Política social e inversión en la infancia
La pobreza infantil en México no es solo falta de dinero: es, además, la falta de acceso a servicios de calidad y una barrera estructural que limita el desarrollo de niños, niñas y adolescentes
La pobreza va más allá del dinero
La pobreza se mide de forma multidimensional. Además de la pobreza monetaria, incluye carencias sociales en seis dimensiones:
- Acceso a educación
- Servicios de salud
- Seguridad social
- Calidad y espacios de la vivienda
- Acceso a servicios básicos en la vivienda
- Alimentación nutritiva y de calidad
La pobreza es en sí misma una barrera estructural que impide que niñas, niños, adolescentes y familias disfruten de todos sus derechos. Al no tratarse solo de la falta de ingresos, implica carencias que condicionan el acceso a la salud, al aprendizaje, al desarrollo físico, la seguridad y el bienestar emocional. Debilita el tejido social, reduce la resiliencia de las comunidades y perpetúa ciclos de pobreza que se transmiten de generación en generación.
La pobreza en México: avances y deudas pendientes
Entre 2020 y 2024, la pobreza multidimensional en México bajó de 43.9% a 29.6% para la población general, y de 52.6% a 38.7% para niños, niñas y adolescentes, sus niveles más bajos desde 2008 (INEGI, 2025). Sin embargo, la pobreza sigue afectando desproporcionadamente a la infancia: en 2024, el 38.7% de los niños, niñas y adolescentes (14.0 millones) vivía en situación de pobreza, frente al 26.1% de la población adulta. Y el 7.5% (aproximadamente 2.7 millones de niños, niñas y adolescentes) vivía en pobreza extrema.
La pobreza infantil puede generar rezagos para toda la vida. Por ejemplo, un niño o una niña que crece en pobreza tiene menos probabilidades de completar su educación, acceder a empleos dignos y romper el ciclo de la pobreza de la siguiente generación. Esto significa que la pobreza de hoy produce la pobreza de mañana, limitando no solo el bienestar individual, sino también la productividad y cohesión social del país a largo plazo.
Tres grupos concentran la mayor vulnerabilidad:
- La primera infancia, que abarca niñas y niños menores de 5 años, es el grupo que concentra mayor pobreza con el 41.9% en 2024 (INEGI, 2025). Este grupo requiere mayores atenciones y cuidados, dada su vulnerabilidad y necesidades para un adecuado desarrollo desde edades tempranas.
- La infancia y adolescencia indígena es un grupo particularmente vulnerable con el 82.3% de niños, niñas y adolescentes en pobreza y el 50.2% en pobreza extrema (CONEVAL y UNICEF, 2022). La marginación histórica, la menor inversión pública en zonas indígenas y el acceso limitado a programas y servicios explican esta brecha. Los estados con mayor concentración de pobreza infantil son Chiapas, Guerrero y Oaxaca, los cuales, a su vez, también son los de mayor proporción de población indígena.
- La infancia y adolescencia con discapacidad presenta al 54.6% de los niños, niñas y adolescentes de pobreza (CONEVAL y UNICEF, 2024). Este es un grupo altamente vulnerable dadas sus necesidades particulares de cuidado y desarrollo que muchas veces implican costos adicionales a sus familias dada la escasa red de apoyos y oferta de servicios especializados en el país.
Otro aspecto relevante de destacar, asociado a la vulnerabilidad de los hogares con niñas, niños y adolescentes, es la ausencia de cuidados adecuados y de servicios de apoyo. Los cuidados en México recaen desproporcionadamente en mujeres y adolescentes mujeres, lo que conlleva que tengan menos oportunidades laborales, más precariedad en sus trabajos y ausencia de tiempo para poder desarrollarse y llevar a cabo otras actividades. Actualmente, la cobertura de servicios de cuidado infantil oscila en 9%, lo cual es bajo para la región y sobre todo es muy desigual, desfavoreciendo a los hogares más vulnerables (BID 2021 y RENCAI 2024).
Revirtiendo la tendencia de la baja inversión pública destinada a la infancia
La inversión pública destinada a niños, niñas y adolescentes viene presentando una tendencia a la baja en los últimos años. Dicha inversión ha representado en promedio el 3% del PIB durante el periodo 2018-2025, una cifra debajo del promedio regional (5%). Además, el gasto social destinado a la infancia ha pasado de 26.5% en 2018 a 15.8% en 2025.
Invertir oportunamente en la infancia y adolescencia es la mejor inversión que un país puede hacer. Inversiones suficientes y equitativas en programas y servicios esenciales reducen vulnerabilidades económicas durante todo el ciclo de vida y reducen las carencias sociales y genera resultados transformadores.
Lo que hacemos en UNICEF México
Para atender la pobreza infantil y la exclusión, desde UNICEF apoyamos el fortalecimiento de una red integral de protección social que contemple programas y servicios para niñas, niños y adolescentes y sus familias, incluyendo la expansión y mejora de la calidad de servicios esenciales como salud, nutrición, educación, agua, saneamiento e higiene.
Asimismo, promovemos la construcción de sistemas de cuidado con perspectiva de género e infancia, que brinden apoyo a las mujeres y adolescentes, sobre quienes recae desproporcionadamente la responsabilidad de los cuidados, y garanticen servicios de calidad para niñas y niños, especialmente en la primera infancia.
Por otra parte, analizamos la inversión pública destinada a la infancia y la adolescencia, monitoreamos sus avances e identificamos áreas de mejora para contribuir a revertir la tendencia a la baja, y construimos puentes con el gobierno y otros actores clave en la formulación de políticas públicas vinculadas a la reducción de la pobreza.
A través de asistencia técnica y análisis periódicos de pobreza infantil, hemos podido constatar el impacto de expandir las transferencias monetarias, como las Becas Benito Juárez y la reciente Beca Rita Cetina, cuya implementación ha contribuido a reducir la pobreza infantil en 4 puntos porcentuales en los últimos cuatro años (UNICEF, 2024). Seguir invirtiendo en protección social, junto con la mejora del acceso y calidad de los servicios esenciales, es el camino a seguir.
¿Qué hace falta para que ningún niño o niña en México crezca en pobreza?
Los gobiernos son el pilar fundamental para transformar las condiciones estructurales que afectan a la niñez más vulnerable. Sin políticas públicas integrales, sin inversión sostenida y sin coordinación entre sectores, los avances son insuficientes.
Las comunidades tienen también un papel clave: construir entornos protectores para la niñez, con redes de apoyo que fortalezcan a las familias. El sector privado puede contribuir creando entornos laborales que apoyen las familias a mejorar y ampliar el acceso al cuidado infantil. También pueden promover prácticas esenciales para la niñez como la lactancia materna, la alimentación saludable y nutritiva, la crianza positiva y cariñosa, entre otras.
¿Y qué puedes hacer tú?
Infórmate sobre la situación de niñez y adolescencia en México. Aprende sobre el estado de sus derechos, de la situación de pobreza y de la inversión pública para la infancia y participa activamente en tu comunidad para darle mayor prioridad a la infancia y adolescencia en las políticas públicas. Participa en consultas, consejos comunitarios y mecanismos de escucha para niños, niñas y adolescentes. Practica la crianza positiva y la corresponsabilidad en los cuidados, para que estos no recaigan únicamente en las mujeres y promovamos sociedades más equitativas y prosperas.