Voces que crecen, la radio cubana desde la mirada de la infancia
Una mentoría impulsada por UNICEF Cuba, en alianza con la Radio Cubana, permitió que realizadoras y realizadores de programas dedicados a niñas, niños y adolescentes fortalecieran sus capacidades y renovaran sus enfoques de trabajo
En Cuba, la radio continúa siendo un medio esencial para educar, informar y promover la participación activa de niñas, niños y adolescentes. En cada emisora, pese a los desafíos cotidianos, la creatividad y el compromiso de sus realizadores sostienen una programación que acompaña, orienta y entretiene a las familias. Con ese mismo espíritu, UNICEF Cuba gestó una mentoría que reunió a realizadoras y realizadores, reconocidos en los Festivales nacionales de la radio de 2024 y 2025, con el propósito de fortalecer la producción de contenidos dedicados a las infancias y las adolescencias.
Una red de aprendizajes que unió a la radio cubana
Durante varios meses, las acciones combinadas de formación, acompañamiento y creación colectiva marcaron la agenda del grupo. Desde el inicio, se garantizó la participación de las y los radialistas premiados en el evento Infancia y Comunicación 2025, donde intercambiaron experiencias, debatieron sobre la representación de las infancias en los medios y reflexionaron sobre cómo abordar con responsabilidad temas sensibles como la violencia, la inclusión y la igualdad de género. El proceso culminó con un taller de cierre en La Habana, espacio de diálogo y planificación conjunta para proyectar los próximos pasos y fortalecer el trabajo en cada programa.
El proceso de la mentoría radial tuvo un acompañamiento virtual constante para revisar guiones, orientar la producción de nuevos programas y asesorar la incorporación de los temas vinculados al Código de la niñez, adolescencias y juventudes. Paralelamente, los participantes intercambiaron productos radiofónicos, materiales de audio y recursos digitales actualizados sobre nutrición, salud, educación, discapacidad, reducción de riesgos, y promoción de la salud sexual y reproductiva. Además, cada radialista recibió un kit de micrófonos digitales, aportado por UNICEF Cuba, para mejorar la calidad de sus grabaciones.
El acompañamiento incluyó también gestos simbólicos y de identidad colectiva: los talleres con niñas, niños y adolescentes contaron con camisetas y materiales visuales creados especialmente para identificar cada grupo, reforzando el sentido de pertenencia.
Cuando la mentoría se vuelve aprendizaje compartido
Para Indira Iglesias, periodista y coordinadora de la mentoría, la experiencia fue “integradora, profesional y de aprendizaje”. Durante meses, acompañó a realizadoras y realizadores en un proceso que no solo fortaleció sus prácticas, sino también su propia visión de la radio dedicada a las infancias y adolescencias.
“Conocer a radialistas de contextos tan diversos me cambió la perspectiva de cómo podemos seguir trabajando desde la radio para las infancias”, reconoce. Aunque la mayor parte del proceso se desarrolló de manera virtual, Indira pudo ver cómo las ideas y herramientas compartidas se convertían en productos reales: programas, mensajes de bien público, dramatizados y cuentos creados junto a niñas, niños y adolescentes.
Destaca la creatividad como la mayor fortaleza de quienes participaron. “Esa capacidad de inventar y adaptar es fundamental para comunicar a una audiencia tan variada, compleja e inteligente como la infantil y adolescente. A veces solo necesitan información o acompañamiento, y entonces hacen la magia.”
Coordinar una iniciativa de este tipo también significó comprender las diferencias territoriales. “Fue un reto entender que niñas, niños y adolescentes tienen los mismos derechos, pero no viven las mismas realidades. No es igual crecer en Manzanillo, en Vertientes, en Mayabeque o en La Habana. Cada emisora, por pequeña que sea, tiene un valor esencial para comunicar esos derechos e impactar en sus familias.”
Indira considera que la mentoría fue un proceso fructífero, porque generó aprendizaje mutuo. “Mientras coordinaba las acciones, me servía también para profundizar en mis conocimientos sobre las infancias y adolescencias. Aclaré conceptos, enfoques, términos. Fue una mentoría en la que salí acompañada yo también.”
Esa retroalimentación constante amplió su comprensión sobre el panorama actual de la radio cubana dedicada a la infancia. “Conocí los grandes esfuerzos que se hacen por sostener estas programaciones, incluso en condiciones difíciles. Hay mucha voluntad y pasión en los realizadores y realizadoras del país.”
Indira concluye con una certeza: el trabajo con niñas, niños y adolescentes no puede esperar.
“Urge seguir contando sus historias y las de sus familias. La radio tiene el poder de acompañarlos, de entretener y enseñar, de construir junto a ellos y ellas ese futuro mejor que queremos.”
