Niños en la mira

Los niños son objeto de ataques en conflictos de todo el mundo. No podemos aceptar que sea algo normal.

Una niña en medio de una salón de clases destruido en Ucrania
UNICEF/UN0243152/Morris VII Photo

El número de países con conflictos violentos es el más alto en los últimos 30 años. Uno de cada cuatro niños vive en países afectados por un conflicto o un desastre. Cerca de 31 millones de niños se han visto obligados a desplazarse a causa de la violencia y los conflictos: de ellos, 13 millones son niños refugiados y más de 17 millones han tenido que desplazarse en sus propios países. Los ataques a los niños no cesan. Desde la República Centroafricana hasta Sudán del Sur, desde Siria hasta Afganistán, las partes beligerantes están desobedeciendo una de las normas de guerra más básicas: la protección de los niños.

Los niños se han convertido en objetivos del frente de batalla. Es la crisis moral de nuestra era: no podemos aceptar que sea algo normal.

UNICEF tiene el objetivo de asistir a 41 millones de niños en emergencias

Millones de niños que viven en países afectados por conflictos y desastres carecen de acceso a servicios esenciales de protección infantil, lo cual pone en peligro su bienestar y su futuro.

Durante las emergencias humanitarias, las consecuencias de la violencia contra los niños pueden ser la muerte o daños graves y traumas duraderos. Otras formas insidiosas de violencia afectan también a los niños cuando las emergencias humanitarias les privan de salud, nutrición, agua y saneamiento, educación y otras necesidades básicas. En Acción Humanitaria para la Infancia 2019 se hace hincapié en la urgencia de proteger a los niños de países en crisis (desde la República Democrática del Congo hasta Siria y Yemen) contra todo ese tipo de amenazas para su vida, su bienestar y su dignidad.

No más ataques contra los niños

Lo que necesitan los niños para crecer bien es que haya paz. Es fundamental para ellos que se redoblen los esfuerzos para poner fin a los conflictos armados actuales, aparentemente incesantes. Sin embargo, los niños no pueden estar esperando a que llegue esa protección: mientras las guerras continúan, jamás debemos aceptar los ataques contra niños.

Treinta años después de la adopción de la Convención sobre los Derechos del Niño y 70 años después de los cuatro Convenios de Ginebra (la base internacional jurídica de la protección de civiles en tiempos de guerra), ha llegado la hora de decir “¡Basta! Basta de atacar a los niños”.

Lo que podemos hacer para lograr el cambio:

Los ciudadanos de todo el mundo pueden empezar por no apartar la mirada del sufrimiento de los niños, ya sea porque les parece muy lejano o porque la política del conflicto es demasiado compleja.

Debemos insistir a los dirigentes nacionales e internacionales en que proteger a los niños durante conflictos armados es la piedra angular de una humanidad compartida.

Hemos de exigir un liderazgo que esté preparado para tomar medidas con el fin de prevenir ataques y violencia contra los niños atrapados en zonas de guerra.

Los gobiernos y todas las partes beligerantes de los países asolados por conflictos deben actuar para cumplir con sus obligaciones para proteger a los niños y permitir el acceso a servicios de respuesta especializados para niños afectados por la violencia.

Es necesario ayudar a las comunidades de zonas afectadas por conflictos a crear entornos protectores para niñas y niños.

Los gobiernos que apoyan o tienen influencia en las partes beligerantes deben usar toda esa influencia para asegurarse de que los niños reciben la protección que dictan las normas de derecho internacional.

Instituciones de seguridad y paz internacional como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y organizaciones regionales pueden hacer más para priorizar la seguridad y el bienestar de los niños atrapados en conflictos armados.

La comunidad internacional puede esforzarse más para promover programas dedicados a proteger a los niños contra la violencia, abuso y explotación y prestar los servicios necesarios para ayudar a los niños a superar conflictos con la esperanza de un futuro mejor.

Si protegemos a los niños de los ataques en conflictos armados, mantendremos viva la esperanza y comenzaremos a prepararlos para construir futuros pacíficos para sí mismos y para sus países. Si actuamos juntos, podremos lograr que los ataques contra los niños dejen de ser algo normal y preservar la humanidad.

Los niños no pueden esperar. Debemos actuar de inmediato.