Cómo acompañar una autonomía digital progresiva
Claves para acompañar el uso de pantallas, promover una autonomía digital progresiva y construir acuerdos en familia que se adapten a cada etapa.
Primero lo primero: cantidad VS. calidad
Una hora de exposición a contenido “zombie” —fragmentado, hiperestimulante y de bajo valor educativo— puede ser más perjudicial que dos horas dedicadas a contenido que fomente la creatividad, el pensamiento crítico o el aprendizaje significativo. No es solo una cuestión de cantidad, sino también de calidad de lo que se ve a través de la pantalla.
El ABC de las redes sociales
A - Las redes sociales están diseñadas para capturar y mantener la atención de los usuarios a través de mecanismos como el “scroll infinito”, que fomentan un uso pasivo y prolongado.
B - Los algoritmos están diseñados para ofrecer una cadena interminable de estímulos breves y atractivos, lo que tiende a reducir la capacidad de los usuarios para concentrarse en tareas más largas y profundas.
C - El entorno de las redes suele estar saturado de estereotipos y exigencias impuestas por influencers y celebridades digitales. Estas figuras proyectan ideales de belleza, estilo de vida y éxito que no siempre son realistas o saludables. Otro factor preocupante es la fuerte invitación al consumo.
Zoom in al celular
Entre los distintos tipos de dispositivos que usan los niños, niñas y adolescentes, los celulares merecen especial atención. Su uso prematuro, individual, portátil y frecuente puede tener un impacto significativo en el desarrollo, así como en las dinámicas familiares y sociales, ya que llevan al aislamiento y una menor supervisión adulta. No es lo mismo acceder a las redes en soledad que en compañía. El celular es el dispositivo que más se usa entre los 9 y 17 años: casi nueve de cada diez lo hacen.
Lo que si y lo que no
Es recomendable evitar que los dispositivos estén siempre disponibles en cualquier parte de la casa porque esto dificulta la creación de hábitos de desconexión. Y no asumir que los niños, especialmente los más pequeños, pueden gestionar su tiempo de pantalla sin ayuda. Internet es un espacio público y, como tal, no es recomendable dejarlos navegar solos y sin supervisión, de la misma forma que no es conveniente dejarlos solos en una plaza sin antes explicarles cómo funcionan las reglas del tránsito o los riesgos a los que se exponen.
En el camino hacia la llamada “autonomía digital” es recomendable comenzar con dispositivos que tengan poco o nulo acceso a Internet, como tablets con aplicaciones educativas offline, reproductores de música, o lectores electrónicos.
A medida que los niños y niñas demuestran responsabilidad y madurez, se puede permitir el uso de un celular simple que solo tenga funciones básicas, como llamadas y mensajes, sin acceso a redes sociales o aplicaciones de entretenimiento.
Con el tiempo, y a medida que los adolescentes desarrollan habilidades de pensamiento crítico y autorregulación, se pueden relajar gradualmente los controles parentales, dando más libertad en el uso de sus dispositivos. Este enfoque fomenta la confianza y les enseña a tomar decisiones responsables por sí mismos.
El objetivo es que los jóvenes lleguen a una autonomía total. Esto incluye saber cuándo desconectarse, priorizar interacciones presenciales y actividades fuera de línea, y tener una actitud crítica frente al contenido que consumen.
Te paso un pique: cómo acompañarlos
En el camino hacia la “autonomía digital” es esencial tener conversaciones abiertas y frecuentes sobre cómo usar Internet, incluyendo temas como la privacidad, la seguridad en línea y la convivencia con otros en el mundo digital. La clave es hacer de este proceso un diálogo continuo, donde se revisen juntos los acuerdos, los límites y las reglas, adaptándolos a su nivel de madurez y a las situaciones que vayan enfrentando.