Familias de acogida, una opción para transformar vidas
UNICEF apoya los hogares de niñas y niños sin cuidado parental en Cuba mediante el fortalecimiento de capacidades de sus trabajadores y con la adquisición de recursos logísticos para mejorar la vida de niñas, niños y adolescentes que viven en esos centros
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En una céntrica zona de Bayamo, una ciudad rica en historia y cultura, en la provincia Granma, se encuentra el Hogar de niñas y niños sin cuidado parental. Desde hace más de un año, Tamara Núñez Pupo tiene la responsabilidad de dirigir este centro, en el que viven actualmente 6 niñas y 2 niños.
Tamara describe su labor con pasión y compromiso: "Este es un trabajo de mucho sacrificio, de mucho amor y dedicación para con las niñas y los niños, para comprenderlos, conocerlos, ver sus intereses, motivaciones, necesidades. Eso requiere de mucho tiempo, estudio, preparación. Me absorbe mucho en mi vida personal; pero mi familia es maravillosa y me apoya en todo lo que hago", reconoce Tamara, quien lleva más de tres décadas casada y sus hijos ya ejercen la profesión que estudiaron.
Su preparación y formación, complementadas con capacitaciones ofrecidas por el Ministerio de Educación, con apoyo de UNICEF Cuba, le han brindado las herramientas necesarias para enfrentar los desafíos diarios y colocar siempre primero el interés superior del niño.
Este esfuerzo continuo es recompensado con momentos de ternura y confianza, como cuando niñas y niños del hogar la llaman "mami". "Es algo lindo escucharlo. Sé que cuentan conmigo y es un voto de confianza que me entregan", comenta con una sonrisa. “No pocas veces me llaman por teléfono y me dicen “mami, te echamos de menos, te mandamos 20 besitos” y “eso para mí es algo muy especial”, asevera emocionada.
El caso de Sandro, un triunfo de la solidaridad
Uno de los momentos más emotivos en la vida de Tamara fue el caso de Sandro, un niño de 12 años que afrontaba circunstancias familiares adversas. Su madre cumple una condena de 20 años de prisión y su padre, con un trastorno psico-social, no está en condiciones de cuidar de él. Ante ese complejo escenario, Sandro llegó al hogar de Bayamo y allí permaneció durante siete meses.
En ese tiempo, su abuela materna inició el proceso para convertirse en su familia de acogida; pero enfrentó la oposición del padre. Debido a ello, se realizó un proceso judicial para el otorgamiento de la familia de acogida
"Ay directora, yo veo esto tan difícil", confesó la abuela en una ocasión. Tamara, con su habitual determinación, le respondió: "¿Por qué? Vamos a ganar. Usted tiene los requisitos para ser la familia de acogida". Y así fue. El tribunal falló a favor de la abuela y le permitió convertirse en la familia de acogida de larga estadía para Sandro.
El día que se dictó el fallo, Tamara lo recuerda con alegría: "Para mí fue lindo. Yo iba caminando en la calle y me sonreía sola. Llegué a mi casa y le dije a mi esposo: ‘¡ganamos el caso!’". Hoy, Sandro vive en La Habana, con su abuela quien recibió el apoyo de la trabajadora social del Hogar para encontrar un trabajo en la capital, asiste a la escuela y recibe seguimiento psicológico para ayudarlo en su proceso de adaptación.
Sandro y su abuela mantienen contacto sistemático por teléfono con Tamara. Además, la “abuela tiene que rendir cuenta y los trabajadores sociales realizan un seguimiento, en La Habana, para informar lo que está sucediendo con el niño. No solo a partir de lo que exponga la abuelita, sino también con los criterios de Sandro”, aclara la directora.
El acogimiento familiar en el Código de las Familias de Cuba
El acogimiento familiar es una institución regulada en el Código de las Familias de Cuba, que tiene como objetivo proporcionar un entorno familiar a niñas, niños y adolescentes que no pueden vivir con sus familias de origen. Esta medida es transitoria y busca siempre el mejor interés de la niña y el niño, al promover su reintegración al núcleo familiar de origen.
El Código enfatiza que el acogimiento familiar es una alternativa a la institucionalización y destaca la importancia de la convivencia en un entorno familiar que proporcione bienestar, amor y comprensión. Además, esta figura jurídica es supervisada por la Fiscalía y el Tribunal, para garantizar el cumplimiento de los derechos y garantías del menor.
Tamara cree firmemente en la extensión de la experiencia de familias de acogida a otros hogares. "Tenemos los medios para lograrlo y por dónde orientarnos para hacer nuestro trabajo, con todos los requisitos", asegura.
La historia de Sandro y su abuela es un ejemplo inspirador de cómo el acogimiento familiar puede transformar vidas, al ofrecer una nueva oportunidad a quienes más lo necesitan.