La magia de Calendario

Entrevista con la realizadora y guionista Magda González Grau, como parte de la serie 35 voces por la infancia en Cuba

Rodolfo Romero Reyes
Creo firmemente que el audiovisual es un arma poderosísima. Los adolescentes ven el mundo —y lo aprenden— desde el celular. Esas múltiples pantallas van directo a su cerebro, los atrapan, los enganchan. Hay que crear en ellos la capacidad de discernir lo bueno y lo malo.
Publicada en OnCuba por cortesía de la entrevistada
15 Abril 2025

De pequeña siempre quiso ser maestra. Cuando se hizo público aquel llamado para formar maestros en Minas de Frío en la década de los sesenta, ella tendría diez u once años. Quería irse «allá, a lo lejos», como la pequeña Pilar de zapatos color rosa, sin embargo, su mamá le aconsejó que siguiera estudiando y así podría en un futuro ejercer la docencia en enseñanzas superiores.

Cuando entró al preuniversitario comenzó a dar clases, y luego quiso hacer las pruebas de ingreso para estudiar en el pedagógico Varona y enseñar Español-Literatura. Entonces Graziella Pogolotti le aconsejó a su mamá que, si el mundo de las letras era su vocación, debía matricular Filología y así tendría más elementos para impartir docencia.

En la mítica Facultad de Artes y Letras enseguida se desempeñó como alumna ayudante. Al graduarse quiso quedarse como profesora, pero no hubo plazas para ella y fue ubicada en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), en el área de subtitulaje. Y aunque aquello inevitablemente desembocaría en la extraordinaria directora, guionista y realizadora audiovisual que es hoy, Magda González Grau no ha podido desligarse de la docencia. 

En el entonces ICRT impartió clases de Redacción, Gramática y después Dirección de actores. Durante varios años fue profesora de la Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisuales (FAMCA) de la Universidad de las Artes. En estos momentos ejerce la docencia en la Facultad de Comunicación (FCOM) de la Universidad de La Habana. Le encanta que sus alumnos sean jóvenes, que tengan «esas edades en las que todavía no saben qué van a hacer. Sus mentes son como esponjas. Y es muy importante accionar sobre ellos».

Con muchísimos años de experiencia, Magda tiene una premisa: hay que invertir en el audiovisual cubano.

La primera vez que coincidimos fue en La Cafetera, polémico y popular espacio de debate de FCOM, dedicado aquella tarde a la emigración. Magda, invitada a hablar a propósito de la serie Calendario, no solo conversó sobre los personajes adolescentes que tomaban la decisión de irse del país, sino además de actores y actrices que en la vida real habían decidido emigrar y las implicaciones que había traído para el guion y la dramaturgia de la historia.

La segunda vez, fue en su casa. Me recibió para lo que yo le había anunciado como una entrevista para la serie 35 voces por las infancias y las adolescencias en Cuba, y que al final terminó siendo una plática de más de dos horas, y con una breve y agradecidísima interrupción por la llegada no planificada de Amilcar Salatti y Yaremis Pérez. 

Por instantes me sentí un espectador del making off de Calendario. Directora, guionista y actriz compartieron diversos puntos de vista sobre las adolescencias cubanas, la verosimilitud de las historias narradas en pantalla, la realidad que hoy se vive en escuelas secundarias o preuniversitarios de la capital y el desafío que representa, en medio de una crisis económica y de valores, proteger los derechos de niñas, niños y adolescentes. 

La serie Calendario demostró que se puede hacer algo cubano que impacte en las y los adolescentes cubanos.

Después de la animada conversación, café mediante, y tras despedir a Amilcar y a Yaremis, volvió Magda a la quietud de su sofá. Por eso no puedo estructurar este texto como una entrevista, sino exponer, tal como lo voy recordando, las ideas que compartimos. Una de las primeras reflexiones giró en torno al poder que tiene el audiovisual.

«Creo firmemente que es un arma poderosísima. Los adolescentes ven el mundo —y lo aprenden— desde el celular. Esas múltiples pantallas van directo a su cerebro, los atrapan, los enganchan. Hay que crear en ellos la capacidad de discernir lo bueno y lo malo. Cuando decidí llevar a la pantalla una serie como Calendario, lo primero que pensé fue: queremos que nos vean, que les resulte atractivo, por tanto, tenemos que lograr la estética, y con ese atractivo tratar entonces esos temas que tanto nos interesan y que son esenciales para la Cuba de hoy».

Con muchísimos años de experiencia, Magda no es ajena a que ese atractivo y esa estética se traducen en costos, pero para ella es una premisa: hay que invertir en el audiovisual cubano.

«A mí me encantan todas las series extranjeras que se ponen en Multivisión, pero me doy cuenta que esos no son los valores nuestros. Calendario demostró, y es una de las cosas que más me alegra, que se puede hacer algo cubano que impacte en los adolescentes, en los jóvenes. Si preguntamos a esa nueva generación cuál es el arte que más consumen la respuesta sería el audiovisual. Incluso, los que consumen música, teatro o pintura, muchas veces lo hacen a través de un video que descargan de Internet. Entonces tenemos que aprovechar esas potencialidades».

