Del cielo gris al arcoiris

La travesía de una madre migrante en Guyana

UNICEF LAC
Una mujer alza a su hijo en brazos en una playa
UNICEF/UNI463201/Cisneros
09 Noviembre 2023

Carla migró de Venezuela a Guyana huyendo de la crisis económica de su país. Al llegar a su nuevo destino enfrentó múltiples riesgos, incluidos abusos y violencia de género. Ahora  Gracias al apoyo de UNICEF y sus aliados tiene una nueva oportunidad para forjar un futuro mejor para su hijo.

 

 

Carla y su hijo Miguel[1] juegan descalzos en la arena de una pequeña playa al borde del río Mazaruni, uno de los ríos que bordea la ciudad porteña de Bártica, Guyana.

Una tormenta se acerca, las nubes grises y pesadas amenazan con finalizar el juego. El sonido que ambienta la escena es una muestra de la diversidad cultural del país: suena una mezcla entre reggaetón con música tradicional india.

Miguel nació en 2021 en Guyana, pero Carla está a 1.739 kilómetros del estado Sucre, en Venezuela, donde nació hace 33 años. Poder jugar hoy con su hijo ha sido una travesía larga y llena de dificultades para ambos.

Después de vivir en distintas ciudades de Venezuela en búsqueda de mejores condiciones de vida, decidió emigrar.. “Traté de buscar un lugar donde yo pudiera sentirme bien”, recuerda. Llegó a Guyana en 2017 después que una conocida le contara sobre las oportunidades que le podía dar el país.

En Guyana, la recibió la ciudad minera de Puruni. Carla había llegado con la esperanza de más trabajo y una mejor economía. Pero la primera noche fue dura y la marcaría para siempre.

 

[1] Los nombres de Carla y Miguel son ficticios. Fueron modificados para proteger la identidad de ambos.

Carla se encuentra en un mercado viendo unos bananos
UNICEF/UNI463134/Cisneros Carla debió adaptarse a la soledad del migrante y en su camino a Guyana sufrió varios episodios que la marcaron. Pero la ayuda recibida y la esperanza de un futuro mejor para su hijo de dos años, la impulsan a seguir adelante.

Al notar que era nueva en el pueblo, un hombre se le acercó y le ofreció ayuda y trabajo. Carla se alegró. Después de viajar tanto, vio una esperanza en esta nueva oportunidad. Subió al auto del hombre. Después de un rato, se dio cuenta que el hombre se alejaba cada vez más del pueblo. Asustada, se tiró del vehículo en movimiento.

Cuando logró regresar, le contó a unas mujeres lo que había pasado. Ellas le dijeron que era práctica común el secuestro de mujeres. Carla aprendió esa noche que su travesía no iba a ser fácil, y que debía cuidar dónde ponía su confianza. “En las minas como tal, no hay ley. Porque son lugares lejanos, muchas veces sin cobertura”, recuerda.

En Puruni, Carla tuvo opciones laborales escasas e ingresos insuficientes. Tuvo múltiples trabajos, principalmente en cocinas, y muchas veces trabajó para personas que no le pagaban.

Cuenta que se sintió en peligro en varias oportunidades, teniendo que aceptar trabajos que no quería para poder salir adelante con las cuentas.

Minas en Puruni donde hay equipo pesado de excavación
UNICEF/UNI463211/Cisneros “En las minas como tal, no hay ley. Porque son lugares lejanos, muchas veces sin cobertura”, dijo Carla, que debió pasar por momentos muy duros en su tiempo trabajando en Puruni.

Fue en este tiempo que quedó embarazada. Encontrar trabajo se hacía cada vez más difícil y en medio del embarazo se separó del papá del bebé. Su salud estaba en declive porque había contraído malaria varias veces.

Carla se sentía desesperada y encerrada, pero sobre todo, sola. No quería salir de su habitación. ”Como me sentía mal, no hallaba qué hacer porque no estaba bien de salud. Y económicamente no estaba estable”, recuerda.

Sistemas de apoyo lejos de casa

Carla es una mujer independiente. Habla bajito y pausado. No le gusta molestar a nadie y está acostumbrada a valerse por sí misma. Pero, durante su embarazo, se cuestionó muchas veces qué hacer al verse tan sola en un país que no era el suyo.

Fue en ese momento que decidió buscar ayuda. Acudió a una organización sin fines de lucro, socio implementador de UNICEF, que trabaja con niñez y población migrante en Guyana, llamada Blossom Inc. “Decidí acudir a ellos por el bebé. No pensé tanto en mí, pensaba en el bebé”, explica.

UNICEF trabaja en alianza con múltiples actores de la sociedad civil, para poder así tener impacto directo en la niñez y sus familias. “Ellos fungen ese rol catalizador que nos ayuda llegar a todas las comunidades y proveer así los servicios directamente a quienes más lo necesitan”, explica Nicolas Pron, representante de UNICEF para Guyana y Suriname.

Es de esta manera que UNICEF apoya a Blossom Inc y otras organizaciones a través de los Centros de Defensa Infantil. Estos centros proveen espacios seguros para la niñez y sus familias, de manera que puedan contar sus historias en un ambiente seguro cuando han sido víctimas de abuso, explotación, violencia o abandono.

