Educación y aprendizaje
Cada niño fuera de la escuela es una oportunidad perdida. En México, el derecho a la educación aún no es una realidad para todos
Los retos
Sin una educación de calidad, niñas, niños y adolescentes enfrentan grandes barreras para acceder a un empleo en el futuro, mejorar sus ingresos y cumplir sus sueños. También tienen mayor riesgo de experimentar resultados adversos en salud y menores oportunidades de participar en las decisiones que les afectan, lo que limita su capacidad para construir un mejor futuro para sí mismos y para sus comunidades.
Aunque la legislación establece el derecho a una educación pública, gratuita y obligatoria para niñas, niños y adolescentes de 0 a 18 años, persisten diversos desafíos que impiden que la educación en México sea el motor de la reducción de la pobreza y la cohesión social. Los dos principales desafíos persistentes en educación —estrechamente vinculados— son las trayectorias educativas incompletas y los bajos logros de aprendizaje. En términos de continuidad, solo 56 de cada 100 niñas y niños que inician la primaria terminan la educación media superior sin repetir ni abandonar (SEP, 2025). En cuanto a aprendizajes, las brechas también son profundas: según PISA 2022, el 47% del estudiantado de 15 años no alcanza el nivel mínimo en lectura y el 66% no lo logra en matemáticas. Estas brechas educativas y los bajos logros de aprendizaje comienzan desde el preescolar y la primaria, continúan y se acumulan a lo largo de la secundaria; además, generan un rezago educativo, afectan negativamente la finalización de los estudios y limitan las posibilidades y oportunidades de cada niña, niño y adolescente, hoy y en el futuro.
Los más afectados son las niñas, niños y adolescentes en pobreza y pobreza extrema, pertenecientes a una población indígena, que viven en zonas rurales, en situación de migración o con alguna discapacidad; por ejemplo, la niñez indígena alcanza en promedio 7,1 años de escolaridad, frente a los 10 años del resto de la niñez mexicana (Mejoredu, 2023); en zonas rurales, la cobertura en secundaria llega al 89% y en media superior al 71,5%, por debajo del 95,8% y 84,9% que se registra en contextos urbanos (Mejoredu, 2023); y las niñas y niños con discapacidad acumulan, en promedio, casi cuatro grados menos de escolaridad que la población sin alguna discapacidad (Mejoredu, 2022). Además, factores del entorno también inciden en la asistencia escolar y en los aprendizajes, como la violencia y los desplazamientos, los desastres de origen natural y la falta de infraestructura de agua y saneamiento adecuada en las escuelas.
Nuestra apuesta por una educación inclusiva y de calidad
En UNICEF México trabajamos para contribuir a la transformación del sistema educativo, de modo que cada niña, niño y adolescente acceda, permanezca y complete una educación obligatoria de calidad, equitativa e inclusiva, desde la primera infancia hasta la transición a la vida adulta. El trabajo de UNICEF México en educación pone en el centro los aprendizajes fundamentales —lectoescritura y matemáticas— y el desarrollo integral, promoviendo habilidades socioemocionales, digitales y en STEM[1]. Una educación transformadora impulsa la movilidad social, cierra brechas de desigualdad y fortalece la cohesión social.
Para lograrlo, trabajamos con la Secretaría de Educación Pública (SEP) a nivel federal y estatal para fortalecer la Nueva Escuela Mexicana y reducir las desigualdades que afectan con mayor fuerza a quienes enfrentan exclusión: niñas, niños y adolescentes en pobreza, de población indígena, en zonas rurales, en situación de migración, desplazamiento o con discapacidad. Impulsamos la ampliación de la educación inicial, etapa decisiva para el desarrollo temprano, y promovemos soluciones probadas y escalables que mejoran los aprendizajes básicos y el bienestar. También generamos evidencia sobre factores de exclusión, con enfoque de género, para orientar políticas y prácticas que favorezcan el acceso y la permanencia escolar.
Acompañamos la transformación digital de la educación mediante plataformas de aprendizaje como Pasaporte al Aprendizaje, el fortalecimiento de habilidades digitales de docentes y estudiantes, y el apoyo a la conectividad de escuelas, para que la enseñanza sea más accesible, pertinente e innovadora. Promovemos mejores condiciones de agua, saneamiento e higiene (WASH) en los planteles para asegurar entornos saludables y seguros de aprendizaje y resilientes ante el cambio climático. Para sostener la continuidad educativa ante esta crisis y evitar el abandono escolar en México, fortalecemos la gestión integral del riesgo en el sector, apoyamos la coordinación inter-sectorial y la preparación ante emergencias y generamos evidencia sobre el impacto de la violencia y el desplazamiento en la educación. Además, trabajamos para reducir brechas de género, impulsar la participación de niñas y adolescentes en STEM y promover mayor inversión pública, así como sistemas sólidos de monitoreo y evaluación.
La educación es un asunto de todas y todos
El Estado es el principal responsable de garantizar que el derecho a la educación se cumpla para todos los niños y niñas en México. Eso implica mayor inversión pública en educación de calidad, sistemas robustos de monitoreo y políticas y programas que lleguen a quienes más lo necesitan. Sin estas condiciones, las brechas no se cerrarán. ´
Aunque el estado es el principal garante, toda la sociedad mexicana tiene un papel en la defensa del derecho a la educación. Las organizaciones, comunidades, madres, padres y cuidadores, estudiantes y comunidad, pueden dar seguimiento a que se cumplan las políticas, impulsar la participación comunitaria y tender puentes para que apoyos y soluciones lleguen a quienes enfrentan más barreras. Su voz es clave para exigir escuelas seguras e inclusivas y para que ninguna niña, niño o adolescente se quede atrás.
El sector privado puede contribuir la educación inclusiva en México. Es por ello que, desde UNICEF, en el programa de educación colaboramos en alianzas que amplían el acceso a tecnología, mejoran la infraestructura escolar y reducen la desigualdad educativa. No son actos de filantropía: son inversiones en el país que todos queremos. Una niñez que aprende bien hoy será mañana una sociedad más productiva, más justa y más segura.
La falta de educación de calidad nos afecta a todos: frena el desarrollo del país, profundiza la desigualdad y cierra oportunidades. Por eso garantizar que cada niña, niño y adolescente aprenda es una responsabilidad de todos.
[1] STEM es un acrónimo en inglés que significa Science, Technology, Engineering y Mathematics (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). En el ámbito educativo y laboral, representa un enfoque integral que entrelaza estas cuatro disciplinas para resolver problemas del mundo real, fomentando el pensamiento crítico y la innovación