¿Cómo empezar a tener conversaciones con los niños sobre salud mental?
Los adultos podemos contribuir en gran manera para desarrollar la salud mental de nuestros hijos. Conocé cómo empezar a fomentarla desde la niñez.
Con la llegada de la etapa escolar, niños y niñas pasan más tiempo fuera de casa. Las amistades y la presión de los compañeros comienzan a ser más importantes a medida que su foco de atención cambia del hogar al mundo exterior. Al pasar más tiempo fuera de casa, empiezan a adquirir sentido de responsabilidad y aprenden a ser más independientes.
Los niños mayores comenzarán a atravesar la pubertad y tendrán cambios tanto físicos como emocionales. Es un momento crucial para que desarrollen confianza en todas las áreas de la vida, como explorar las relaciones y manejar sus emociones. Preguntarles cómo les está yendo y brindarles apoyo a lo largo del camino puede ayudarlos a fomentar la resiliencia y el bienestar mental.
Cómo empezar la conversación
Podemos empezar preguntando cómo les está yendo. Hablar sobre la escuela, los amigos, las cosas que les gusta y no les gusta hacer y lo que les resulta difícil. Usar los eventos cotidianos que causan emociones positivas y negativas, como ganar en los deportes o sacar notas bajas, para ver cómo se sienten y forjar un vínculo más fuerte.
A medida que crezcan, y si es apropiado para su desarrollo, podemos hablar sobre los cambios físicos y emocionales normales de la pubertad y ayudarlos a saber qué esperar. Es bueno preguntarles cómo se sienten, si tienen alguna preocupación o pregunta sobre la que conversar juntos.
Incentivar un ambiente abierto, de amor y confianza
Es importante ayudarlos a sentirse cómodos de abrirse con sus familias. Los hijos e hijas quieren sentirse queridos y aceptados por las personas que los rodean.
Ser conscientes de los ejemplos que damos
Nuestros hijos nos observan y captan nuestras emociones y cómo respondemos ante las diferentes situaciones.
Reconocer sus logros y su buen comportamiento
Felicitarlos haciendo hincapié en sus acciones (“¡trabajaste mucho en esto y realmente se nota!”) en lugar de hacer hincapié en su persona (“¡Sos muy inteligente!”).
El tiempo es el mejor regalo
Decir “te quiero mucho” o abrazar a nuestros hijos no son las únicas formas de demostrar afecto.
Escucharlos y mostrar interés genuino en lo que tienen que decir, divertirse juntos con actividades especiales, por pequeñas que sean, es regalarles tiempo. También podemos incluirlos en las decisiones familiares, como en decidir qué comer para la cena. Y siempre hacerles saber que los amamos, sin importar lo que pase.