El 2020 y sus desafíos

El 2020, antesala del bicentenario, es una oportunidad para darle a cada niña, niño y adolescente peruano la certeza de que sus derechos son respetados

Ana de Mendoza
26 Enero 2020

Ana de Mendoza
Representante de UNICEF

El 2020 llegó con la promesa presidencial de acortar las brechas sociales. Importante compromiso en un país en el que nacer y crecer en una comunidad rural o en una ciudad suelen marcar la vida de una persona.

El 4 de setiembre del 2020, el Perú cumplirá 30 años desde que ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño. Desde entonces se han logrado trascendentales avances en la generación e implementación de políticas y leyes, y una mayor inversión pública que han contribuido a garantizar los derechos de la niñez y adolescencia y al progresivo cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Aunque la convención reconoce iguales derechos a cada niña y niño, la realidad es que todavía estamos lejos de que los enunciados de este tratado internacional se hagan realidad. Es verdad que hoy hay menos niñas, niños y adolescentes en situación de pobreza monetaria, que mueren antes de cumplir 5 años y que sufren de desnutrición crónica. Podemos decir con orgullo que prácticamente todos los niños y niñas tienen un documento de identidad (DNI) y aseguramiento de la salud, asisten a la escuela y concluyen sus estudios a la edad adecuada. Lo avanzado es resultado de un trabajo sostenido del Estado, la sociedad civil, el sector privado, la cooperación internacional, las familias y las niñas, niños y adolescentes.

Gracias a un trabajo intersectorial y al reconocimiento de niñas y niños como sujetos de derechos, la primera infancia se va convirtiendo progresivamente en una prioridad de política pública nacional, y se empieza a reconocer al cuidado cariñoso y sensible como una valiosa y efectiva herramienta para la prevención de la violencia, ese mal que tiene a la niñez y adolescencia entre sus principales víctimas.

Como todos sabemos, un número elevado de chicas y chicos se enfrentan a la violencia normalizada en la casa, la escuela, su entorno social y en la red. Las estadísticas nacionales señalan que 8 de cada 10 niñas y niños han sufrido algún tipo de violencia, y el 2019 dejó el saldo de 206 huérfanos menores de edad como consecuencia de 168 feminicidios, cifra que según la Defensoría del Pueblo supera a la del 2018. Probablemente, muchas de estas madres permitieron la violencia porque crecieron en entornos violentos.

Para no repetir la historia hay que incorporar y fortalecer la prevención de las violencias en los niveles locales, regionales y nacionales y desarrollar una cultura de respeto a las niñas, niños y adolescentes en el hogar y en la comunidad.


Afortunadamente, el 2019 también nos dejó motivos para la esperanza. La universalización del SIS y la aprobación de la nueva norma técnica para la atención integral de salud de adolescentes, por ejemplo. Confiamos en que, resultado de estas políticas, los servicios se tornen más amigables y pertinentes para las y los adolescentes, y contribuyan a la reducción del embarazo adolescente (14% a escala nacional) y las enfermedades de trasmisión sexual se reduzcan. Y es que si bien el porcentaje de adolescentes afiliados a algún seguro de salud se incrementó de 48.3% a 80.8% entre el 2007 y el 2017, los problemas mencionados no disminuyen.

Esta década ha sido testigo de importantes avances en educación intercultural bilingüe, incremento de la matrícula en los tres niveles de educación básica y la apuesta por una educación inclusiva, pero se mantiene latente el reto de mejorar la calidad educativa.

El 2020, antesala del bicentenario, es una oportunidad para darle a cada niña, niño y adolescente peruano la certeza de que sus derechos son respetados y que el Estado y la sociedad en su conjunto trabajan para generar las oportunidades que ellas y ellos requieren para hacer realidad sus proyectos de vida.
 

> Artículo publicado en el diario El Peruano el 26-01-2020