En la primera línea de respuesta
Trabajadores humanitarios de la región comparten sus experiencias asistiendo a decenas de niños, niñas y adolescentes en la ruta migratoria y en las comunidades de acogida, así como aquellos que viven en poblaciones excluidas y vulnerables
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En América Latina y el Caribe, millones de niños y niñas y sus familias han abandonado sus escuelas, amistades y comunidades recorriendo toda la región a través de un sinnúmero de flujos migratorios. Huyen de la violencia, la pobreza, el colapso de los servicios esenciales, xenofobia o las consecuencias del cambio climático.
Transitar por las rutas migratorias conlleva frecuentemente riesgos y experiencia peligrosa a través de terrenos plagados de violencia y delincuencia. Al no contar siempre con la documentación oficial o no disponer de medios para pagar el alto costo de la migración segura se agrava la situación para estos niños, niñas y sus familias.
Durante su viaje, así como en las comunidades de acogida, la niñez migrante requiere atención oportuna para cubrir sus necesidades básicas de alimentación, salud, protección, educación y alojamiento. En 20 países de la región, el personal humanitario de UNICEF y sus socios implementadores están listos para apoyar a esos niños, niñas y familias en movimiento.
UNICEF también responde a las necesidades emergentes de los grupos más vulnerables, entre ellos, los niños y niñas indígenas.
Sólo en 2022, más de 40,000 niños, niñas y adolescentes cruzaron la peligrosa selva del Darién - que une Colombia con Panamá - en busca de un futuro mejor. En los diez meses del 2023, la cifra ya se acerca a los 100.000.
BRASIL
Cuando la venezolana María Audaly, de 43 años, abandonó su tierra natal, nunca pensó que terminaría trabajando nuevamente en situaciones de emergencia en el país que formaría su nuevo hogar. En Brasil, es una de las asistentes de salud responsables de velar por la recuperación de niños y niñas yanomami, ike'uana y sanumã que sufren desnutrición en el Centro de Recuperación Nutricional de la Casa de Salud Indígena Yanomami (CASAI, acrónimo en portugués de Centro de Recuperação Nutricional da Casa de Saúde Indígena Yanomami) en la ciudad de Boa Vista en el estado de Roraima.
La minería ilegal de oro en la tierra yanomami tuvo un gran impacto en los medios de vida de las comunidades indígenas de Roraima y desencadenó una crisis humanitaria que provocó graves problemas de salud como desnutrición, malaria y envenenamiento por mercurio que amenazaron las vidas de los adultos y especialmente de los niños yanomami.
Los métodos amorosos de profesionales como María, combinados con enfermería y protocolos brasileños adaptados a las especificidades de los pueblos indígenas, permitieron que 127 niños con desnutrición aguda y crónica recibieran atención adecuada.
“La extrema vulnerabilidad, un idioma que no hablo y una cultura completamente diferente fueron, al principio, una gran barrera. Pero el cariño lo cambia todo. Cuando veo llorar a un niño o niña le abrazo con mucho amor y con ese gesto de cariño gano la confianza que necesito para alimentarlo con la fórmula nutricional. Los abrazos son un lenguaje global”.
COLOMBIA
“En lo primero que trabajamos es en explicarle a un niño o una niña que no tiene la culpa de la situación migratoria por la que está atravesando, que tienen derechos, que sus derechos viajan con ellos y ellas. Ese principio construye y edifica todo el trabajo”.
Lucho es parte del equipo de UNICEF en Colombia desde hace 14 años y, desde hace cinco años, es oficial de Protección para el área de Migraciones. En su día a día ha podido observar los desafíos que enfrentan niños, niñas y adolescentes migrantes: distintas formas de violencia, permanencia en calle y enormes dificultades para acceder a servicios básicos de protección social como educación y salud.
Lucho está constantemente pensando en cómo UNICEF puede seguir ampliando su respuesta a los migrantes. Diariamente escucha historias de situaciones complejas que deben superar los niños y niñas, pero lejos de desmotivarlo, convive en él la visión esperanzadora de la niñez y la adolescencia: “Tienen algo maravilloso: nos enseñan a convivir en escenarios de integración en donde confluyen comunidades migrantes y de acogida”.