Ninguna problemática adolescente le fue ajena, ni a Magda, ni a Calendario. Y allí están, como fieles testimonios, las historias de Melisa, Bruno, Maykel, Noemí, Vladimir, Maritza, Orestes, Beatriz, Beyonce, Israel… ¿Cómo llegar a personajes tan especiales?

«Para mí la investigación previa es fundamental. Sin investigación, ¿de qué vas a hablar? Nosotros tenemos una cantidad de sociólogos, psicólogos, que han hecho un trabajo previo valiosísimo. Fue del Centro de Estudios Sobre Juventudes que nació Calendario. Nos estaban presentando una investigación que habían hecho por toda Cuba sobre la percepción de los estudiantes sobre sus maestros: que eran intrusos, que no tenían nada interesante que decir, que coartaban sus opiniones, que eran aburridos. Me viré para Amilcar y le pregunté: ¿te atreves a escribir algo sobre eso? Porque no podía ser que tuvieran esas opiniones de alguien tan importante como lo es el maestro».

El mensaje llega cuando uno comunica a través de historias de vida, asegura Magda González Grau
Publicada en OnCuba, por cortesía de la entrevistada
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Cubavisión Internacional

La primera idea de Magda era hace un telefilme. Le contó a Amilcar y a sus dos asesoras su visión de la historia: sería como si el Chala de Conducta se convirtiera en profesor por la influencia que recibió de su maestra Carmela. Había que hacer algo que enalteciera a los docentes. Así nació un personaje como Amalia (la profe de Calendario) y su relación con Marta (la directora de la escuela).

«Los temas siempre han estado ahí. Mis alumnos, a lo largo de los años, han sido una fuente tremenda de información. El mensaje llega cuando uno comunica a través de historias de vida, sin muelas, sin recetas. Por ejemplo, los consejos que le daba Amalia a Maritza, o las conversaciones de Maritza con Bruno, hablando del Principito. Para armar esas historias tienes que tener en cuenta la vida. No puedes caer en estereotipos. En Calendario no había nadie bueno bueno, ni malo malo, porque en la vida todo tiene matices».

Uno de los personajes que más hondo caló en el público fue el de Orestes. Su salida del país en la última temporada reflejó con mucha fidelidad la creciente migración que ha tenido lugar en nuestro país.

«Decidir que Orestes se fuera significó una decisión muy fuerte, y lo hicimos en aras de la verosimilitud. Pero pusimos entonces esa escena de la despedida con su profesora, porque sí, él se va buscando un futuro mejor, pero deja aquí a sus amigos, a Amalia, y eso lo entristece también. Por eso esa escena, cuando su maestra le da un obsequio y le dice: Para que no olvides de dónde vienes». 

Para mí la investigación previa es fundamental. Sin investigación, ¿de qué vas a hablar? , reconoce Magda González Grau

Si bien Calendario le permitió a Magda abordar en tres temporadas infinidad de problemáticas con las que conviven adolescentes y jóvenes cubanos en la actualidad, su hoja de ruta es mucho más extensa, y los temas abordados también.

«Hace nueve años me propusieron hacer Una calle, mil caminos. En ese momento había hecho cosas para jóvenes, y conocía de cerca las experiencias de Blanco y negro no y El Cucumí se despierta los domingos, dirigidos por mi esposo, Charlie Medina. Yo trabajaba en la redacción infantil, y no dudé en aceptar. Incluso ahora, salí a hacer Calendario, pero no me fui de ese espacio, regreso siempre y hago algún telefilme. Ese poder que tiene el audiovisual no lo cambio por nada».

Esta herramienta comunicativa se convierte en un arma para Magda, pero no solo cuando se encuentra tras las cámaras. Después de una primera experiencia con el Instituto de Filosofía —un curso de fotografía para mujeres jóvenes en el barrio Colón en Centro Habana, un lugar donde la prostitución tiene muy fuertes raíces— y de un documental sobre el trabajo de los consejos populares en Centro Habana, Magda proyecta en diversas escuelas su telefilme Para toda la vida y organiza videodebates con los adolescentes de escuelas secundarias y preuniversitarios.

«Esa es la modesta contribución que puedo hacer con la experiencia que tengo como maestra y como realizadora», dice esta mujer de espíritu indomable y naturaleza incansable.

Días después nos vimos en la UNEAC: recibía ella el Premio Caracol precisamente por la serie Calendario. Y luego, la semana siguiente, coincidimos en el estreno de 10 cortos audiovisuales que, a modo de festival, presentaban en FCOM sus estudiantes de Periodismo.

Cortos alejados de la frivolidad, la tontería, la «metatranca». Tristes realidades retratadas, en las que se podía constatar un hálito de esperanza. Sin duda, eran el resultado de todo un semestre escuchando y aprendiendo de esta maestra y realizadora audiovisual que lleva por nombre Magda González Grau.

El sentido aplauso que aquella tarde presencié en homenaje a su profesora, no tiene nada que envidiar a esas muestras de afecto que durante tres temporadas recibió en la pantalla la profe Amalia de Calendario. Multipliquemos las Amalias, las Magdas, las Carmelas, y Cuba se parecerá cada vez más a esa Isla soñada con todos y para el bien de todos.