30 de agosto, en Arauca: más que una fecha, un símbolo de integración

En un asentamiento de este municipio, la determinación de Marlin y su comunidad fue clave para mejorar la vida de niñas, niños y adolescentes.

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Augusto Pinedo
25 Marzo 2025
Tiempo de lectura: 6 minutos

La comunidad 30 de agosto ha sido protagonista de una transformación profunda, en donde la solidaridad y el trabajo colectivo han sido claves para garantizar que sus habitantes, especialmente niñas, niños y adolescentes, vivan en un entorno seguro y saludable. Marlin Rodríguez es una lideresa venezolana que llegó a Colombia hace seis años con su familia. Desde entonces, ha sido una pieza fundamental en la organización y el fortalecimiento de esta comunidad ubicada en el suroccidente de Arauca junto a una laguna, que en temporada de lluvias suele rebozarse e inundar la calle principal con el agua contaminada de los pozos sépticos y sobre la cual están construidas casi cien casas habitadas principalmente por familias migrantes, colombianas, afro e indígenas.

Marlin recuerda con orgullo y algo de nostalgia cómo fue su llegada a Colombia: “Llegamos desde Venezuela a la orilla del río Arauca, sin un lugar donde quedarnos. Vivíamos de lo que podíamos, mi esposo y yo cargando mercancía como ‘carrucheros’ para los migrantes. Pero siempre tuvimos la esperanza de que las cosas mejorarían”. Esto lo cuenta sentada en un pequeño espacio que asemeja a una terraza en la entrada de su hogar y desde donde ahora se divisan las demás casas construidas con esfuerzo y trabajo por toda la comunidad después de que Marlin y otras familias iniciaran su proceso de asentamiento.

“Eran una especie de callejones desordenados, con mucha contaminación y sin acceso a servicios básicos”

Marlin
Marlin caminando por el barrio 30 de agosto, Arauca
UNICEFColombia/2024/Arauca/Pinedo

Dice que la vida diaria era una lucha constante, pues no tenían agua potable, electricidad ni saneamiento y esto generaba enfermedades en la comunidad, especialmente en niñas y niños que sufrían de fuertes episodios de enfermedades gastrointestinales como diarreas y vómitos, además de erupciones en la piel que los médicos atribuían al consumo de agua contaminada y su uso en las tareas diarias.

La llegada hace más de dos años del proyecto "Transforma", de UNICEF, marcó un hito para la comunidad, pues no solo promovía la integración en contextos migratorios, sino que también ofreció herramientas para trabajar en conjunto con la institucionalidad local y la cooperación internacional. “Al principio, la gente no quería participar en los talleres, pero fuimos poco a poco mostrando que unirnos era la única manera de salir adelante”, cuenta Marlin. 

La organización comunitaria se convirtió en la clave para empezar a cambiar esta realidad. “Tocaba luchar cada día, pero poco a poco fuimos logrando cosas”, relata Marlin cambiando lentamente a un tono orgulloso.

Marlin en el mural de el barrio 30 de agosto
UNICEFColombia/2024/Arauca/Pinedo

Las relaciones entre colombianos y venezolanos, que antes estaban marcadas por la discriminación o la diferencia, empezaron a mejorar. “Mis hijas participaron en el proyecto 'Inspira', también de UNICEF, donde aprendieron a convivir, a ser respetuosas, y eso ayudó a que, por ejemplo, mi hija Dubraska, que era muy rebelde, se relacionara mejor con los demás”, relata con emoción. Y es que la integración, el respeto y el trabajo conjunto fueron claves para la armonía y la organización dentro del asentamiento, tanto así, que ahora trabajan también con la comunidad vecina, con quienes antes tenían diferencias por usar sus mangueras para acceder al agua. Incluso han hecho un mural entre todos, en donde se resalta el mensaje “Uniendo fronteras”.

La prioridad de la comunidad ha sido siempre garantizar un entorno protector y saludable para los niños, niñas y adolescentes. Antes, las zonas cercanas eran peligrosas, con problemas de drogadicción y violencia. “Hubo casos de abuso sexual, pero ahora trabajamos todos juntos  y conocemos las rutas comunitarias e institucionales para que esas prácticas nocivas no se repitan. Tenemos un Comité de Acción Comunal que se encarga de garantizar la seguridad, especialmente de los más pequeños”, señala Marlin, quien también se desempeña como conciliadora de conflictos.

Adicionalmente, todo este trabajo les permitió organizarse y así poder contar en la actualidad que  uno de los logros más significativos de esta transformación ha sido la mejora en el acceso a agua potable. Marlin recuerda cómo casi siempre consumían agua contaminada de ríos cercanos.

“La llegada del agua fue la alegría más grande que tuvimos. Cuando recibimos nuestra primera factura, muchos nos cuestionaban, pero para nosotros fue un logro. Significaba que estábamos accediendo a un servicio de manera legal y segura, algo que antes ni siquiera podíamos imaginar”

Marlin

Y es que este no es un logro menor, pues en sus palabras, era cuestión de unir voluntades y el resultado de la integración lo permitió. “Era un rompecabezas, al que le faltaba una ficha para poderse armar, y así llegó UNICEF y permitió un trabajo con la institucionalidad, la cooperación internacional y la comunidad que se empoderó a trabajar para organizarse”.

La comunidad puso la mano de obra, UNICEF los materiales y apoyo técnico, y la Empresa Municipal de Servicios Públicos de Arauca (EMSERPA) ayudó con todos los trámites y mano de obra especializada para lograr construir un sistema de agua potable que beneficia a todas las familias de la comunidad. “El trabajo en equipo fue fundamental. Todos ayudamos a abrir zanjas, a colocar las tuberías. Y con el asesoramiento técnico de EMSERPA en cosas que no sabíamos cómo las uniones de los tubos, logramos que el sistema de agua fuera una realidad”, explica Marlin.

Además, este proyecto no solo resolvió el acceso a agua, sino que también permitió a la comunidad soñar con un futuro más urbanizado y organizado. “Ahora queremos más: alcantarillado, mejores casas y un entorno que sea realmente digno para todos y todas. El agua es solo el primer paso, y ahora estamos luchando por tener saneamiento básico, electricidad y casas más seguras”, concluye Marlin.

El asentamiento 30 de agosto ha pasado de ser un lugar sin acceso a servicios básicos, a convertirse en un modelo de integración y fortaleza comunitaria. Las intervenciones de agua potable no solo han mejorado la calidad de vida, sino que también han sido un medio para fortalecer los lazos entre sus habitantes, garantizando que, en este espacio, los derechos de los niños, niñas y adolescentes sean una prioridad.

Hoy, la comunidad 30 de mayo y Marlin, son un ejemplo de resiliencia, unidad y esperanza, donde las barreras de la xenofobia han comenzado a desvanecerse y, gracias al trabajo conjunto y la integración, el presente y el futuro se ven más prometedores para todos y todas.

Marlin en la calle principal del barrio 30 de agosto
UNICEFColombia/2024/Arauca/Pinedo