Maikel y María Fernanda, una travesía mágica desde Mayabeque
Maikel Simón Ramos encontró su vocación cuando apenas tenía diez años. Su primera experiencia fue en Barquito de Papel, un programa dramatizado que aún se transmite en Radio Mayabeque. Allí interpretó varios personajes y descubrió “la magia del sonido”, esa combinación de voz, emoción y cercanía que lo atrapó para siempre.
Hoy es subdirector de programación e información de Radio Mayabeque, cargo que le exige atender un sistema de emisoras en toda la provincia. Pero, aun con esa responsabilidad, reserva tiempo para lo que más le apasiona: trabajar con niñas, niños y adolescentes. Acompaña a su esposa —directora y guionista del programa Sonido joven— en el diseño de guiones y la búsqueda de un lenguaje accesible para las audiencias adolescentes.
Esa conexión familiar con la radio también marcó el camino de María Fernanda Gómez, estudiante de tercer año de Comunicación Social en la Universidad de La Habana. Llegó a los estudios de la emisora a los siete años, cuando su madre, psicóloga y asesora de varios espacios, la llevó a participar en una mención para el inicio del curso escolar. Desde entonces, su voz creció al ritmo de la emisora.
Fue locutora del programa infantil Travesía mágica hasta los 18 años. “Ese programa fue mi escuela”, recuerda. Cuando ya no pudo continuar por el cambio de voz, decidió escribir su nuevo capítulo desde otro lugar: el guion. “Me dieron la responsabilidad de escribir el mismo programa que hacía cuando era niña. Quise que este espacio tuviera la opinión de niñas y niños, que fueran los protagonistas totales.”
Así nació una nueva etapa de Travesía mágica, transmitido los domingos en Radio Mayabeque, donde las niñas y los niños proponen temas, opinan y construyen historias colectivas. María Fernanda es su guionista y, al mismo tiempo, continúa como locutora de Sonido joven y otros espacios de la emisora.
Maikel y María Fernanda representan dos generaciones unidas por la misma pasión. La mentoría les permitió reflexionar sobre cómo actualizar los contenidos infantiles y adolescentes, fortalecer la participación activa de los públicos jóvenes y seguir cultivando una radio educativa, sensible y cercana. Además, reconocen que se sintieron "más empoderados y empoderadas" tras la mentoría, especialmente en temas del Código de la niñez, adolescencias y juventudes y en la producción de podcast, sobre el que reconocieron la necesidad de trascender la plataforma tradicional hacia lo digital para generar contenidos.
Vamos a jugar en Vertientes
Yurisei Echavarría González, periodista y directora de programas de la emisora CMHV Radio Vertientes, en Camagüey, encontró en la radio una manera distinta de acompañar a las infancias. Desde 2022 dirige el espacio Vamos a jugar, un programa pensado con y para niñas y niños entre 5 y 11 años, que ha transformado la manera en que la emisora local se acerca a su público más joven.
“Antes existía un programa infantil, pero era solo musical”, recuerda. “Le propuse a la dirección crear un espacio donde los niños pudieran hablar, opinar, improvisar. Me dijeron: ‘Encárgate tú’. Y así empezó todo”.
Su búsqueda de protagonistas la llevó a una escuela cercana, donde conoció a Josué, un niño comunicativo y creativo que no siempre encontraba su lugar en el aula. “El director me dijo que era muy inteligente, pero inquieto. Le respondí: ‘Ese es el que quiero’. Y no me equivoqué. Él se convirtió en el centro del programa y fue atrayendo a otros niños.”
Desde entonces, Vamos a jugar se ha convertido en un espacio de aprendizaje colectivo, donde las ideas de los pequeños cambian el rumbo de cada emisión. “Yo les llevo un tema, pero casi siempre lo transforman. Por ejemplo, una vez pensaba hacer un programa sobre la caña de azúcar, y ellos me dijeron: ‘¿Por qué no hablamos de los dos centrales que hay en Vertientes? Muchos niños ni saben que existen’. Al final, quedó mejor gracias a esta recomendación”, asegura.
El proyecto, que comenzó con apenas ocho participantes, ha crecido hasta reunir a 35 niñas y niños de tres escuelas del municipio. La radio se ha convertido en su punto de encuentro, un lugar donde juegan, conversan y descubren que sus opiniones importan.
“Van a la emisora aunque no haya corriente. Quieren estar en la radio, aprender, hablar de lo que les interesa”, cuenta Yurisei con orgullo. “Ese es el mayor logro: que los niños se sientan parte, que sientan que la radio también es suya.”
