"Es importante fomentar la fantasía en la infancia"
Entrevista con el animador y director de cine Ernesto Piña, como parte de la serie 35 voces por la infancia en Cuba
Animador y director de cine. Graduado de Artes Plásticas en el ISA. Premiado dentro y fuera de Cuba. Y en tiempos en los que en la Isla no había proliferado el uso masivo de Internet ya los cortos de Ernesto Piña (M-5, Todo por Carlitos) se volvían «virales» cuando pasaban de memoria flash en memoria flash de miles de adolescentes y jóvenes.
Sin embargo, hubo un suceso que logró perpetuar su nombre en varias generaciones de cubanas y cubanos: el estreno de Pubertad. Es por eso que, en el marco de los 35 años de la Convención sobre los Derechos del Niño, comenzamos el diálogo hablando precisamente de esta serie de dibujos animados que, con lenguaje actual, irreverente y un humor fino e ingenioso, marcó la adolescencia de varias generaciones.
¿Qué significó en tu vida Pubertad?
Sin dudas fue una escuela de producción y realización para mí y a la vez el proyecto en el que más aprendí a trabajar en equipo, desde la investigación, el guion y la realización. Que haya tenido gran alcance y buen impacto en el público a quien iba dirigido público, me llena de mucha satisfacción. Recibimos varios reconocimientos en eventos nacionales e internacionales, pero mi mayor premio es que aún me encuentro con mujeres y hombres, ya mayores de 25 años, que vivieron su estreno cuando eran adolescentes, y me dicen que les sirvió de mucho para entender lo que les pasó durante su pubertad y que les resultó ameno el aprendizaje.
En tu etapa adolescente coleccionabas rollos de películas como Voltus 5, Mazinger Z, Tecnopolicía en Acción, o cualquier otro elemento que tuviera que ver con dibujos animados, incluidas imágenes de Elpidio Valdés. ¿Se sienten ustedes como generación continuadores de la obra de Juan Padrón? ¿Qué lugar le darías a ese «pillo insurrecto manigüero mambí» en el imaginario de los niños?
Esos pedazos de rollos de películas de 35 mm con imágenes de los animados que veía en el cine fueron un hobby que me ayudó a aprender a dibujar mejor.
Como la obra de Juan Padrón no hay ninguna. Es única e irrepetible. Soy parte de la generación que creció con Elpidio Valdés, Vampiros en La Habana y sus demás personajes de historietas y animados. Me siento muy identificado con él, pero no exactamente un continuador de su obra. Aunque sí nos conecta el sentido del humor como parte de la comunicación de los animados con el público. Tuve la suerte de trabajar con él en sus últimas producciones, y fueron experiencias muy nutritivas, inyecciones de creatividad.
En estos tiempos de mucha información que circula por Internet y la copia de ficheros de memorias a discos duros entre la gente, creo que Elpidio Valdés está deprimido en el actual imaginario infantil cubano. Los que saben que existe el personaje, lo ven como algo remoto, histórico, viejo... Para colmo, se pone poco en la televisión, solo en fechas históricas señaladas, ya no es como antes. Puede ser que en alguna que otra escuela se muestren sus animados para apoyar las clases de Historia. Ahora los niños tienen muchas opciones para escoger y entretenerse con otros animados foráneos, que son de mejor calidad y mayor cantidad que los cubanos. Debemos estar conscientes de eso. Como también tenemos que encontrar la manera de sumarnos al mundo para que se conozcan más nuestras obras animadas, y que estén a la altura de nuestro tiempo en cuanto a realización y creación artística.
¿En qué estado de salud, por decirlo de alguna manera, se encuentra la realización de dibujos animados en Cuba?
Aunque tengamos 65 años de animación, te puedo decir, sin temor a equivocarme, que todavía nos falta mucho por aprender en cuanto a producción y distribución para conectarnos con lo que sucede a nivel internacional. Lo bueno es que no nos detenemos, seguimos produciendo animados, dando tumbos, carentes de la tecnología idónea, sin personal capacitado en lo artístico-técnico, pero con muchos deseos de salir adelante con nuestras obras. Reinventándonos con las condiciones que hay y con la cultura que cada cual tenga para proponerle a sus proyectos.
