Un Hogar que es refugio y escuela de vida
Desde Holguín, una mirada a la vida diaria en un Hogar de niñas, niños y adolescentes sin cuidado parental, contada a través de quienes cuidan y de quienes crecen allí
Sandra Diéguez no imaginó que sus años como maestra de niñas y niños en situación de discapacidad intelectual serían la preparación silenciosa para uno de los desafíos más profundos de su vida: liderar un Hogar de niñas, niños y adolescentes sin cuidado parental, en Holguín.
Durante mucho tiempo trabajó en el Centro mixto “José Mercerón”, en el municipio Calixto García, hasta que el inicio de la enseñanza secundaria de su hija motivó una mudanza a la ciudad cabecera. Ese cambio abrió también un nuevo camino profesional. Cuando le propusieron dirigir el Hogar, entendió que el reto "no solo sería el de una administradora, sino que me convertiría en madre de varios adolescentes”, confiesa. Desde entonces, cada día ha sido una lección de empatía, resiliencia y amor incondicional, en un espacio donde cada historia de vida exige una entrega sin horarios.
El artículo 9 de la Convención sobre los Derechos del Niño reconoce el derecho de niñas, niños y adolescentes a vivir con sus padres, salvo cuando su interés superior exija la separación. El Estado tiene la obligación de garantizar alternativas familiares seguras, revisar periódicamente las decisiones de acogimiento y procurar la reintegración cuando sea posible.
Las complejidades de la convivencia adolescente
Desde su llegada, Sandra enfrentó el desafío de acompañar a adolescentes. "Quieren salir, experimentar, ser como los demás. Pero las normas son estrictas: no pueden salir solos. Cuando me preguntan en la escuela si son mis hijos, siempre respondo: “sí, son mis niños”, asevera.
Las niñas, niños y adolescentes sin cuidado parental no constituyen un grupo uniforme, ya que presentan realidades, necesidades y capacidades muy diversas, así como niveles significativos de resiliencia y fortalezas individuales. Por ello, cada caso requiere una estrategia específica que permita prevenir la separación familiar, garantizar soluciones de cuidado apropiadas cuando el cuidado alternativo responda al interés superior del niño, y promover, cuando sea posible, una reunificación y reintegración familiar oportuna tras una acogida.
Actualmente, el hogar cuenta con un subdirector docente, dos asistentes educativos, una trabajadora social y una administradora que, según Sandra, es su pilar fundamental: "Ella conoce cada detalle de las y los adolescentes y maneja toda la información."
"No hay fines de semana, no hay horario. Si me llaman de madrugada porque un joven está en crisis, voy", asegura Sandra, quien no concibe su rol solo como administradora. Es madre, educadora, consejera y sostén emocional.
Dailin: crecer, cuidar y soñar desde el hogar
Las y los adolescentes que egresan de los Hogares de niñas, niños y adolescentes sin cuidado parental, al cumplir los 18 años y encontrarse en condiciones de vivir de manera independiente, deben recibir apoyo para retornar a una vivienda si la tienen, o acceder a una asignada por el gobierno local. Sin embargo, cuando estos procesos no se concretan de manera oportuna, se generan situaciones prolongadas de permanencia institucional en la vida adulta, como ocurre en el caso de Dailin.
Entre las historias que habitan el Hogar, la de Dailin conmueve por su entereza. Tiene 21 años y llegó al Hogar cuando apenas tenía 10. “Terminé la primaria, la secundaria, y ahora trabajo aquí cuidando a las niñas y los niños del Hogar. También estudio los sábados por la mañana porque quiero superarme y entrar a la universidad para estudiar Comunicación Social. Me encanta esa carrera”, cuenta con entusiasmo.
Dailin es madre de un niño pequeño, de dos años, que vive con ella en el Hogar. Aunque reconoce que no siempre es fácil combinar el trabajo, el estudio y la maternidad, asegura sentirse muy apoyada por sus compañeras y por el personal del centro. “Me ayudan mucho con mi hijo. Lo llevan al parque, lo bañan, le dan comida. Incluso juegan con él al fútbol en el portal. Él reparte besos a todos cuando llega del círculo”, dice sonriendo.
“Me negué a dejar de estudiar porque quiero que mi hijo vea que hay que esforzarse para ser alguien en la vida. Quiero ser un ejemplo para él”, reconoce.
