“Nunca imaginé que cruzar la frontera con mi hijo en brazos me llevaría a un lugar donde volvería a sentirme segura y acompañada”, cuenta Mariele Ruiz, una madre venezolana que encontró apoyo en el Centro Materno Infantil México, en Lima Norte.
Hace tres años, Mariele Ruiz cruzó la frontera Perú-Ecuador con su hijo de un año en brazos y una mochila cargada de miedos e incertidumbre. Su ruta la llevó por Colombia y Ecuador en condiciones precarias: largas jornadas caminando, noches sin abrigo y una dieta limitada a lo que podía obtener en el camino - pan, bebidas gasificadas, galletas o productos enlatados - sin acceso a frutas, proteínas ni controles de salud. Estos alimentos no cubrían las necesidades nutricionales de ella ni de su hijo, quien además pasó meses sin controles de salud, vacunas ni monitoreo de crecimiento. Como tantas madres migrantes, enfrentó inseguridad alimentaria, falta de atención médica y la imposibilidad de ofrecer a su hijo una alimentación adecuada y segura.
Al llegar a Lima, Mariele se instaló en el distrito de San Martín de Porres, donde una vecina le habló del Centro Materno Infantil México, en donde su bebé por ser mayor de 5 años podía acceder al Seguro Integral de Salud (SIS) gratuito. A pesar del miedo a como la atenderían por ser venezolana, ella decidió llevar a su bebé a sus controles porque sabía que no había recibido atención en los últimos dos meses y quería asegurarse que todo esté bien con él. En el Centro Materno evaluaron el peso, talla y hemoglobina de su bebé y recibió información sobre cómo fortalecer la alimentación complementaria con los alimentos disponibles en casa.
Ese primer contacto fue decisivo, con el tiempo Mariele quedó embarazada y decidió llevar todos sus controles en el mismo centro. “Allá [en Venezuela] uno tenía que buscar por su cuenta [la atención]. No sabías si te iban a atender bien, ni qué controles necesitabas. Aquí, desde que llegué al centro de salud, me sentí cuidada”, cuenta con una sonrisa Mariele, refiriéndose a la comodidad y el buen trato que recibió durante sus controles prenatales y el parto. Su segundo hijo, Eydan Gabriel, hoy tiene dos meses. Ella afirma que su experiencia en el centro materno ha sido “increíble”, superando incluso la atención que recibió en Venezuela con su primer hijo.
La historia de Mariele refleja el impacto del modelo implementado desde 2018 el Ministerio de Salud, la Dirección de Redes Integradas de Salud (DRIS) Lima Norte por y UNICEF. Este modelo tiene el objetivo de: mejorar la nutrición y el desarrollo infantil temprano de manera integral e inclusiva, atendiendo las vulnerabilidades específicas de la población migrante, desde el embarazo hasta los cinco años de vida.
Acciones claves
- Controles prenatales oportunos y de calidad, con suplementación de micronutrientes y consejería en lactancia materna.
- Promoción de lactancia exclusiva hasta los seis meses y su continuidad hasta los dos años.
- Crecimiento y desarrollo: seguimiento nutricional, detección de malnutrición (desnutrición crónica, aguda, sobrepeso u obesidad) y tamizajes de hemoglobina.
- Tratamiento y derivación: protocolos para casos de desnutrición aguda o anemia, asegurando un acompañamiento integral.
- Fortalecimiento del primer nivel de atención, con capacitación continua a obstetras, enfermeras, nutricionistas y médicos, y dotación de equipos (balanzas pediátricas, hemoglobinómetros, tallímetros, entre otros).
Hoy, Mariele y sus hijos son parte de una red de cuidado que no solo protege la salud, sino que también devuelve la esperanza a familias que, como la suya, llegaron buscando una nueva oportunidad de vida.
Acompañamiento desde la gestación
El modelo innovador de UNICEF, el Ministerio de Salud y DIRIS, ‘Modelo para mejorar la nutrición y el desarrollo infantil temprano integral e inclusivo en niñas, niños y sus familias en tres distritos priorizados (Comas, San Martin de Porres y Carabayllo) de Lima Norte’, busca garantizar un acompañamiento continuo bajo un enfoque inclusivo que combina salud y nutrición desde el embarazo hasta los cinco años de vida.
