez que la ve acercarse con los audífonos en las manos. Parece saber que, tras unos segundos, llegará ese instante maravilloso en el que el silencio se transformará en la voz de mamá.
A su corta edad, Keydan ha sido diagnosticado con hipoacusia, la pérdida de la capacidad auditiva conocida comúnmente como sordera parcial. Pese al impacto de la noticia, Kelly se siente afortunada y agradecida, no solo por haber obtenido el diagnóstico a tiempo, sino además por contar con el audífono que hoy complementa la vida de Keydan.
El camino para obtener este diagnóstico no ha sido fácil. En el Perú, la hipoacusia congénita afecta aproximadamente a entre uno y tres recién nacidos por cada mil nacimientos. Es decir, existe en promedio entre 450 y 1.440 nuevos casos al año. Sin embargo, hay registrados muy pocos especialistas para poder atenderlos.
Cuando Keydan nació, en el centro de salud Santa Luzmila, en Comas, le hicieron su primer tamizaje auditivo neonatal. Este tamizaje es una prueba rápida, gratuita y no invasiva que se realiza a los recién nacidos, precisamente, para detectar la pérdida auditiva a tiempo.
“Pasó por el tamizaje auditivo y me dijeron que tenía que regresar. La maquinita mostraba que el oído derecho llenaba las barras y el oído izquierdo no. Entonces, nos alertaron de que algo podía estar pasando”, cuenta Kelly.
Después de dos semanas, el tamizaje arrojó el mismo resultado. Keydan fue referido a varios hospitales públicos, donde no pudo ser atendido por distintos problemas. Uno de los más frecuentes es la falta y la demora de citas en los establecimientos especializados, lo que ocasiona que los niños y niñas deban esperar por varios meses por ser atendidos. Kelly, quien tiene un hijo mayor de 8 años y vive en el asentamiento humano Laderas de Chillón, en Puente Piedra, sintió por un momento frustración. Sin embargo, como ella misma dice, después de tocar varias puertas, una realmente se les abrió.
Una detección temprana que alivia vidas
La detección temprana es vital para evitar retrasos severos del lenguaje, dificultades de aprendizaje, problemas cognitivos y afectaciones en las habilidades sociales y el rendimiento escolar.
En este contexto, UNICEF viene trabajando en el distrito de Comas, en Lima Norte, donde la alta densidad poblacional y los niveles de pobreza acentúan la necesidad de detectar tempranamente las deficiencias auditivas y visuales en niños y niñas menores de cinco años.
Para hacer esto posible, no solo se capacita y acompaña al personal del primer nivel de atención en salud y educación inicial, si no también se realizan jornadas de tamizaje, dotación de equipos y materiales para evaluaciones auditivas y visuales, así como un acompañamiento sensible a niños y niñas.
Gracias a esta intervención de UNICEF, y su socio implementador, “Oír para Crecer”, Keydan pudo acceder a lo que su mamá hoy aprecia con asombro y esperanza: contar con un audífono y un acompañamiento médico para poder desarrollarse con naturalidad.
Carla Cortez, experta en Desarrollo Infantil y Discapacidad de UNICEF, explica que además de la articulación con la Dirección de Redes Integradas de Salud (DIRIS) de Lima Norte y, de los profesionales de salud de los establecimientos para ejecutar el proyecto, se viene enlazando con otros espacios donde la niñez está presente como escuelas, PRONEI, Cuna Más y familias.
“Comenzamos realizando un trabajo de sensibilización, capacitación y talleres con docentes de colegios y profesionales de salud. Luego, tuvimos sesiones con los padres y madres para explicarles el proyecto y obtener su consentimiento. Después empezamos con las jornadas de tamizaje para la detección”, detalla la experta.
Así, entre agosto de 2025 y mayo de 2026, se realizaron más de 3 mil tamizajes auditivos y visuales en los establecimientos de salud de la intervención en Lima Norte. Además, se logró sensibilizar a 178 docentes y directores de cuatro instituciones educativas de nivel inicial.
Durante la intervención, explica Carla Cortez, se han encontrado casos de deficiencia auditiva de distinta intensidad (leve, moderada y severa), aunque los casos moderados y severos han sido pocos. Un hallazgo colateral muy frecuente, señala, fue la presencia de tapones de cerumen, que requieren un lavado preventivo para mejorar la audición. También se identificaron niños con pérdidas auditivas moderadas que aún están en proceso de confirmación diagnóstica.
Asimismo, otro hallazgo frecuente son los problemas de agudeza visual: más de 130 niños requieren confirmación diagnóstica y podrían necesitar lentes. Un hallazgo colateral no esperado fue la alta presencia de blefaritis (inflamación del párpado), probablemente relacionada con condiciones climáticas y de contaminación.
“Este proyecto es importante porque permite aplicar pruebas específicas adaptadas a la edad de cada niño o niña ya que una pérdida auditiva o visual puede presentarse posterior a la etapa neonatal”, destaca Cortez.
Si bien aún existen retos por superar en el sistema de salud público —como la demora en las confirmaciones diagnósticas, el inicio de las intervenciones debido a la falta de establecimientos especializados, o la dificultad para acceder a dispositivos o tecnologías de apoyo como lentes y audífonos—, el proyecto, asegura Cortez, busca detectar tempranamente una potencial discapacidad en niñas y niños pequeños.
A partir de esta experiencia piloto se aportarán importantes aprendizajes y evidencia para orientar futuras políticas públicas en todo el país que permitan que la niñez con discapacidad se desarrolle plenamente y, pueda superar las barreras de aprendizaje y participación que actualmente enfrenta.
Keydan todavía no puede explicar con palabras lo que siente cuando escucha. Pero sus ojos atentos, su sonrisa y la forma en que busca la voz de su mamá dicen mucho. A sus 11 meses, empieza a descubrir un mundo de sonidos que durante meses permaneció en silencio.
Su historia nos recuerda que detectar la hipoacusia a tiempo, puede cambiar por completo el desarrollo de un niño o niña, y marcar la diferencia entre crecer en silencio o crecer escuchando, desde los primeros meses de vida, algo tan hermoso como la voz de mamá.