Arrancarle a la tristeza un poco de alegría
Entrevista a Aniet Venereo, payasa terapéutica y educadora popular, como parte de la serie 35 voces por la infancia en Cuba
«Adrienne Junter, doctora canadiense radicada en Cuba hace más de 50 años, conocía a una profesora en Canadá que hacía esta labor y le dijo: “Tienes que venir a Cuba, que si en algún lugar del mundo esa idea va a ser bien abrazada es aquí», así narra Aniet Venereo los antecedentes de aquel primer taller con instructoras de "La Colmenita" que tuvo lugar en 2012, en La Habana, y que marcaría la presencia ininterrumpida de las payasas y los payasos terapéuticos en hospitales cubanos.
«Cuando nosotras empezamos, ya un grupo de médicos en Santiago de Cuba hacían este tipo de labor, con cierta frecuencia, en las salas de Pediatría, sobre todo oncológicas. En un primer momento estuvimos las instructoras de "La Colmenita" y luego tratamos de invitar a voluntarios y voluntarias que en el país estaban dispuestos a hacerlo», nos dice esta mujer que integra el colectivo de Payasas Terapéuticas que semanalmente visita salas de Pediatría, llevando alegría a quienes tanto la necesitan.
«Además de lo que hacemos desde el arte del clown, sobre todo en la sala del Instituto Nacional de Oncología y Radiología, en La Habana, trabajamos la creación colectiva de obras de teatro. Lo hemos hecho con niñas, niños y adolescentes, sobre todo con una metodología que vincula la experiencia de trabajo de algunas de nosotras en "La Colmenita" y la que tenemos todas como educadoras populares. Es una manera de hacer que surge de las prácticas, preocupaciones, experiencias y sentires de los niños, niñas y adolescentes para hacer reflexionar sobre ellas al público en general», explica Aniet.
Este quehacer de construir obras de teatro —y también productos audiovisuales— desde una práctica de creación colectiva no va destinada solo al público infantil, sino a toda la familia. «Son mensajes muy fuertes y potentes para los adultos porque es la mirada de niños y niñas desde sus experiencias de vida. Es un trabajo que nos gusta mucho hacer y creemos que es muy pertinente y necesario en estos tiempos. Implica, además del entrenamiento de los niños que van a protagonizar la obra, una mirada a su entorno, a sus prácticas, y una reflexión sobre dónde están las relaciones de poder, las relaciones opresivas, no solo de los adultos hacia los niños, sino entre los mismos niños. En general, se logra una reflexión crítica sobre la realidad y la obra misma que luego se propone y funciona como una herramienta para la transformación».
En esa visión liberadora y revolucionaria de Aniet tiene mucho peso la concepción y la metodología de la educación popular. Para ella constituye una herramienta útil en la creación de espacios en los que se minimicen esas relaciones asimétricas de poder que persisten en nuestra sociedad y en los que se haga reflexionar a infantes y adolescentes sobre esos temas. Para las Payasas Terapéuticas ha sido una herramienta imprescindible sin la cual su trabajo no sería lo que es.
El quehacer colaborativo entre las Payasas Terapéuticas y UNICEF inició precisamente en el trabajo en los hospitales. En una ocasión, a partir de un taller para aprender a hacer fotografías y audiovisuales, los niños tomaron imágenes de cómo las veían a ellas. Luego, se organizó una exposición en La Habana Vieja. La articulación entre ambos colectivos se ha estrechado a partir de que las Payasas participaron en la implementación de los kits para la expresión e innovación, un programa de UNICEF para trabajar con adolescentes en situaciones de vulnerabilidad.
«Ha sido muy interesante compartir esta metodología de trabajo que potencia algunas capacidades necesarias para la inserción, la participación y la innovación de los adolescentes en la sociedad. El método que aporta el kit complementa muy bien lo que veníamos haciendo desde la educación popular porque da herramientas precisas para el desarrollo de algunas actitudes y capacidades específicas en adolescentes».
En 2022, las Payasas Terapéuticas realizaron un proceso de creación colectiva con mujeres con el fin de gestar un performance para el 8 de Marzo. La propuesta nació de las vivencias de ellas con el patriarcado. «A UNICEF le pareció que aquello podía conectar con las adolescentes. Entonces, como parte del trabajo a favor de la no violencia, llevamos ese performance a varias escuelas de oficios, y la verdad fue súper bueno. UNICEF es una organización que se centra en la protección de niños, niñas y adolescentes en el mundo entero, por lo tanto, tiene la posibilidad de trazar puentes. Puentes sobre los problemas que tienen los niños, y puentes entre los mismos niños. A veces urge esa mirada de conectar».
Para terminar la conversación, volvemos a su desempeño como payasa terapéutica, indagando en lo más difícil y en lo más satisfactorio de esta vocación. Aniet defiende la idea de que la suya es una de las pocas profesiones en las que instantáneamente uno observa los beneficios del trabajo realizado: «Llegas a la sala de un hospital, y cuando te marchas, las emociones han cambiado totalmente, el ambiente es otro; eso demuestra el sentido de la utilidad del tiempo compartido».
«Lo más difícil es también lo más meritorio: la tristeza. Lidiamos con la tristeza de un niño que está enfermo, de una madre, de una familia que tiene a un niño enfermo. El manejo de la tristeza es el desafío más grande que tenemos, sin embargo, en ello radica el mérito: arrancarle a la tristeza un poco de alegría, arrancarle momentos de diversión, de juegos, de compañía, de emociones positivas, eso es también lo mejor que tiene esta profesión».