Como acciones prioritarias, se ha fortalecido la capacidad del personal de salud no solo en el manejo de normativas vigentes o contenidos técnicos, sino también en la calidad y el trato humanizado durante la atención. Gracias a ello, las gestantes reciben controles prenatales oportunos y de calidad, consejería nutricional, suplementación con micronutrientes y acompañamiento en lactancia materna, incluida la promoción de la lactancia exclusiva hasta los seis meses y su continuidad hasta los dos años. Además, se orienta a las familias sobre prácticas de cuidado y alimentación complementaria para asegurar un crecimiento saludable.
Desde que nace un bebé se refuerzan los controles de crecimiento y desarrollo, incluyendo una evaluación nutricional para detectar casos de malnutrición (como la desnutrición crónica o aguda, o por exceso como el sobrepeso u obesidad). Estos controles van acompañados de tamizajes de hemoglobina y suplementación preventiva o terapéutica según corresponda. Cuando se identifica algún riesgo nutricional, el equipo de salud brinda consejería nutricional personalizada a la familia, suplementación y seguimiento continuo al bebé. En los casos de desnutrición aguda, se activan los protocolos de tratamiento y derivación oportuna a los servicios especializados, garantizando que la recuperación sea integral y sostenida.
Este modelo, también ha fortalecido el primer nivel de atención, logrando servicios más completos y humanizados, donde obstetras, enfermeras, nutricionistas y médicos trabajan conjuntamente para brindar una atención integral. Esto es posible gracias a la asistencia técnica en servicio, la capacitación continua del personal de salud, la dotación de equipos (balanzas pediátricas, tallímetros, hemoglobinómetros, entre otros) y la provisión de insumos clave, además de materiales educativos y comunicacionales para acompañar a las familias en el cuidado de las niñas y niños. A esto se le suma la participación e involucramiento de actores sociales comunitarios capacitados, que actúan como puentes de articulación y confianza para acercar los servicios a la población.
Resultados alcanzados
En los últimos siete años —y de manera crucial durante la pandemia de COVID-19— esta intervención permitió reactivar y fortalecer los servicios de salud en Lima Norte:
- 7,643 gestantes y 17,923 niñas y niños menores de tres años atendidos en 49 establecimientos de salud.
- Anemia infantil: la prevalencia se redujo de 30.9% (2020) a 13.1% (2024).
- Controles prenatales en el primer trimestre aumentaron de 37.6% (2022) a 55.6% (2024).
- Atención CRED a menores de 36 meses se incrementó de 20% (2022) a 36% (2024).
- Lactancia materna protegida: el 100% de los CMI de Lima Norte (12 en total) fueron acreditados como “Amigos de la Madre, la Niña y el Niño”.
Para Mariele, esto ha sido una grata sorpresa. Con su primer hijo, no tuvo acceso a la estimulación prenatal ni a la psicoprofilaxis, prácticas que ahora valora enormemente. En el centro materno, le enseñaron cómo estimular a su bebé en el vientre con sonidos y masajes, y cómo crear un vínculo con el padre. "Fui con mi pareja a las consultas, me daba mucha risa porque los ejercicios son graciosos, pero yo asistía y me explicaban como hacer los ejercicios, por qué no debía cargar peso, cosas que, aunque yo ya era mamá, no las sabía ni las había vivido. Me orientaron bastante", relata.
El compromiso del personal de salud del centro de salud es clave para lograr estos resultados. Karla Ramos, enfermera responsable de consultorios externos, explica con orgullo cómo gracias a las capacitaciones y la asistencia técnica recibida por el equipo de UNICEF, ahora trabajan de manera integral en el control de crecimiento y desarrollo de los niños, con enfoque en el Desarrollo Infantil Temprano (DIT) e incluso utilizan herramientas como el kit del buen crecimiento para detectar riesgos nutricionales. “Antes [del proyecto] solo medíamos y pesábamos. Ahora miramos al niño de manera integral: su desarrollo, su entorno, su alimentación. Y lo hacemos sin distinción, porque todos tienen derecho a una atención de calidad”, afirma. Asimismo, relata que hoy, en caso de ser necesario, las derivaciones a especialistas como pediatras, nutricionistas y psicólogos se realizan de forma oportuna, muchas veces el mismo día.
Rompiendo la brecha cultural
Aunque se comparte el idioma, la atención a la población migrante enfrenta barreras culturales. El personal del CMI México adapta su consejería alimentaria y de salud para ser más cercana, comprensible y culturalmente pertinente.