Para lograr esa confluencia en las comunidades que lo reciben, UNICEF trabaja en Colombia junto a sus socios para brindar espacios seguros a los niños, niñas y adolescentes, en los que se previenen violencias, se facilitan espacios de educación no formal y el tránsito a la formal, y se generan espacios para que, a través de la música o de discusiones, se sientan integrados en sus comunidades.
Colombia acoge a la mayor cantidad de personas refugiadas y migrantes provenientes de Venezuela: casi tres millones, según cifras actualizadas a agosto de 2023 por la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes (R4V).
GUYANA
Gracias al conocimiento del contexto local y su integración a la comunidad, los socios de UNICEF desarrollan una parte fundamental del trabajo humanitario en toda la región.
Shona Jones es parte del equipo de Blossom Inc, una organización que UNICEF apoya en Guyana para gestionar los Centros de Defensa Infantil. Estos centros proveen espacios en los que los niños y niñas y sus familias se sientan seguros y cómodos para contar sus historias cuando han sido víctimas de abuso, explotación, violencia o abandono.
Shona trabaja con decenas de migrantes, entre ellos algunas sobrevivientes de violencia basada en género. En el ejercicio de sus funciones, conoció a Carla*, una venezolana sobreviviente de violencia de género que, junto a su hijo Miguel*, ha recibido apoyo constante para superar las situaciones de abuso que experimentó cuando trabajaba en las minas y para recibir los servicios esenciales para el cuidado de su hijo. “Me siento agradecida de verdad, porque las veces que he tenido dificultades, situaciones difíciles he acudido a ellos y me han brindado el apoyo en lo que han podido, con las rentas, comida y útiles personales”, dijo Carla sobre el trabajo de Shona y su equipo.
“La vida como migrante nunca es simple y sin importar cuántos servicios de apoyo podamos darles, siempre va a ser difícil. Así que siempre tenemos que estar ahí para ellos. Los niños y niñas también sufren. El trauma los acompaña mucho más allá de su niñez. Por eso es necesario trabajar con ellos”.
HONDURAS
Luego de varios días de viaje, y tras atravesar Panamá y Nicaragua, muchos niños, niñas y adolescentes conservan las heridas psicológicas de su caminar por la selva y carreteras.
En Honduras, UNICEF integra el Consorcio LIFE, junto a otras organizaciones sociales que ayudan a los migrantes. Una de ellas es ChildFund, que coordina Espacios Amigables para la Infancia en diferentes puntos de la frontera.
En el sector “El Pescadero”, en Danlí, desde octubre de 2023 hay instaladas carpas junto a la oficina de Migración. Allí reciben a los niños y niñas migrantes para que puedan jugar, sentirse seguros y protegidos mientras reciben ayuda psicológica durante su permanencia en este punto de transición de su viaje.
Óscar Madariaga es uno de los especialistas en protección infantil que brinda actividades de salud mental y apoyo psicosocial en ese Espacio Amigable a los niños y niñas que van llegando.
“Lo más gratificante del trabajo es ver cómo el proyecto funciona, cómo las actividades ayudan a los niños”.
Junto a su equipo, Óscar realiza actividades lúdicas como estrategia para reducir el estrés de los niños y niñas que llegan caminando desde la selva del Darién. También les enseñan habilidades para protegerse y prevenir la violencia.
"Llegan con mucha carga emocional de la selva, entonces aquí tienen acceso a actividades que les quitan estrés, como juegos y cuentos", explicó Óscar.
Una de las actividades que realizan para destrabar situaciones complejas, así como prevenir o detectar casos de abuso sexual, es la dinámica de la puerta abierta/puerta cerrada. “Si yo no le cuento a nadie un problema que yo tuve, eso más bien limita mi posibilidad de resolver los problemas. Pero si le cuento a mi familia o a alguien importante, entonces ahí la puerta está abierta”, señaló Óscar.
PANAMA
“El mayor desafío es tener la suficiente inteligencia emocional para no quebrarte en el momento en que un niño te relata lo que pasó en la selva. Nuestro trabajo a veces resulta en escucharles, que ellos puedan liberar y obviamente eso nos carga mucho y debemos gestionar eso”.
