Juntando Yerba: un emprendimiento ecológico y circular

 Geraldine Reyes tiene 17 años, y desde 2018 impulsa junto a Mathiu, Franco y Julia este proyecto de impacto social y ambiental que fue seleccionado para representar a Uruguay en el Concurso global de Generación Sin Límites

UNICEF
Geraldine
UNICEF/Uruguay/2020/Lebrato
08 Diciembre 2020​

Juntando Yerba surge a partir de la preocupación de los jóvenes por la contaminación y suciedad en su centro educativo y en la comunidad. Solo en el departamento de Maldonado, se recogen 60 mil toneladas de residuos cada año sin clasificar, lo que significa una pérdida de oportunidades de reutilización (en ecoladrillos y humus, por ejemplo) y un riesgo ambiental.

“Notamos que parte de este problema se debe a la inadecuada clasificación de los residuos, generando vertederos de basura y contaminando el agua, la tierra y el aire. Para ayudar a resolver este desafío, creamos este proyecto, dedicado a una correcta gestión de los residuos orgánicos”.

Geraldine

El liceo de Pan de Azúcar es uno de los nueve centros educativos del país que llevan adelante el “Plan 2012”, una propuesta pedagógica orientada a jóvenes de entre 15 y 21 años que, por diversas razones, han abandonado otras modalidades que ofrece el sistema educativo y se embarcan en una nueva oportunidad. A través del aprendizaje centrado en proyectos y en las necesidades de cada estudiante, brinda herramientas para el mundo del trabajo y promueve la continuidad educativa de los adolescentes.  

En Pan de Azúcar la propuesta es denominada “Liceo Verde” y su objetivo es que el centro educativo sea cada vez más sustentable y amigable con el medio ambiente. En este marco, Geraldine conoce a los demás integrantes del equipo de Juntando Yerba y comienzan a trabajar junto con otros voluntarios, recolectando la yerba del liceo y de los vecinos de la zona, en bidones reciclados. Todo lo recolectado se coloca en un lombricultivo, junto con otros materiales disponibles en la zona, como bosta de caballo y pasto seco, y luego de un plazo de entre dos y tres meses, las lombrices rojas californianas la convierten en compost y humus.  

“Si bien la esencia del proyecto es que todas las personas aprendan y sepan reciclar sus residuos, nosotros elegimos la yerba mate porque es una bebida que se consume en todo el país”.

Geraldine

Una vez que el proceso natural se cumple, los vecinos reciben parte de lo generado para utilizarlo en las huertas de sus casas. Otra parte se utiliza para la plantación en almácigos o se vende como fertilizante. De esta manera, el proyecto propone contribuir con dos grandes problemas: la contaminación mundial y el hambre causada por la falta de recursos, impactando positivamente en la vida de las personas, promoviendo la educación y la responsabilidad ecológica, y proporcionando herramientas a la comunidad.

La participación del proyecto en el concurso Generación Sin Límites, impulsado por PNUD, UNICEF y Socialab, les permitió contar con instancias de mentoría y acompañamiento, y un capital semilla para potenciar su proceso de preincubación. “Nos dieron herramientas para poder identificar un problema y encontrar soluciones. Además, hemos sabido ser más responsables y aprender a trabajar en equipo”, comenta Geraldine.

“Es importante que los jóvenes como nosotros repliquen este proceso porque si quieren un mundo mejor, hay que empezar por lo pequeño y después avanzar hacia lo grande”.

Mathiu

Luego del proceso de incubación, el equipo participó del Pitch Final Nacional y resultó uno de los seleccionados para representar a Uruguay en el concurso global, junto con más de 70 ideas de 35 países.