Dailén encontró su hogar

Una historia que refleja el valor del acogimiento familiar para garantizar el derecho de niñas y niños a crecer en un entorno protector

Miguel E. Gómez
La historia de una niña y de una familia que demuestra por qué crecer en familia es un derecho, no una excepción
Miguel E. Gómez
11 Diciembre 2025

La vida de Dailén cambió el día que Lourdes conoció su historia. Ella vivía en un Hogar para niñas y niños sin cuidado parental, en Holguín. Había sido abandonada al nacer por su madre quien padece de trastornos mentales y no tenía un padre conocido. Lourdes llamó de inmediato a su esposo: “Miguel, esta es nuestra hija”, le dijo.

Sin pensarlo dos veces, comenzaron a visitarla en el Hogar, a cuidarla cuando enfermaba, a apoyarla. Lo que al inicio fue un acto de amor espontáneo, se convirtió en una relación profunda y constante.

El derecho de niñas, niños y adolescentes a crecer en entornos familiares

Todas las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a crecer y desarrollarse en un entorno familiar, donde reciban afecto, cuidado, protección y acompañamiento individualizado. Vivir en familia no es solo una aspiración social: es un derecho reconocido en la Convención sobre los Derechos del Niños, así como también el nuevo Código de la Niñez, Adolescencias y Juventudes de Cuba. La familia en sus diversas formas es el espacio más favorable para el desarrollo integral durante la infancia y la adolescencia.

Crecer en una familia permite a niñas y niños construir vínculos afectivos estables, desarrollar su identidad, fortalecer la autoestima y aprender, desde la vida cotidiana, habilidades emocionales y sociales esenciales. La presencia de personas adultas referentes, que conocen sus necesidades, escuchan su voz y responden de manera cercana y continua, favorece un desarrollo emocional más seguro y una mayor sensación de pertenencia y protección.

Las modalidades de cuidado institucional cumplen un rol importante de protección y, en contextos como el cubano, ofrecen atención, seguridad y cobertura de necesidades básicas. Sin embargo, incluso cuando funcionan adecuadamente, las instituciones no pueden sustituir plenamente la experiencia de vida familiar, caracterizada por la atención personalizada, la estabilidad emocional y la construcción de lazos significativos en el día a día.

Por ello, el acogimiento familiar se promueve como una medida de protección prioritaria, siempre que sea posible y en el interés superior del niño o la niña. Para garantizar que cada niña y niño pueda crecer en el entorno más favorable para su bienestar, reconociendo que la familia, ya sea biológica, extensa o de acogida, ofrece condiciones únicas para el desarrollo pleno, la protección de derechos y la construcción de un proyecto de vida.

El papel esencial de la Defensoría

Cuando la Defensoría de Holguín conoció del caso, activó todos los mecanismos legales para garantizar lo más importante: el interés superior de la niña. Tania Pérez, jefa del departamento de Defensoría en la Dirección Provincial de Justicia, cuenta que desde el primer momento entendieron que Dailén ya no solo tenía un vínculo emocional con esa pareja, sino una oportunidad real de crecer en una familia.

El acogimiento familiar, regulado en el Código de las Familias en Cuba, permite justamente eso: brindar un entorno temporal, pero seguro, a niñas, niños y adolescentes que no pueden vivir con sus familias de origen. Es una medida jurídica transitoria, supervisada por tribunales y fiscalías, que busca evitar la institucionalización y priorizar la convivencia familiar siempre que sea posible. 

Constituye una necesidad robustecer el papel del defensor para el acompañamiento y defensa de los derechos de niñas, niños y adolescentes, sobre todo cuando se articula con otros entes de protección a la infancia.
Constituye una necesidad robustecer el papel del defensor para el acompañamiento y defensa de los derechos de niñas, niños y adolescentes, sobre todo cuando se articula con otros entes de protección a la infancia.

