Día Mundial del Agua 2025

Así es cómo el acceso a agua, saneamiento e higiene está transformando las vidas de Anyi, Andrés y Yuraiza en La Guajira

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Augusto Pinedo
21 Marzo 2025
Tiempo de lectura: 7 minutos

La Guajira es un ejemplo paradójico de cómo las sociedades se han organizado a lo largo de los años. Los seres humanos históricamente se han asentado alrededor de las fuentes disponibles de agua dulce, como ríos o lagos. Pero en esta península, ubicada al norte de Colombia, las fuentes de agua son escasas, subterráneas, y cuando las hay, el agua suele ser contaminada o salubre, es decir, con fuertes cargas de sodio que pueden ser perjudiciales para la salud de las comunidades indígenas wayúu que habitan la zona de la Alta Guajira, especialmente, de niñas y niños.

El cambio climático ha exacerbado esta situación, y el agua que se conseguía tradicionalmente en jagüeyes (zanjas de agua), se agota. En medio de ambientes desérticos y áridos, donde las temperaturas pueden superar los 40° centígrados, las comunidades están dispersas a lo largo de todo el territorio, y por décadas, han vivido con la insuficiencia del agua disponible, situación que solo parece empeorar. 

Tanque de agua en la comunidad Campamento en La Guajira
UNICEFColombia/2025/LaGuajira/Pinedo

Esta historia está cambiando para algunas comunidades. En Campamento, una ranchería en la zona rural de Maicao, Andrés Palacios, de 19 años, se levanta sobre las siete de la mañana para alistarse y empezar su jornada. Tiene ahora la fortuna de poder bañarse y preparar su desayuno con agua potable antes de para empezar sus actividades. Además de disfrutar del bienestar de tener agua potable, Andrés opera el sistema que UNICEF, en alianza con la Fundación Baxter Internacional y en asocio con la Fundación Halü, instalaron en febrero de este año para surtir de agua potable y a su escuela y a su comunidad. Dicha entrega hace parte del programa Ayana’ajirawaa, que inició en 2021 y ha llevado agua limpia, saneamiento e higiene a cerca de 60 comunidades.

Este sistema de agua, en particular, abastece a dos comunidades: Campamento y Manantial de Vida, también en Maicao, y, además del agua potable, lleva agua cruda a los baños del colegio, lo que ha permitido que niñas, niños y adolescentes tengan acceso a este servicio, mejorando su bienestar y dignidad, su asistencia escolar y su salud.

Para Andrés tiene una motivación: ver los cambios en su colegio, pues como él dice, ahora es otra cosa. Y es que, más allá de una actividad que hace paralela a sus estudios todos los días, la manipulación del sistema que transforma la realidad de más de 480 estudiantes en su escuela se ha convertido en una pasión y un proyecto de vida. Esto lo dice mientras explica que, para su correcto funcionamiento, se deben prender primero las turbinas 1 y 2 del sistema, luego apagar únicamente la primera y proceder a encender la tercera hasta completar los 5 mil litros de capacidad.

Este joven recuerda cómo todo empezó cuando a él y a su comunidad les plantearon el proyecto y les explicaron cómo iba a funcionar. Ahí, decidió unirse al comité de agua, un grupo conformado por la misma comunidad como parte activa del proyecto, leer los manuales del funcionamiento del sistema y liderar este proceso que, en sus palabras, ha hecho de su colegio y su comunidad “un mejor lugar”.

“Antes nos daba miedo jugar en el descanso, porque eso significaba que nos iba a dar sed y no teníamos de dónde tomar agua. Ahora somos libres para jugar y tomar agua cada vez que lo necesitemos”.

Andrés Palacios, Maicao, La Guajira
Andrés Palacios
Niños disfrutando del agua, Campamento, Maicao en La Guajira

Anyi Ospina lleva sus 17 años de vida viviendo en Campamento con su familia. Al igual que Andrés, es testigo de cómo el agua cambió su vida, la de su familia y la de su comunidad.