Sobre la convivencia en el Hogar, admite que, como en cualquier espacio compartido, existen retos. “Somos ocho jóvenes con diferentes caracteres. A veces hay discusiones, pero nos llevamos bien. Yo soy como la madre de todos, y ellos me ayudan mucho con mi niño”.
Dailin espera con ilusión el momento de contar con una vivienda propia, donde pueda continuar cuidando a su hijo y construyendo su proyecto de vida de manera independiente. Su historia pone de relieve la importancia de que los gobiernos locales agilicen la entrega de viviendas a las y los jóvenes que egresan del sistema de cuidado alternativo, como parte esencial de su transición a la vida adulta y del ejercicio efectivo de su derecho a una vida autónoma y digna.
Dailin también expresa con claridad las necesidades del Hogar. “Nos gustaría que repararan la casa. La infraestructura es muy antigua. Nosotros mismos la hemos pintado. También hace falta mejorar los baños, la alimentación, los suministros. Aquí todo se comparte, pero a veces no alcanza”.
“Me siento bien aquí, tengo apoyo. Es bonito que la gente conozca mi historia, que sepan que, aunque la vida me puso pruebas difíciles, me esfuerzo por salir adelante, por estudiar, trabajar y cuidar a mi hijo”, asevera.
La esperanza del vínculo familiar
Varios adolescentes del Hogar mantienen vínculos con sus familias de origen. Como Isabela, cuya abuela es un pilar, porque su madre, ingresada en un hospital psiquiátrico, no la reconoce. Mientras, un adolescente de Mayarí recibe visitas regularmente de su abuelo y la esposa que lo sacan a pasear y mantienen contacto telefónico constante. Además, el abuelo comenzó el proceso para convertirse en familia solidaria. “Siempre buscamos fortalecer ese vínculo familiar", explica Sandra.
El mantenimiento de un vínculo regular, significativo y seguro con la familia de origen es un elemento esencial para el bienestar emocional y el desarrollo integral de las niñas, niños y adolescentes que se encuentran en instituciones de cuidado. Tal como prevé el nuevo Código de la Niñez, Adolescencias y Juventudes, la separación del entorno familiar debe entenderse siempre como una medida excepcional y temporal, y nunca como una ruptura definitiva de los lazos familiares.
El contacto periódico con la familia a través de visitas, comunicación frecuente y participación en momentos significativos contribuye a preservar la identidad, la historia personal y el sentido de pertenencia de niñas y niños. Estos vínculos fortalecen su estabilidad emocional, reducen sentimientos de abandono y favorecen procesos más saludables de desarrollo afectivo, incluso cuando el cuidado cotidiano se brinda desde una institución.
Además, el vínculo sostenido con la familia de origen es clave para preparar y facilitar el retorno familiar, cuando las condiciones de protección y cuidado han sido restablecidas. La experiencia demuestra que los procesos de reintegración son más exitosos cuando el contacto no se ha interrumpido y cuando las familias reciben acompañamiento institucional para fortalecer sus capacidades parentales.
En los casos en que el retorno no sea posible, mantener el vínculo familiar permite igualmente que niñas y niños crezcan con una comprensión clara de su historia, evitando quiebres innecesarios y favoreciendo transiciones más cuidadas hacia otras soluciones duraderas. Por ello, el Código refuerza la responsabilidad del Estado y de las instituciones de cuidado de promover, facilitar y supervisar estos vínculos, siempre que no representen un riesgo, colocando en el centro el interés superior del niño o la niña.
Las acciones de formación y acompañamiento técnico como parte del proyecto "Fortalecimiento de la estrategia de protección integral en los hogares de niños, niñas y adolescentes sin amparo familiar", implementado por el Ministerio de Educación, con el apoyo de UNICEF Cuba, en el marco del ciclo de cooperación 2020-2025”, han fortalecido las competencias profesionales de Sandra y su equipo en el Hogar para brindar un cuidado más integral, centrado en el interés superior del niño y alineado con los principios de la Convención sobre los Derechos del Niño.
Donde otros ven ausencia, ella construye esperanza
Cada jornada es distinta, cada historia es única, pero Sandra mantiene firme su convicción: "Cada niña y niño merece una segunda oportunidad. Aunque vengan de la adversidad, aquí encuentran un hogar donde son amados, protegidos y alentados a construir un futuro mejor."