Gracias a esta alianza y con la ayuda de la organización, Carla pudo salir de las minas de Puruni, pues la zona no tenía las condiciones médicas adecuadas para atender un parto. Una vez relocalizada en la ciudad de Bártica, tuvo acceso a servicios médicos, ayuda con sus trámites migratorios, una habitación, comida y utensilios de higiene.

La atención oportuna a la situación de Carla permite que Miguel, quien hoy tiene dos años, sea un niño sano, inquieto y curioso. Se concentra intensamente al jugar, pero se aburre rápido. Quiere más. Exige atención constante. Tiene mucha energía y quiere hacerlo todo al mismo tiempo: saltar, mojarse, ver videos, jugar con los peluches y pretender que es un dinosaurio mientras corre.

Carla está sentada en un cuarto preparando comida en una estufa
UNICEF/UNI463197/Cisneros Luego de los abusos sufridos en las minas, y de atravesar algunas condiciones de salud estando embarazada, Carla consiguió apoyo para mudarse a Bártica, donde vive con su hijo soñando con un futuro mejor.

“Cada niño y niña en Guyana debe tener una oportunidad de vivir una vida libre de violencia. Derecho a la protección, a la libertad, a la felicidad. Ese es el derecho de cada niño y niña en Guyana, sin importar si es guyanés o de alguna comunidad migrante”, señala Pron,

Los retos de la migración

Carla es parte de los 23.700 venezolanos en Guyana, según los datos de la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes. De acuerdo con Blossom Inc, organización que trabaja con migrantes en siete regiones del país, los venezolanos son alrededor de un 80% de los migrantes que llegan al país. El resto provienen de Brasil, Cuba y Haití.

Independientemente de su nacionalidad, las personas migrantes enfrentan múltiples obstáculos al llegar a este país sudamericano. Si bien el gobierno de Guyana ofrece acceso a servicios de salud, el acceso a educación, trabajo digno, comida y refugio aún es difícil para quienes migran. El principal reto, especialmente para los migrantes de Venezuela, es la barrera del idioma pues Guyana es un país angloparlante.

Las zonas mineras son particularmente peligrosas para las mujeres migrantes quienes enfrentan violencia, explotación y tráfico sexual.

“La vida como migrante nunca es simple y sin importar cuántos servicios de apoyo podamos darles, siempre va a ser difícil. Así que siempre tenemos que estar ahí para ellos”, explica Shona Jones, Gerente de Migraciones en Blossom Inc, organización aliada de UNICEF.

Esperanza en el futuro

El sacrificio de estar lejos de casa para una persona migrante está siempre vinculado con las posibilidades del futuro. De un futuro mejor para sus familias. Para Carla, ese futuro está puesto en la esperanza de más oportunidades para su hijo Miguel.

Un oficial de UNICEF en Guyana carga a Miguel, hijo de Carla
UNICEF/UNI463136/Cisneros Miguel recibe apoyo de un oficial de UNICEF en Guyana.

“Con todas las experiencias que he vivido, todavía sigo con mucha fe, con mucha esperanza. Y, lo más positivo que me ha pasado, es que ahorita tengo a mi hijo y que gracias a la lucha constante puedo estar con él”, dice Carla.

Gracias al poyo de UNICEF y sus aliados en terreno, Carla como otros migrantes reciben apoyo psicosocial, para ayudarles a atravesar las complejas situaciones que trae la adaptación a un nuevo país, idioma y cultura. “La psicóloga de verdad que me ha ayudado a ver las cosas desde otro punto de vista cuando me he sentido afligida o me he sentido confundida”, agradece Carla.

Carla ha estado aprendiendo inglés poco a poco. Aún no lo habla con fluidez, pero entiende lo suficiente para manejarse en las actividades cotidianas. Miguel crece como un niño bilingüe que vive entre dos culturas. Dice “come, come” en inglés para pedirle a su mamá que se acerque. Entiende cuando su mamá le dice “ya no más” en español.

“Para mi hijo quiero un futuro estable. Quiero que él sea un hombre de bien, un hombre estudiado, un hombre sabio. Para eso estoy intentándolo una y otra vez, para que él tenga una vida normal como todo niño”, desea Carla.

Carla camina con su hijo Miguel en la playa
UNICEF/UNI463200/Cisneros “Para mi hijo quiero un futuro estable. Quiero que él sea un hombre de bien, un hombre estudiado, un hombre sabio”, dijo Carla, que suele dedicar mucho tiempo a jugar con Miguel.

Una vida normal y llena de juegos. Las nubes grises no logran terminar el juego y por el contrario dan paso a un arcoiris luminoso, que termina en la mitad del río.

Carla lo mira mientras respira profundo. Llegó a Guyana a través de este río. Le hace recordar los paisajes de Venezuela. La vida de antes. “Vienes así a respirar aire fresco al río y es cuando sientes como ‘ah que alivio"', dice. Cuenta que le gusta tomarse un momento y absorber esa paz. Para seguir pensando el futuro de su familia. Pensar en la vida que viene y seguir jugando con Miguel.

UNICEF trabaja para el bienestar de las familias que debieron salir de sus países. A través de programas implementados por socios locales, permite que, así como Carla puede jugar con Miguel, miles de migrantes cuenten con ayuda en los países de acogida de toda la región.