Dirsupting Harm:
Explotación y abuso sexual de niñas, niños y adolescentes facilitados por la tecnología en Colombia
Puntos destacados
Disrupting Harm es una iniciativa global pionera, lanzada en 2019, que busca visibilizar cómo las tecnologías digitales se utilizan para explotar y abusar sexualmente de niños, niñas y adolescentes, y proporcionar a los países la evidencia necesaria para poner fin a esta violencia. Financiado por Safe Online e implementado por ECPAT International, INTERPOL y UNICEF Innocenti, el proyecto se ha desarrollado en 25 países de seis regiones del mundo.
En Colombia, la investigación se llevó a cabo entre 2023 y 2025. El estudio analiza cómo ocurre la explotación y el abuso sexual infantil facilitados por la tecnología, identifica factores de riesgo y de protección, y ofrece una hoja de ruta basada en evidencia para que gobiernos y aliados puedan actuar.
Hallazgos principales en Colombia
- Más de 1 de cada 5 niños, niñas y adolescentes (21 %) en Colombia fue víctima de explotación o abuso sexual facilitados por la tecnología en un solo año.
- La forma más común es la recepción de contenido sexual no deseado, aunque existen diversas dinámicas que van desde la manipulación hasta la extorsión.
- Las niñas están en mayor riesgo, pero los niños también son afectados, aunque su victimización suele permanecer más oculta.
- La violencia ocurre tanto en entornos digitales como presenciales: la frontera entre lo online y lo offline es difusa: el abuso puede empezar en persona y continuar en internet, o comenzar en línea y escalar hacia encuentros presenciales, extorsión o explotación.
- En la mitad de los casos, los agresores son personas conocidas, lo que desafía la idea de que el principal riesgo proviene de desconocidos en internet.
- Factores como la violencia en el hogar, la vulnerabilidad económica y la falta de apoyo aumentan significativamente el riesgo.
- Las consecuencias son graves y duraderas, incluyendo ansiedad, culpa, vergüenza, autolesiones y mayor riesgo de suicidio.
- La mayoría de los casos no se denuncia, debido a barreras como el miedo, la culpa, la desconfianza y el desconocimiento de rutas de ayuda.
- Existen vacíos en la respuesta institucional, tanto en marcos legales como en protocolos específicos para abordar estas formas de violencia digital.