“Cuando consumíamos agua contaminada vivíamos enfermos y no lo sabíamos, a mí me salían unos punticos blancos en la piel, que siempre que me ponía al sol me empezaban a rascar y era muy molesto, pero desde que tenemos el agua potable, no me volvió a pasar”, cuenta.

Acceder al agua en su colegio ha significado también una reducción de la deserción escolar.  Ahora las niñas y niños quieren ir a estudiar, porque además de aprender, muchos de ellos van con botellas para llenarlas y así poderles llevar también agua potable a sus familias.

“Tener agua en el colegio se ha vuelto un incentivo para que los niños y niñas quieran venir; encuentran baños dignos, donde tomar agua y un lugar seguro y tranquilo donde sus papás también están tranquilos de que ellos estén”, agrega Anyi.

En su casa, empezando por su papá, que siempre les dice que deben ser conscientes de la importancia de cuidar el agua, se han organizado para dar una contribución económica voluntaria, para que cuando el sistema presente alguna falla, contar con recursos para arreglarlo. Este modelo de aportes permite que las familias se involucren y se comprometan con la sostenibilidad de los sistemas en el largo plazo.

Anyi Ospina, de Maicao en La Guajira

“Tenemos que cuidar el agua porque nosotros, más que nadie, sabemos las consecuencias de no tenerla”.

Anyi Ospina, 17 años, La Guajira

Este proyecto también ha llegado a la zona rural de Uribia, conocida como ‘la capital indígena de Colombia’. Allí vive Yuraiza, de 17 años, en la comunidad de Jasaichon.

“Antes teníamos que caminar, llevar el ganado hasta otra comunidad en donde sí tenían agua, aunque también estaba contaminada porque allí los animales hacían sus necesidades, y luego volver en la tarde bajo el sol. Ahora, tenemos el agua cerca y tengo más tiempo para estudiar, prepararme y cuidar el ambiente de mi comunidad que tiene mucha contaminación”.

La realidad de muchas familias, incluyendo niñas y niños como Yuraiza, gira en conseguir agua para consumir, pero también para subsistir; sembrar alimentos y tener este recurso disponible “ha abierto un mundo de posibilidades para nosotros”, dice.

“Antes teníamos que ir, bañarnos rápido al aire libre o detrás de los matorrales porque a veces pasaba gente que nos miraba y nos sentíamos incómodas, ahora me puedo bañar en mi casa, y me siento limpia y me siento sana”, dice Yuraiza. Gracias a su participación en los comités de agua, Yuraiza logró estar en la COP 16 de Biodiversidad en Cali, y ahora es una apasionada de los temas de cambio climático, tanto así, que está buscando oportunidades para estudiar ingeniería ambiental. Dice que su objetivo es que a partir del conocimiento que tiene de su comunidad, pueda adquirir las capacidades técnicas necesarias para retribuirle y transformar el medio ambiente que tanto les ha dado. Por eso, ha iniciado conversaciones con los adultos de su ranchería para, entre todos, hacer una gran huerta sostenible que les permita abastecerse también de alimentos. 

“Antes teníamos que ir, bañarnos rápido al aire libre o detrás de los matorrales porque a veces pasaba gente que nos miraba y nos sentíamos incómodas, ahora me puedo bañar en mi casa, y me siento limpia y me siento sana”

Yuraiza Jarariyo, 17 años, Uribia
Yuraiza

Estas iniciativas han convertido las juventudes de la comunidad en el centro de todos los planes, pues son ellos quienes podrán seguir promoviendo estas transformaciones en la salud, seguridad y bienestar de toda la comunidad y la sostenibilidad de los servicios que están empezando a recibir.

El proyecto Ayana’ajirawa, liderado por UNICEF Colombia y apoyado por la Fundación Baxter y en asocio con la Fundación Halü, ha llevado el acceso a agua potable, saneamiento básico e higiene a más de 24 mil personas de comunidades en Uribia y Maicao en La Guajira, transformando la vida, especialmente, de niñas, niños y adolescentes, y ahora busca expandir sus acciones en municipios priorizados en el departamento de Chocó, para mejorar condiciones de salud, nutrición en estas regiones.