Dulce, Yamileth y Jenifer viven en la comunidad Candoshi de Truenococha en el Datem del Marañón de la región Loreto. Este es un poblado que se ubica a 14 horas en río desde Yurimaguas y a dos horas del distrito de San Lorenzo, la zona urbana más cercana a ellas. Las tres son amigas de colegio, tienen 15 años y están en tercero de secundaria. “Menos mal que nuestra escuela tiene secundaria porque sino no podríamos seguir estudiando”, nos cuenta Dulce. Ella es la tercera de ocho hermanos y ahora está emocionada porque está en un taller donde le enseñan a hacer collares “y también nos hablan de cosas importantes como que muchas veces a las mujeres nos tratan mal, nos abusan, nos hacen bullying”.
Durante este año, UNICEF con el apoyo de la Unión Europea empezó a trabajar con las comunidades del Datem en la prevención de los desastres a través de los Sistemas de Alerta Temprana. Todo estaba vinculado a cómo se debía responder a lluvias intentas, desbordes de los ríos, incendios forestales, pero pronto el equipo se dio cuenta que durante años ha existido una emergencia, un desastre que se vive dentro de cada casa, en los salones de la escuela o en las calles de las comunidades y es la violencia contra las niñas, las adolescentes. Y es por eso, que en ese marco se creó el “taller de medios de vida y prevención de la violencia basada en género”
Alyssa Barzola, una de las coordinadoras de esta experiencia señala que el proyecto no solo se desarrolla en Truenococha sino en otras comunidades como Libertad, Estrella y Puerto Industrial. “Ha sido muy bueno empezar a trabajar en la elaboración de pulseras, collares, darles esa libertad y crear un ambiente de seguridad y confianza. Luego ya podemos empezar a hablar de derechos. Hacerlas reflexionar sobre sus derechos, si reconocen la violencia y si tienen libertad para hablarlo con sus padres o madres. Algo que les causó impacto es cuando hablamos del poder de su palabra, de lo importante que es creerle a quien te cuenta un tema difícil, el no sentirse juzgada”.
Las tres jóvenes tienen los collares que hicieron colgados a sus cuellos. Les encantan, pero más allá de eso están tan orgullosas de su trabajo que no piensan vender sus productos. Yamilet dice: “Es la primera vez que hago algo que todos dicen qué bonito. También es la primera vez que en reunión hablamos de violencia. En mi caso, yo quisiera que acabe la violencia psicológica, que te traten mal, que te digan cosas feas. También pasa en el colegio. Los compañeros varones muchas veces se burlan, te insultan y eso debe parar. Ahora sé que podemos denunciar”.
Jenifer dice que cuando le hablan de violencia ella piensa en maltrato en casa, en palabras fuertes, golpes. “Es tan difícil parar eso”, señala. Con tristeza dice que, si se denuncia al que las golpea, los encierran en una casita que hay en su comunidad, una especie de cárcel, pero luego salen y lo vuelven a hacer. “Yo espero que ahora que hay estos talleres también se den para los que golpean, para que cambien su manera de ser y si vuelven a maltratar, reciban un castigo ejemplar”.
Dulce cuenta que tiene una amiga que salió embarazada a los 16 años y quien la violentó fue su padrastro. “Es muy triste que pasen estas cosas”, afirma. “Pero creo también que más adolescentes como nosotras deben recibir estos talleres. Siento que te ayudan a no tener miedo, aprendes a que tu palabra tiene valor”.
Una segunda etapa de esta experiencia es llevarla a las escuelas donde no solo las chicas sino los adolescentes varones recibirán estas charlas. “Cambiar el comportamiento no es fácil. Son años en los que niñas, adolescentes y mujeres mayores han permanecido en silencio, pensando que lo que les ocurre no es importante, que su palabra vale menos que la de un varón – afirma Hilda Calderón, Oficial de Emergencia de UNICEF-. Esta es una emergencia que ocurre a puerta cerrada y de la que nadie habla. Por eso estamos acá para que, con la ayuda de la comunidad, de las brigadas de alerta temprana se tome conciencia de esta situación y finalmente, como en cualquier desastre, hagamos prevención, respondamos y tengamos una etapa de reconstrucción. Solo así, las víctimas de esta violencia podrán ver la vida de otra manera. Con la certeza que tienen derechos y que esos derechos se van a cumplir”.