Josveglys: el largo camino para continuar sus estudios
Josveglys, una niña migrante venezolana de 13 años, nos cuenta cómo fue su camino para incorporarse al sistema educativo colombiano
Sentada cerca al tablero, Josveglys está atenta a la profesora, quien alza la voz para que los alumnos de atrás del salón escuchen. De vez en cuando voltea a ver a sus compañeros, con quien comparte un par de risas sin dejar de escuchar del todo a la maestra. Esta escena típica de colegio toma un color especial si se piensa que esta joven de 13 años, como muchos otros niños, niñas y adolescentes migrantes, podría no estar estudiando en este momento.
Al igual que los 2.5 millones de venezolanos que han ingresado a Colombia en los últimos ocho años, Josveglys y su familia decidieron salir porque el dinero no alcanzaba. Partir del país natal no solo implica dejar todo lo conocido, también significa una incertidumbre para los niños, niñas y adolescentes en edad escolar frente a la continuidad de sus estudios. El deseo de seguir estudiando está allí, pero las circunstancias ponen a prueba a las familias.
“Vine hace más de cuatro años”, recuerda Josveglys, quien porta el uniforme de bachillerato de falda hasta las rodillas y camiseta blanca. “Me pareció algo triste salir de Venezuela porque me iba a alejar de mi país, de la tierra donde había nacido, donde me había criado”, cuenta. Su mamá salió primero del país y se instaló en Cúcuta, (Norte de Santander, departamento fronterizo con Venezuela), y ella llegó después con sus dos hermanos. De su país, llegó con cuarto grado de primaria terminado. “La verdad, al principio estuve muy asustada porque no pensé que me iba a adaptar. También está la tristeza por haber dejado muchos amigos”, recuerda, mientras sus nuevos amigos conversan a la salida del salón. Pero al mismo tiempo, al llegar a Colombia hubo “alegría y alivio de volver a estar con la familia completa”. Una vez logran el reencuentro, es la madre de Josveglys quien primero se preocupa porque su hija vuelva a estudiar.
Algunas veces, las familias migrantes no tienen muy claro cómo conseguir un cupo en las escuelas del lugar al que llegan, y a veces estas no tienen los cupos suficientes para recibir a todos los y las estudiantes. Pero esta no es la única problemática. Las y los migrantes a veces han pasado años enteros sin estudiar mientras se reubican, y los procesos escolares se ven truncados. Las niñas, niños y adolescentes corren el riesgo de rezagarse, lo que dificulta después la entrada a un colegio donde puedan ir al ritmo de sus nuevos compañeros y compañeras. En casos extremos, la frustración de los niños y niñas, así como la de sus familias, puede llevarlos a abandonar el estudio.
En Cúcuta, sin embargo, Josveglys transita entre programas que promueven su nivelación escolar para niños y niñas en edad escolar. Cuando llegó a Colombia, esta joven no solo había recorrido un largo camino para cambiar de país. También, Josveglys se encontró con que le esperaba otra milla extra porque necesitaba refuerzo para siquiera pensar en entrar a una institución educativa. Las matemáticas y la comprensión de lectura le parecían montañas cada vez más altas y las estadísticas de la región tampoco estaban a su favor.
Al igual que muchos niños y niñas migrantes, para lograr ingresar a un colegio, Josveglys necesitaba nivelarse, y logró tomar clases de refuerzo escolar para estas asignaturas. Allí, ella trabajó en mejorar su comprensión de lectura, y es así como logró pasar la prueba y entrar a un programa de aceleración de aprendizaje liderado por World Vision, en coordinación con la Secretaría de Educación y UNICEF, paso previo para ingresar a un colegio.
“Me adapté mucho más, y a la profesora del refuerzo también le agarré mucho cariño, porque ella fue como una segunda mamá para mí. Ahorita estoy en sexto (primero de bachillerato), ya pasé a la escuela oficial y ahorita estoy empezando… ojalá y Dios quiera que pueda ganar este año y seguir así hasta llegar a una tener una carrera buena y poder estudiar profesionalmente”, cuenta Josveglys mucho más sonriente.
Gracias a sus ganas de seguir estudiando y escalando estas “montañas”, hoy en día, se encuentra matriculada en una escuela del Departamento, el futuro no le parece tan lejano y ya se imagina como una profesional. “Dentro de unos años yo me imagino estudiando criminología, me parece un tema muy interesante sobre misterios, sobre tener que investigar, ayudar a las personas, me imagino que seré buena en eso. Ese logro tiene que ver con el empeño en querer estar, yo creo que lo importante es que los estudiantes logran visualizarse acá en estos modelos de aprendizaje”, dice, convencida en que le espera un gran futuro educativo por delante.
El reto de reubicarse y continuar estudiando como Josveglys, lo viven niñas y niños migrantes y se vio agravado por la pandemia, en donde un porcentaje importante de niños y niñas en el mundo no puede leer para aprender. Hoy, en América Latina y el Caribe se estima que 4 de cada 5 niños y niñas de 10 años no pueden leer y/o entender un texto simple. (Informe del Banco Mundial, UNICEF y UNESCO, 2022). Este hecho, que parece fácil de solucionar, es importante pues no sólo se trata de aprender a leer, sino facilitar el acceso a otros procesos de aprendizaje.
Si bien a nivel nacional los niños, niñas y adolescentes pueden acceder a los modelos educativos flexibles, en muchos casos no pueden leer y/o comprender lo que leen. Esto dificulta su ingreso a modelos de educación flexible, como los modelos de aceleración de aprendizaje, o al colegio. No poder entender lo que se lee dificulta la apropiación de conocimientos inmersos en otras áreas de conocimiento, el progreso efectivo durante su trayectoria educativa y/o un óptimo desempeño en su posterior carrera profesional.