Cuatro claves para promover la equidad en las tareas de casa

Dar a tus hijas e hijos responsabilidades y oportunidades por igual es una clave para su desarrollo

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Cocinar, limpiar, barrer, cuidar a las y los más pequeños o acompañar a una persona mayor son quehaceres y responsabilidades que pueden tomar mucho tiempo durante el día dentro y fuera de casa. En muchos hogares, quienes se hacen cargo de estas tareas de forma desproporcionada son las niñas y las adolescentes. 

Esto ocurre porque se suele ver como algo “natural” que sean las niñas quienes sirven la comida, levantan la mesa, limpian la casa, lavan la ropa y se encargan de otras tareas. Esta realidad se convierte en una barrera silenciosa que las aleja de oportunidades de desarrollo y del ejercicio pleno de sus derechos.

Hacer las tareas del hogar y cuidar no son algo negativo. Ayuda a todos los miembros de la familia a contribuir y sentirse bien. El problema se ocasiona cuando la carga recae principalmente sobre las niñas, a quienes se les asigna tareas en una mayor medida que a los niños, quienes tienen más tiempo para descansar, estudiar o jugar.

La importancia del tiempo

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De hecho, las niñas dedican más tiempo que los niños al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. E incluso desde edades muy tempranas.

En promedio, en América Latina y el Caribe, las niñas dedican una hora al día más que los niños a tareas de cuidado en la casa. Estos son siete horas menos a la semana que las niñas tienen para estudiar y hacer tareas escolares, participar de juegos o actividades recreativas y que ayuden a su desarrollo, o para pensar en su propio futuro y las metas que quieran lograr.

Esta desigualdad limita sus oportunidades, en el presente y en el futuro.

¿Qué pueden hacer padres y madres?

Muchas veces estas costumbres ocurren como parte de la forma en que madres y padres han crecido en el mundo. Y aunque son muy frecuentes, es posible cambiarlas. ¿Qué puedes hacer en casa?

 

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1. Repartir las tareas

En casa, todos los hijos e hijas deben colaborar por igual, con tareas acorde a su edad y aprender que las tareas se deben repartir. Ten en cuenta que hay roles que corresponden a los adultos y otros en los que pueden colaborar niños y niñas. Pregúntate: ¿estás pidiendo más tareas domésticas y de cuidado a tu hija que a tu hijo? Si la respuesta es “Sí”, es momento de reflexionar y transformar esa realidad.

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2. Mostrar con el ejemplo

Como todas las personas, niños y niñas aprenden principalmente a través del ejemplo. Si en casa las personas adultas sin importar si son hombres o mujeres, comparten por igual tareas como cocinar, limpiar o cuidar, niñas y niños entienden que esas responsabilidades deben distribuirse entre todos y todas, y no solo ser asumidas por las mujeres y las niñas.

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3. Proteger su tiempo libre

Para niños y niñas, el tiempo de juego, estudio, así como de compartir espacios con amigos y amigas no son actividades secundarias. Son esenciales para su desarrollo y les permiten adquirir habilidades que les serán clave a lo largo de la vida. 

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4. Conversar en familia

Establecer un diálogo franco sobre cómo se reparten las tareas en casa puede ser de gran ayuda para identificar asignaciones desiguales que pasan desapercibidas. Escucha a todos los miembros de la familia por igual para poder tomar decisiones más justas.

La igualdad empieza hoy

Distribuir por igual a tus hijas e hijos el tiempo que necesitan para ayudar en casa, pero también para aprender, crecer, jugar e imaginar es una forma muy poderosa de acompañar su desarrollo.

Su futuro en igualdad empieza hoy. Empieza en tu hogar. Y tú tienes el poder de marcar la diferencia.

Desde pequeños, niñas y niños, aprenden en casa qué se espera de ellos y ellas. Si las tareas se les asignan según su género, y estas además llevan una carga de desigualdad, pueden crecer creyendo que eso es normal y repetirlo cuando estén en la escuela, o más adelante en su trabajo o durante la adultez.

Tú tienes el poder de cambiar eso. Como mamá o papá o cuidador, puedes promover una crianza equitativa, y que beneficie por igual a tu hijo e hija. Tu rol es clave: puedes enseñarles a reconocer las desigualdades y decidir si las reproducen… o las transforman.