La madre biológica de Dailén no tenía paradero conocido y no existía ningún familiar dispuesto a hacerse cargo. Por eso, la Defensoría, junto con un equipo multidisciplinario —fiscalía, Dirección provincial de justicia, abogadas y trabajadoras sociales—, construyó un expediente sólido que permitió que el tribunal dictara el acogimiento formal. Se aportaron pruebas legales, exámenes médicos, certificaciones del Registro Civil y, sobre todo, testimonios que demostraban el fuerte lazo entre Dailén, de tres años, y su familia de acogida.   

“El tribunal falló a favor de la familia solidaria, que se convirtió en familia de acogida. La niña dejó de vivir en el Hogar para niñas, niños y adolescentes sin cuidado parental y comenzó a vivir en la casa de Lourdes y su esposo. La madre no está en condiciones de ejercer la responsabilidad parental en estos momentos. Para nosotros fue una experiencia extraordinaria. Fue el primer caso de este tipo en Holguín. Todo el equipo —Defensoría, Dirección provincial de justicia, el Hogar de niñas y niños sin cuidado parental— trabajó unido”, explica Tania.

“Hoy somos la familia que Dailén necesita”

Miguel, padre de acogida, lo expresa con serenidad y convicción: “Hoy estamos viviendo la familia que Dailén necesita para crecer”. Tras muchos años en los que él y Lourdes imaginaron cómo sería cuidar de una niña, encontraron en el acogimiento familiar la posibilidad de ofrecerle a Dailén un entorno de amor, estabilidad y protección mientras disfruta de su derecho a crecer en familia. Juntos viven en el municipio holguinero de Rafael Freyre, en la provincia de Holguín.

Para Dailén, el acogimiento ha significado encontrar un hogar donde se siente segura, querida y acompañada. “Para ella, Lourdes y yo somos sus referentes cotidianos. Está tranquila, feliz y bien adaptada a la casa, que siente como su hogar”, cuenta Miguel, consciente de que su rol como familia de acogida es acompañarla, cuidarla y protegerla en una etapa clave de su vida.

Más que un trámite, una transformación

Para Alejandro Redondo, Director nacional de la Defensoría, estos procesos no deben verse como simples procedimientos legales.

De derecha a izquierda, Tania Pérez, Jefa del Departamento de Defensoría en la Dirección provincial de Justicia en Holguín, Alejandro Redondo, Director nacional de la Defensoría, Carmen Gertrudys Bejerano Tamayo, Directora Provincial de Justicia de Holguín y Luis Alberto Hierro, de UNICEF Cuba.
De derecha a izquierda, Tania Pérez, Jefa del Departamento de Defensoría en la Dirección provincial de Justicia en Holguín, Alejandro Redondo, Director nacional de la Defensoría, Carmen Gertrudys Bejerano Tamayo, Directora Provincial de Justicia de Holguín y Luis Alberto Hierro, de UNICEF Cuba.

“Estamos protegiendo el derecho de una niña a crecer en una familia. En este caso, identificamos a una niña sin familia y a una pareja interesada en ofrecerle un entorno afectivo. Nuestra labor va más allá de lo jurídico. No es solo un expediente, es una transformación real en la vida de las personas”, asegura.

“El acogimiento familiar es siempre un medio, ya que es una medida temporal de protección, pensada para garantizar que niñas y niños puedan vivir en un entorno familiar, mientras se define la solución más adecuada para su situación”, explica Alejandro.

“La primera opción es siempre que el niño o la niña pueda retornar de manera segura a su familia de origen, una vez superadas las circunstancias que motivaron la separación. Cuando esto no es posible, y así lo determina la autoridad competente, el acogimiento puede también convertirse en un paso previo a una adopción, si ello responde al interés superior del niño o la niña. La lógica del acogimiento también permite aliviar la presión sobre el sistema de Hogares”, aclara Alejandro.

“En nuestro caso, lo que nos mueve es saber que Dailén tiene hoy un entorno seguro, estable y afectivo, que responde a sus necesidades y a su bienestar. Nosotros estamos aquí para acompañarla, cuidarla y protegerla mientras lo necesite. Si más familias entendieran el acogimiento, muchas más niñas y niños podrían crecer en un hogar”, concluye Miguel.