Es un ingeniero con perfil bien social, según dice, por herencia familiar. “El corazón comunitario de mi mamá me ha hecho saber desde el primer momento, que sea lo que sea que estudiara, tenía que poder ayudarle a la gente”, dijo Jhon Tovar Barrera, un ingeniero ambiental especializado en agua, saneamiento e higiene que trabaja para UNICEF en la salida de la selva del Darién, del lado panameño.
Jhon es colombiano y desde hace más de un año se fue a Metetí, un pueblo de unos 12.000 habitantes1, en el que la vida cotidiana muchas veces se hace difícil por “la carga energética y emocional tan alta del trabajo”, sumada a la a pocas oportunidades de esparcimiento. “Ese día a día en el pueblo es tan agotador como el mismo día del trabajo”, relató.
Pero Jhon logra ver también muchas cosas buenas dentro de los duros relatos que recibe de los migrantes. Según contó, es increíble “ver a los niños, cómo salen de la selva luego de haber logrado pasar una situación muy difícil e igual tratan de ponerle una sonrisa a la vida”.
“Una de las cosas que me impactó desde el primer momento fue el estado de sus pies, completamente destruidos, con hongos, con heridas. Esa imagen para mí es muy fuerte porque te muestra todo lo que han tenido que caminar para llegar hasta acá”, dijo Jhon.
Su trabajo consiste en colaborar para asegurar el derecho al agua y saneamiento en 10 comunidades de la comarca indígena Emberá-Wounaan que se han visto sobrepasadas por el flujo migratorio.
1Según estimaciones publicadas por el Ministerio de Salud (Minsa) de Panamá
PERU
“Vemos a niños, niñas, adolescentes llegar al Perú con rostros que sólo pueden transmitirnos el valor que han tenido para dejarlo todo y empezar una nueva vida. Eso nos hace trabajar con una visión humanitaria que forma parte de un gran trabajo integral que va más allá. Nos importa la vida de cada uno de ellos, sobre todo de aquellos que viajan solos. Es un compromiso que nos motiva diariamente”.
Yoko Wada, nacida en Japón, está vinculada a UNICEF desde 2004 y ha trabajado en Chile, Bolivia, Sudán, Uganda, Afganistán y Venezuela. Desde 2019, lidera el equipo de Protección en Perú, donde apoya en la atención de cientos de miles de niños, niñas y adolescentes migrantes que requieren atención.
La mayoría llegan con sus familias, pero no todos. UNICEF estima que por mes aproximadamente 50 niños, niñas y adolescentes cruzan la frontera sin acompañamiento de su madre, padre o cuidador, lo que plantea enormes desafíos.
“En Perú estamos experimentando una ola de personas que están llegando con dificultades. Muchos sufren de xenofobia, problemas de integración y falta de acceso a servicios básicos como salud y educación”, dijo Yoko.
La primera línea de trabajo para UNICEF con la niñez y adolescencia migrante es de ayuda humanitaria, directamente en la frontera. “Cuando entran al país brindamos alimentos, kits de higiene. Luego también identificamos sus necesidades: por ejemplo, si están viajando solos o solas y necesitan una reunificación familiar”, dijo.
El siguiente paso, cuando ya están en proceso de adaptación, es ayudarlos a que tengan servicios básicos como educación y salud.
Lucho, Shona, Óscar, John y Yoko son parte de la red de trabajadores humanitarios desplegada en toda la región que dan respuesta a las necesidades más apremiantes de los niños y niñas que caminan miles de kilómetros con la esperanza de llegar a su nuevo hogar.
Detrás de cada uno de estos trabajadores, conviven historias individuales de esfuerzo y compromiso de seguir sirviendo a la niñez.
Para seguir proporcionando asistencia vital a niños, niñas y familias de América Latina y el Caribe, UNICEF necesita recaudar 730 millones de dólares en 2024. Estos recursos permitirán reforzar la respuesta a las crisis emergentes de la región, el reforzamiento de los sistemas locales y nacionales de respuesta, así como para proporcionar a los niños, niñas, adolescentes y a sus familias acceso a los servicios esenciales a lo largo de su viaje migratorio. Además, estos fondos servirán para llevar a cabo intervenciones integradas que faciliten el acceso de los niños, niñas y adolescentes a la educación, salud y servicios de protección en las comunidades de acogida.

