La vivienda como dimensión clave para erradicar la pobreza infantil
En Uruguay, 300.000 niños, niñas y adolescentes viven en hogares con al menos una privación de vivienda. Abordar estas carencias es clave para reducir la pobreza infantil y potenciar otras políticas sociales.
La pobreza infantil no es solo falta de ingresos
La pobreza infantil suele expresarse en función de la pobreza monetaria, es decir, a partir de los ingresos de los hogares donde viven niños. niñas y adolescentes. Aunque esta variable condiciona sus vidas, no alcanza para explicar todas las privaciones que experimentan.
El Índice de Pobreza Multidimensional amplía esa mirada y pone el foco en carencias en distintas dimensiones, como la vivienda, la educación, la protección social y el empleo. Esto permite conocer mejor las condiciones en que viven las personas y las barreras que limitan su bienestar y oportunidades.
¿Cómo impacta la vivienda en la infancia?
Una vivienda no es solo un techo: es el lugar donde los niños, niñas y adolescentes crecen, estudian, juegan y se recuperan cuando se enferman. Cuando las condiciones no son adecuadas, tiene consecuencias en su desarrollo y bienestar:
- Salud física: la mala calidad constructiva, el hacinamiento, el frío y la humedad aumentan el riesgo de accidentes, intoxicaciones, y enfermedades respiratorias, infecciosas y crónicas. También puede afectar el peso y desarrollo de bebés recién nacidos.
- Salud mental: el hacinamiento y la inestabilidad de la vivienda pueden derivar en estrés, depresión, ansiedad y estigma social, que además genera dificultades en la crianza.
- Educación: la falta de espacio, luz natural e intimidad afectan las condiciones para estudiar. Los efectos de la vivienda en la salud pueden aumentar el ausentismo.
- Exposición a la violencia: esta puede aumentar por las mudanzas forzosas y el hacinamiento. La falta de acceso a otra vivienda también puede forzar a mujeres, niños y niñas víctimas de violencia de género a convivir con su agresor o abandonar el hogar sin una alternativa segura.
Una vivienda y entornos adecuados mejoran los resultados de todas las políticas sociales
La vivienda es un componente central para la erradicación de la pobreza infantil
Es frecuente que las vulneraciones a las que están expuestos niños, niñas y adolescentes se combinen con privaciones de vivienda. Los equipos sociales que trabajan con las familias en territorio a menudo identifican que las condiciones de vivienda de las familias son un problema central, pero se enfrentan al obstáculo de no poder articular una respuesta rápida y de calidad para las familias.
La situación en Uruguay
En Uruguay, 4 de cada 10 niños, niñas y adolescentes enfrentan privaciones de vivienda. En los tres indicadores de vivienda considerados en el Índice de Pobreza Multidimensional, estas privaciones afectan en mayor proporción a la infancia y la adolescencia que a las personas adultas.
300.000 niños, niñas y adolescentes viven en hogares con al menos una privación de vivienda:
- 164.000 niños, niñas y adolescentes viven en hogares con hacinamiento, es decir, con más de dos personas por habitación destinada para dormir.
- 76.000 viven en hogares con tenencia insegura, expuestos a ser expulsados de su vivienda.
- 173.000 viven en viviendas con problemas constructivos: se inundan cuando llueve, tienen peligro de derrumbe o carencias en sus materiales. Nota: Estas privaciones pueden superponerse, por lo que un mismo hogar puede enfrentar más de una.
Los hogares con niños, niñas y adolescentes tienen mayores necesidades respecto a la vivienda, pero no siempre cuentan con apoyos que las compensen. Sin políticas específicas, esto implica que muchas familias con niños, niñas y adolescentes no puedan acceder a viviendas adecuadas para sus necesidades.
La inversión en vivienda potencia otras políticas públicas
Las políticas de vivienda no compiten con las políticas educativas, sanitarias o de protección social, sino que crean las condiciones para que estas alcancen mejores resultados. Las escuelas, las policlínicas y los programas de primera infancia pueden tener un impacto menor al esperado si las familias destinatarias continúan viviendo en condiciones inadecuadas. Del mismo modo, contar con una vivienda segura y estable favorece el aprendizaje, la salud, la protección y el bienestar emocional. Es fundamental considerar esta complementariedad y articulación en la discusión sobre la asignación de recursos.
La vivienda ocupa un lugar central en la vida de niños, niñas y adolescentes, por el impacto en su desarrollo, bienestar y oportunidades.
Para reducir la pobreza infantil es clave que las políticas sociales se articulen con políticas de vivienda fuertes, con enfoque de infancia e interinstitucionales, y así lograr intervenciones más integradas y sostenidas que contribuyan a reducir la pobreza infantil.
Avanzar en esta agenda requiere un esfuerzo colectivo de las instituciones, de las comunidades y de todos los actores involucrados en garantizar que cada niño, niña y adolescente crezca en un entorno seguro, adecuado y digno.