Seguimos carentes de buenas historias y de más valentía para tratar y aprobar temas que sean del interés de niños, jóvenes y adultos, sin teque, con poco didactismo, porque de eso ya estamos muy saturados. Uno de los desafíos es lograr que se entienda que es importante fomentar la fantasía en la infancia, como también conectar y aterrizar nuestros animados a la realidad que nos rodea; por muy complicada que sea, es la nuestra y hay que estar a la altura de nuestro tiempo.
Necesitamos más variedad temática, conceptual y estética; que se le dé oportunidad de producción y distribución a las obras animadas independientes.
Otro gran desafío es lograr poner en práctica la creación audiovisual como un negocio. El audiovisual es caro de producir, y no puede verse solo como un producto cultural. Al igual que sucede con las industrias internacionales, nuestros audiovisuales deben ser comerciales, vendibles al mundo. Y no solo los audiovisuales, sino todos los productos que se deriven de ellos. Sé que existe el Bloqueo Económico contra Cuba, pero siempre se pueden buscar otras variantes de distribución, justamente para reciclar parte del presupuesto estatal anual y parte de lo que se genere con la venta de los productos audiovisuales y productos extras que puede hacer la propia industria. Todo está en que haya una voluntad política para buscar esa variante, y me parece que es posible. Cuba se está reinventando económicamente todo el tiempo.
Háblanos un poco de La Súper. ¿Por qué una mujer y no el héroe masculino tradicional? ¿Cuán importante crees que sea la formación con enfoque de género desde edades tempranas?
El caso de La Súper siempre se pensó para una mujer con cualidades físicas opuestas a las de las superheroínas que se conocen. Un concepto de diseño de mujer latina común, gordita, bonita, y que además luchara contra los hombres abusadores con un poder que no les hiciera daño: la luz Armonía que les ayuda a aclarar su mente. El hecho de que fuera una mujer y no un hombre ya le daba un toque interesante, distinto, un reto en animación, y más para Cuba, que me parece que no tenía una superheroína —aunque en la película proponemos que La Súper puede ser cualquier mujer.
Siempre trato de ponerme retos en la realización de mis animados. Su concepto de enfoque de género nos lo pensamos de manera que acompañara la historia. Queríamos que se sintiera como una aventura, movida, entretenida, y a su vez que tuviera ese mensaje. Porque es importante que los adolescentes —público destino— supieran cómo funcionan los diferentes tipos de violencia de género.
Lo que pasa es que no se les puede dar esa información de manera impuesta, o brusca, hay que ingeniárselas artísticamente para que cuando vean la película se motiven y entiendan el tema a través de las situaciones, los diálogos... y por supuesto, que les atrape la visualidad, el audio. Ojalá que se siga exhibiendo y que la sigan viendo más personas. La Súper es nuestro granito de arena a la lucha contra los abusos hacia las mujeres y las niñas, y nuestro aporte en este sentido a la sociedad cubana y mundial.
¿Cuán importante crees que son los Estudios de Animación del ICAIC para el desarrollo de las infancias y las adolescencias?
Considero que todos son importantes, no solo los del ICAIC, sino también los del Instituto Cubano de Radio y Televisión, y los que se producen de manera independiente y que se realizan para niñas, niños y adolescentes. Todos contribuyen al desarrollo de sus imaginarios, forman parte de sus historias de vida y enriquecen su cultura. Creo que todos merecen un espacio para su exhibición, y no solo en redes sociales, sino también en las ventanas de exhibición públicas como la televisión —por muy experimentales, controvertidos o incómodos que sean algunos—. Eso intentamos hacer cuando realizamos La peña de Piña en 2017 y 2018, un show televisivo para la animación cubana. Comenzamos dándoles más visibilidad a las animaciones menos exhibidas —tanto las históricas como las contemporáneas— y que solo se habían visto en festivales de cine.
¿Por qué se debe abordar el tema de los derechos de las infancias y adolescencias en propuestas audiovisuales, y específicamente en dibujados animados?
Los derechos de las infancias son vitales. Las niñas y los niños son el futuro, se merecen todo lo bueno que ayude a su crecimiento como seres humanos. Es un tema importante que hay que trabajar para que estén preparados para la vida que les espera. Desde el audiovisual y la animación se puede contribuir a su formación porque son productos que se consumen mucho en la infancia y en la adolescencia; son modos de expresión desde el arte que dan información. Si los trabajamos a conciencia y para el bien de ellos, ayudaremos a formar su cultura, su identidad.