Salvid tiene 20 años de edad, y 8 meses y medio de embarazo. Ella vive en Ullpayacu, la capital del distrito de Morona en el Datem del Marañón, el corazón de la selva peruana. La encontramos mientras esperaba su turno para hacerse una ecografía y ver cómo se estaba desarrollando su bebe. “Hasta hace un tiempo, para hacernos este examen teníamos que viajar hasta San Lorenzo, a 5 horas en río, porque solo allí podíamos chequearnos bien. Pero desde que estas máquinas llegaron a mi comunidad, ya no tenemos que desplazarnos tan lejos y gastar tanto dinero. Es lo mejor que nos ha pasado, sobre todo a las embarazadas”, dice Salvid con alegría.
Los ecógrafos que se encuentran distribuidos en 4 distritos donde vive población mestiza e indígena en el Datem del Marañón fueron entregados por UNICEF con el apoyo del gobierno de Corea en mayo del 2024. Durante el 2025 los equipos técnicos vienen monitoreando su uso, el adecuado funcionamiento y que hayan sido entregados a las zonas donde más se necesitan.
Herbert Sandoval es el médico del centro de salud de Ullpayacu. El doctor afirma que el ecógrafo es de bastante utilidad para los pobladores de la zona. “Todos ellos en su mayoría son gente del campo, agricultores. Acá tenemos aproximadamente siete mil personas entre mestizas e indígenas como los ashuar, kandoshi, quichuas, que tienen muy poca capacidad económica. Antes de la donación de los ecógrafos, teníamos que enviar a las gestantes a San Lorenzo y lamentablemente no iban por el costo del pasaje por río que de ida y vuelta puede llegar a los cien soles, casi 25 dólares. Y esto redundaba en la condición de la madre y el niño porque no podíamos detectar situaciones complicadas a tiempo y el riesgo para ambos era muy alto”.
La ribera del río Morona esconde historias como las de Salvid. Ella está siendo monitoreada desde su gestación y tiene la seguridad que su niño crecerá en las mejores condiciones. Esto ocurrió con Tany Ríos que llegó con su bebé de 4 meses al Puesto de Salud de Puerto Alegría de Morona para su control de crecimiento y desarrollo. Allí balanzas y tallímetros, además de vacunas la esperaban para brindarle la mejor protección a su bebé. “Yo siempre acudo a mis citas porque acá nos han dado charlas y nos han dicho que con estos controles nuestros niños van a crecer sanos y es verdad. Ahora sabemos si están creciendo bien, si están subiendo de peso y eso nos da tranquilidad”, afirma Tany.
Pero en estos lugares también se viven situaciones médicas peligrosas que podrían llegar a ser fatales si no existieran, por ejemplo, las embarcaciones donadas por UNICEF con el apoyo del gobierno de Corea. La Sanadora 1 y 2 están ahora distribuidas en comunidades alejadas para cumplir con su misión, salvar vidas. El equipo de UNICEF encargado de monitorear el uso que tienen se desplazó hasta el Puesto de Salud de Puerto Alegría de Morona porque La Sanadora 1 anclaba en ese lugar. Sin embargo cuando llegó no encontró la embarcación. La doctora Evelinda Tarazona se apresuró a dar el motivo: “Ayer en la tarde nos llamaron desde la comunidad de Fernando Rosas, porque una de nuestras mamitas que tiene 27 semanas de gestación estaba con sufrimiento fetal. Fuimos con La Sanadora hora y media río arriba y luego de evaluarla decidimos que había que trasladarla de inmediato a San Lorenzo y eso lo logramos con esta embarcación que hoy a las 5 de la mañana salió para allá donde la recibieron con una ambulancia y lograron controlarla. Si no hubiese sido por La Sanadora, no habríamos logrado salvarla ni a ella ni a su bebé”.
Algo similar le pasó a Sonia García cuando llegó apresurada con su hija Kensi de 6 años, al centro de salud. La pequeña apenas si podía respirar y los implementos médicos resultaron insuficientes para continuar con su tratamiento. “Nos llevaron de inmediato con el bote hasta San Lorenzo. En el camino mi niña se ahogaba pero como llegamos rápido le pudieron salvar la vida. Si no hubiera estado La Sanadora en mi comunidad, habría perdido a mi hijita”, nos dice Sonia, con un gran suspiro y un susto que aún no se le quita del rostro.
“Cuando veo a La Sanadora en el muelle, tengo una sensación de alivio”, nos dice sonriendo Lucero Huacari, psicóloga comunitaria en el Servicio de Atención Rural de Morona. Hace mes y medio tuve dengue hemorrágico. Mis plaquetas bajaban cada minuto y me tuvieron que evacuar un domingo, en La Sanadora hacia San Lorenzo. ¿Qué habría pasado si no existiera esa embarcación? Una desgracia me imagino. Habría tenido que esperar al miércoles que es cuando pasan por acá los botes, pero mi cuerpo no daba para más. En verdad estoy muy agradecida que exista la posibilidad de tener a La Sanadora, porque gracias a este servicio, estoy viva.
Los suministros entregados por UNICEF, gracias al gobierno de Corea, han marcado la diferencia en la vida de la población mestiza e indígena que vive a la ribera de los ríos Marañón, Morona y Pastaza. Ecógrafos que monitorean a madres gestantes, que identifican riesgos y embarcaciones que surcan los ríos llevando personal médico o evacuando niños, niñas o adultos, han permitido marcar la diferencia con atenciones oportunas, rápidas, que han logrado no solo salvarles la vida sino darles la esperanza de que por más lejos que se encuentren siempre habrá una salida. UNICEF desde hace 75 años trabaja por ser ese impulso, por brindar no solo una atención oportuna sino promover que cada niño y niña crezca desarrollándose plenamente.