La mentoría ayudó a Yurisei a fortalecer ese proceso, dándole nuevas herramientas para organizar talleres, trabajar con grupos escolares y potenciar la participación infantil. Hoy sueña con extender el proyecto a las zonas rurales de Vertientes, para que más niñas y niños descubran, a través del juego y la palabra, el poder transformador de la radio.
Medio siglo junto a Somos la niñez en Manzanillo
Eduardo Enrique Bertot llegó a la radio cuando era apenas un niño. Cursaba el quinto grado cuando la directora de su escuela anunció que los del círculo de radio tenían grabación. En casa, sin saber muy bien qué significaba, preguntó qué era “el radio”. Su padre le señaló el aparato que sonaba junto a la cama, y desde ese momento comenzó una relación que marcaría toda su vida.
En la emisora Radio Granma, de Manzanillo, descubrió un universo nuevo. Allí conoció a la realizadora Georgina Mendoza, quien lo animó a seguir, incluso cuando otros dudaban de que pudiera hacerlo. “Me dijeron que no servía para la radio”, recuerda, “pero Giorgi me dijo: no dejes de venir. Si no puedes ser locutor, aprende otra especialidad”.
Aquel consejo fue decisivo. Con el apoyo de Ernesto Martínez Robles, hoy Premio Nacional de Radio, Eduardo comenzó a entrenarse: ejercicios de voz, lectura, grabaciones en casa. Superó los problemas visuales que le dificultaban leer y regresó al programa infantil “Somos la niñez”, esta vez con más confianza.
Desde entonces no se ha separado de ese espacio. Participó como actor, guionista y locutor, y cuando su mentora asumió nuevas responsabilidades, le entregó el programa, en 1997. “Me dijo: te voy a dejar uno de mis hijos. Y se refería al programa”, recuerda.
Hoy “Somos la niñez” mantiene el mismo nombre y espíritu de sus orígenes en 1972, aunque ha transitado por varios formatos. “Su objetivo sigue siendo educar, entretener y acompañar a niñas y niños, pero también a sus familias “, explica Eduardo.
Marelys Ramos Pérez, maestra y directora de la escuela especial Ricardo Rodríguez de Manzanillo, también forma parte de esa historia. Ella encontró en la radio un espacio donde pudo unir sus dos vocaciones: la educación y la escritura.
“Siempre me gustó escribir”, cuenta. “Escuchaba el programa todas las mañanas en la escuela, y los niños lo comentaban. Un día me animé a presentar un guion y lo aprobaron. Desde entonces escribo para Somos la niñez.”
Su experiencia como docente le permite nutrir el programa con historias reales. “Niñas y niños de la escuela me sugieren temas. A veces me cuentan algo que les preocupa o les alegra, y eso se convierte en una idea para el guion. Escribir desde sus vivencias lo hace más cercano”, reconoce.
Además de escribir para Somos la niñez, Marelys adapta los cuentos del espacio Vuelo a la fantasía, y ha logrado combinar ese trabajo con su labor en la escuela para niñas y niños con discapacidad visual, donde lleva más de dos décadas.
“La radio y la escuela se complementan”, asegura. “Ambas me permiten educar desde lugares distintos, pero con el mismo propósito: acompañar el crecimiento de las infancias”, concluye.
Cuando las preguntas vienen de niñas y niños en Holguín
Dianely Remedios y Reynaldo Calzado comparten mucho más que una cabina de grabación. Son actores, locutores y sonidistas en Radio Angulo y Radio Holguín, y juntos participan en dos programas que nacen del diálogo con las nuevas generaciones: Los niños preguntan, dedicado a las infancias, y Conexión Juvenil, pensado para adolescentes.
El primero, Los niños preguntan, surgió como el ejercicio de graduación de Dianely en el Instituto Superior de Arte, y con el tiempo se convirtió en un espacio querido por las familias holguineras. “Es un programa que le da respuesta a esas preguntas que los niños hacen a los padres y que a veces no saben cómo responderles. Ellas y ellos hoy tienen mucho acceso a la información, y eso nos obliga a estar más preparados”, advierte.
Dianely escribe, dirige y realiza el sonido del espacio. Pero, en realidad, las verdaderas protagonistas son dos niñas que crecieron en la emisora y, desde los seis y nueve años, asumieron los micrófonos como un juego que enseña. “Ellas mismas me dan las preguntas que quieren hacer, los temas que les interesan. Una aprendió a leer con nosotros, y eso lo guardo como un tesoro”, confiesa.
Con frecuencia se suman otros niños invitados. Cada domingo, a las nueve y media de la mañana, Los niños preguntan sale al aire con la frescura de quienes descubren el mundo a través de la curiosidad.