"Hemos tratado de involucrarnos un poquito más en su cultura para que nuestra consejería sea adecuada", comenta la enfermera Ramos. Mariele confirma estas diferencias: “Por ejemplo, en Venezuela, el ombligo del bebé se limpia con alcohol absoluto, mientras que en Perú se usa alcohol de 70”. Por su parte, la Lic Ramos recuerda una anécdota sobre la "sangrecita" peruana, un alimento rico en hierro: "Las mamitas a veces nos dicen: sangrecita, ¿qué cosa es eso? Entonces le explicamos que es la sangre que proviene del pollo y le damos opciones para la preparación, les enseñamos recetas, hacemos sesiones demostrativas de preparación de alimentos". De esta forma contribuyen a romper la brecha cultural y fortalecen el vínculo de confianza con las familias migrantes.
Las capacitaciones han sensibilizado al personal sobre atención equitativa y derechos en salud para todas las mujeres, sin distinción. Margaret Cahuana, obstetra en el mismo centro, menciona que las capacitaciones le han ayudado a estar más pendiente de la mejor forma de atender a todas las pacientes sin distinción y a aplicar conocimientos actualizados para un mejor diagnóstico.
Impacto de equipos y herramientas
El proyecto también fortaleció los servicios de salud a través de la entrega de equipos, insumos, kits diferenciados (gestantes, recién nacido y para el bebé en periodo de lactancia) y material educativo. Para gestantes, se incorporaron monitoreo electrónico fetal, hemoglobinómetros para controlar los niveles de hemoglobina, balanzas de pie para evaluar la ganancia de peso, cinta métrica obstétrica para medir el crecimiento fetal, entre otros. Para niñas y niños menores de cinco años, se entregan balanzas pediátricas, tallímetros o infantómteros para la evaluación de crecimiento y poder identificar casos de malnutrición oportunamente, hemoglobinómetros diferenciados para un tamizaje oportuno, entre otros insumos y materiales complementarios que garanticen un seguimiento adecuado del crecimiento y desarrollo infantil. “Ahora podemos identificar alteraciones en los latidos del bebé y tomar decisiones a tiempo”, destaca la obstetra Cahuana.
El seguimiento continúa con énfasis en nutrición y desarrollo infantil temprano. Karelis Villegas, joven ecuatoriana que reside en Perú hace cuatro años, llevo a su hija (Luz María) de dos meses a un control de crecimiento y desarrollo en CMI Mexico. La bebé se dejaba examinar tranquila mientras la enfermera la pesaba, la medía y evaluaba si sostenía su cabecita o simulaba dar pequeños pasos sostenida de las manos. Sin embargo, el llanto inevitable llegó cuando le aplicaron las vacunas, un paso doloroso pero esencial para protegerla. Karelis destaca la buena atención y cómo sus hijos tienen el SIS que cubren todas sus atenciones. En esta etapa también se refuerza la lactancia materna exclusiva como pilar de la nutrición infantil.
La atención integral, sin embargo, no se limita solo a las madres migrantes. Dayana Miranda, una joven peruana de 18 años que, con 40 semanas de embarazo, acudió para un control de monitoreo fetal y estaba lista para dar a luz. Entre contracciones y expectativas, fue recibida con la misma calidez, respeto y profesionalismo que cualquier otra mujer, sin importar su nacionalidad. “No importa de dónde vengan, todas las madres reciben la misma atención”, afirma la obstetra Jazmin Vidal.
Dayana participa activamente en las sesiones de psicoprofilaxis y estimulación prenatal, donde aprende sobre la importancia de hablarle a su bebé y de la participación de su pareja. Considera que un centro especializado en mamá y bebé es "genial" e "interesante" porque permite un seguimiento frecuente del crecimiento y desarrollo del bebé, algo clave para una madre primeriza.
Hoy el CMI México es un referente de atención integral en Lima Norte. Madres como Mariele, Karelis o Dayana encuentran no solo servicios médicos, sino también son reconocidos como lo que son: madres, niñas y niños con derechos, sin importar fronteras.
“Me sentí escuchada, protegida. No me preguntaron de dónde venía, solo se aseguraron de que mi bebé estuviera bien”, resume Mariele, dejando claro que cuando la salud abraza, las distancias desaparecen.