En una calle como tantas del distrito de Comas al norte de la capital limeña, vive actualmente Kevin, un adolescente de 15 años que se reencontró con su familia luego de estar separado de ella durante largo tiempo y experimentar situaciones de desprotección a causa de la migración.
Una iniciativa liderada por UNICEF con el apoyo de la Unión Europea—el proyecto de Atención a niñas, niños y adolescentes migrantes no acompañados y separados más vulnerables (UASC)— hizo posible el anhelado encuentro del adolescente con su familia.
Entre septiembre de 2024 y marzo de 2025, se identificó a 248 niñas, niños y adolescentes migrantes en situación de riesgo, según refiere el organismo internacional. De ese total, durante un periodo de 6 meses, 48 recibieron acompañamiento en tránsito, es decir, hasta su lugar de destino en Perú. De ellos, 14 fueron asistidos para integrarse a sus familias. Kevin fue uno de ellos. La confianza que surgió entre él, su progenitora y los equipos de UNICEF y HIAS, socio implementador del proyecto cambiaron su destino
El objetivo de UASC es brindar apoyo y protección integral a las niñas, niños y adolescentes no acompañados y separados más vulnerables en tránsito y en proceso de asentamiento. Esta labor se realiza en coordinación con entidades públicas y organizaciones comunitarias en Lima y Tumbes.
Tiempos inesperados
Kevin cruzó la frontera de Tumbes, en Perú, junto a su abuela Yennys cuando tenía 12 años. Su destino era Chimbote, donde vivía un tío suyo —hermano de su madre.
Chimbote se encuentra al sur de esa zona, a aproximadamente 700 kilómetros, unas ocho horas de viaje por tierra. Esta ciudad pesquera es un importante motor económico del departamento de Áncash.
Kevin y su abuela dejaron Valencia, en Carabobo, Venezuela, con la esperanza de aprovechar la estadía de su tío y encontrar mejores condiciones económicas. Luego se les uniría su madre. Pero las cosas no salieron como esperaban.
Su tío se separó de su pareja y se mudó a otro país. Su abuela tuvo que regresar a Venezuela por una emergencia, y su madre tuvo que dejar Chimbote para trasladarse, solo con sus hijos más pequeños, a Lima en busca de mejores oportunidades. Kevin se quedó solo.
Familiares y amigos lo acogieron, pero ya nada fue igual. Su abuela y su madre ya no estaban. Los lazos con su tierra natal, sus tradiciones y los recuerdos de sus mascotas, Azabache y Kevin (su tocayo), se desvanecían. No había quien lo sostuviera emocionalmente, ni quien lo cuidara ni lo motivara a estudiar.
Las niñas, niños y adolescentes no acompañados por su familia o por un cuidador comparten una realidad: el acceso limitado a servicios básicos como salud, educación, apoyo emocional e incluso regularización migratoria. Kevin no fue la excepción.
Afortunadamente, doña Nathalí, una mujer venezolana conocida de la familia viajó con él a Tumbes donde él cuidó a los animales de otra compatriota a cambio de hospedaje. Sentía que estaba solo hasta que la dueña del cuarto donde se alojaba lo puso en contacto con UNICEF.
Punto de reencuentro
En el Punto de Atención y Orientación (PAO) en Tumbes, Kevin compartió con el equipo de UNICEF su historia y su deseo de reencontrarse con su madre, Yeisy, de 29 años. Luego, los profesionales se contactaron con ella y, a partir de ese momento, todo cambió en la vida de Kevin.
UNICEF le entregó un celular que le permitió mantener una conexión más fluida con su madre y con los especialistas del proyecto UASC quienes los acompañaron hasta el ansiado reencuentro.
En enero de este año, por fin, se abrazaron, se dijeron “te amo”, “perdóname”; había una necesidad urgente de recuperar el tiempo perdido.
“Cuando me llamaron de Tumbes me asusté, pensé que Kevin tenía problemas. Pero, felizmente, me explicaron que podían ayudarme a reencontrarme con él. Fueron muy chéveres conmigo" dice Yeisy, su madre, mientras carga en brazos a la menor de sus cuatro hijas. Luego del reencuentro, UNICEF y HIAS los visitaron haciendo seguimiento y acompañamiento para fortalecer la integración.
Kevin cumplirá 16 años en agosto y tiene un sueño claro: ser policía. Sus tíos maternos son oficiales en su país y eso lo inspira. “Aprendí a resolver problemas. Quiero trabajar y estudiar para conseguir lo que quiero”, comenta con alegría.