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El sueño del bebé: cómo dormir

El sueño es una instancia vital para el bebé, al punto de que en sus primeros meses dormirá entre 10 y 16 horas diarias

UNICEF Uruguay
Bebé recién nacida, de gorro y enterito, con la mano de un adulto sosteniendo con protección.
UNICEF/UN0269297/Aaron Berkovich AFP-Services
03 Mayo 2023​

El sueño es un momento muy importante para el bebé. Por eso no hay que sorprenderse por las horas que duerma por día: en sus primeros meses dormirá entre 10 y 16 horas diarias y lo hará en cualquier ámbito, sin importar los ruidos y si está oscuro o iluminado. No dormirá necesariamente en horarios que coincidan con los de sus padres, en la noche, porque a los bebés les toma tiempo aprender a diferenciar entre el día y la noche.

A su vez, presentan singularidades en sus hábitos de sueño, por lo que la cantidad de veces que se despiertan durante la noche y el tiempo que permanecen despiertos durante el día varía en cada caso. Si bien cada cual tiene un ritmo propio, lo más común es que durante el primer mes de vida duerman por períodos breves, entre una y tres horas, incluso en la noche.

A diferencia de los adultos, los bebés no pueden dormirse de manera profunda con mucha rapidez. Pasan de unos 20 minutos de sueño liviano a un sueño cada vez más profundo. Una vez dormidos, difícilmente se despiertan si no durmieron lo necesario.

El recién nacido debe dormir cuando tiene ganas de hacerlo. Siempre que el bebé quiera dormir, conviene que lo haga. Y como en esta etapa el sueño está muy ligado a la alimentación, lo normal es que se despierte por su cuenta cuando sienta hambre.
En una etapa posterior los tiempos del sueño de padres e hijos se irán ajustando, por lo cual el sueño diurno del bebé empezará a disminuir.

¡A tener en cuenta! Al principio el lugar será irrelevante para el bebé, y si está oscuro o iluminado tampoco afectará su sueño. Sin embargo, es conveniente acostumbrarlo a que se duerma con los ruidos habituales de la casa, en su propia cuna y en su propia habitación.

El bebé debe no debe dormir boca abajo porque, según los conocimientos más recientes, dormir boca arriba es la posición más segura para evitar la muerte súbita infantil, que sucede principalmente en los primeros meses de vida.

¿Qué pasa si no duerme?

Que un bebé no duerma preocupa y cansa, pero también gratifica, porque manifiesta una lucidez y un entusiasmo particular. Cuando el bebé permanece despierto es porque quiere el contacto con sus padres, porque disfruta y establece lazos con el entorno. Es importante observar qué hace y qué lo entretiene o gratifica para poder acompañarlo. Pero si duerme poco es conveniente consultar al pediatra y explicarle qué hace cuando no duerme.

Cuando el bebé llora de noche no significa necesariamente que se haya despertado. Prestando atención al llanto, con el tiempo se podrá distinguir el tipo de llanto y no siempre significará que se lo deba sacar de la cuna para calmarlo. Cuando un adulto va hasta el bebé, lo indicado es tranquilizarlo con la palabra, con algún masaje, pero no hacerle upa. Llorar un ratito no le hace mal y puede ser una buena inversión para su aprendizaje del autocontrol. Alimentarlo por la noche tampoco implica una solución. De hecho, puede generarle una mayor incomodidad en los pañales.

Bebé durmiendo en cuna
UNICEF/UNI171855/Ayberk Yurtsever

Ritual para ir a la cama (o a la cuna)

Apelar a los rituales para generar hábitos es una buena manera de lograr el funcionamiento del grupo familiar. Hacer que el niño se duerma implica algo más que concretar su necesidad fisiológica de dormir. Es repetir rutinas nocturnas cargadas de afectividad. La primera voz humana que oye un recién nacido es la de su madre, así como es su cuerpo el primero que siente y toca. Es natural que sea ella la primera persona en cantarle a su hijo cuando esté agitado, angustiado o cuando el sueño y el hambre lo venzan. Lo conveniente es hacerlo con voz suave y envolvente, mientras se lo mece al ritmo de la melodía.

Después del primer año, es bueno seguir manteniendo rutinas y que el ritmo a su alrededor comience a volverse más lento. Para un niño o niña pequeño irse a la cama implica perderse la diversión del mundo que lo rodea, por lo que debemos irlo “apagando”. Tampoco conviene llevarlo a dormir a nuestra cama ni dejarlo dormirse mirando televisión. Lo mejor es que se acostumbre a dormirse solo y en su lugar.