El proceso creativo, cuenta Reynaldo, es tan divertido como el resultado. “Grabamos primero un ensayo, pero a veces en esos ensayos surgen ideas geniales o disparates que terminamos usando en el programa. Me gusta grabar todo, porque sus ocurrencias son auténticas y espontáneas. Al final, dejamos algunas para los bloopers, esas cositas que hacen reír y muestran su naturalidad.”
El trabajo en estudio, lejos de ser rígido, se parece a un juego. “Aquí todos nos volvemos niños , dice entre risas. Jugamos, nos divertimos, y sus ideas siempre están presentes en cada emisión”, añade Reynaldo.
La mentoría les brindó la oportunidad de compartir este proceso con colegas de otras provincias y de mirar su trabajo desde nuevas perspectivas. “A mí me encanta este tipo de retroalimentación, asegura Dianely, porque somos una sola Cuba, pero con muchas formas de hacer radio. Escuchar cómo lo hacen los de Manzanillo o Mayabeque te inspira, te da ideas nuevas. Quizás tocas el mismo tema, pero lo enfocas distinto, y eso te enriquece.”
Esa interacción, asegura, los ayudó a identificar nuevos temas y miradas para sus programas. “Del taller de cierre nos llevamos una lista enorme de posibles temas que no habíamos tratado o que podemos enfocar de otra manera, con más profundidad o desde la perspectiva de los niños. Nos ayudó a ver cuántos temas pendientes tenemos, sobre convivencia, redes sociales, familia, medio ambiente. Fue muy inspirador”, reconoce Dianely.
La casa de mamá Tomasa, donde las voces infantiles crecen con derechos
En los estudios de Radio Taíno, las risas y las voces de niñas, niños y adolescentes se mezclan con el sonido del micrófono. Allí funciona el taller de creación La casa de mamá Tomasa, un espacio donde la radio se convierte en escuela de comunicación, autoestima y derechos. Desde su creación en 2014, el proyecto ha formado a generaciones que descubren, entre dramatizados y debates, el poder de expresarse y de ser escuchados.
Niñas y niños como Arlet, Diago y Liz son algunos de los protagonistas de esta historia. Para ellas y ellos, la radio no es solo un medio, sino un lugar donde se aprende a convivir, a respetar y a soñar.
Este proyecto participó en la grabación del cuento “El mensaje del bosque brillante”, inspirado en la consulta nacional sobre el Código de la niñez, adolescencias y juventudes, desarrollada en las escuelas del país, en abril de este año. La propuesta buscaba acercar, de forma sencilla y creativa, los derechos y deberes de niñas, niños y adolescentes.
Los 16 integrantes del taller, guiados por la actriz Ariadne Argudín, líder del proyecto, y el realizador de sonido Alain Acosta, trabajaron en equipo para dar vida a los personajes. Con cada escena comprendieron la importancia de conocer sus derechos y de hacerlos valer.
Con el impulso de este proceso de acompañamiento, La casa de mamá Tomasa consolidó su forma de hacer radio y amplió su mirada sobre la infancia. Los aprendizajes compartidos inspiraron nuevos contenidos y dramatizados que abordan temas como el bienestar emocional, la igualdad y el respeto a la diversidad.
Lo que sigue: una radio más cercana, participativa y consciente de los derechos de la niñez
La mentoría impulsada por UNICEF Cuba no concluyó con un taller, sino que abrió un nuevo camino de trabajo. Cada participante regresó a su territorio con ideas, herramientas y convicciones renovadas sobre el papel de la radio en la vida de las infancias y adolescencias.
El director de programación de la radio cubana, Alfredo Zamora Mustelier, reconoció el valor de esta alianza: “La radio está muy agradecida. Queremos que esta colaboración con UNICEF continúe y se amplíe, porque ha fortalecido a nuestros colectivos y demostrado que los programas dedicados a la infancia son una escuela de sensibilidad y ciudadanía.”
También Indira Iglesias, coordinadora de la mentoría, destacó que el proceso generó una comunidad profesional dispuesta a sostener el intercambio. “Rompimos el hielo —dijo—. Ahora ya sabemos lo que queremos y lo que podemos lograr juntos. Este grupo no se disuelve, se multiplica.”
Las acciones futuras trazan ese mismo camino: socializar los contenidos aprendidos con otros colectivos, iniciar nuevos programas con niñas, niños y adolescentes, promover el Código de la niñez, adolescencia y juventudes desde cada emisora, y fortalecer el intercambio de experiencias a través de redes profesionales.
La mentoría demostró que, en cualquier rincón del país, la radio sigue siendo un espacio donde la infancia tiene voz. Y que cada realizador y realizadora, desde Mayabeque hasta Manzanillo, desde Vertientes hasta La Habana, puede hacer que esas voces sigan creciendo, más libres, seguras y protagonistas de su propio futuro.