Los niños tienen que soñar

Entrevista con el dramaturgo y locutor Maikel Chávez de la serie 35 voces por las infancias en Cuba

Lisandra Ronquillo
El dramaturgo y locutor cubano Maikel Chávez y su personaje Federico Maldemar
Cortesía del entrevistado
27 Noviembre 2025

Maikel Chávez tiene un alter ego y se llama Federico Maldemar. El dramaturgo y locutor escogió a un ocurrente ratón azul para encarnar al niño que lleva dentro. «A veces he sido tildado de infantil por muchos amigos y me encanta que me lo digan», confesó en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfico (ICAIC), desde donde ha puesto voz y creatividad a diversos animados. «No quiero perder nunca la oportunidad de preguntar y eso es algo que caracteriza a los niños. Como decía El Principito, los adultos en la medida que crecen se vuelven más aburridos. No perder la energía infantil nos puede salvar».

Aunque el espectáculo suceda en un teatro o a través de un programa televisivo o radial, el universo transmedial de Federico se expande cada vez que un niño o una niña sueña, ríe y confronta a los adultos con interrogantes difíciles. Maikel Chávez disfruta habitar ese mundo rico en matices extravagantes, donde experimenta múltiples vidas y escoge varios caminos. De vez en cuando le echa la culpa a Federico de sus trastadas. En otras ocasiones, es el padre sobreprotector de ese títere que se gestó en su imaginación.

Federico Maldemar nació como parte de la obra Un mar para Tatillo, Premio Dora Alonso por la Editorial Tablas-Alarcos. Si tuviera que presentar a Federico, ¿cómo lo caracterizaría a él y al universo que habita?

Federico es un personaje que ha ido evolucionando conjuntamente conmigo. En la obra Un mar para Tatillo era el antagonista, pero por su cercanía con los públicos y su simpatía, los niños y los padres conectaron más con él. Como dramaturgo, eso se convirtió en un derrotero y tuve que cambiar el curso de la historia. Por eso, Federico apareció en otras piezas como La ínsula prometida, premio José Jacinto Milanés, y Vida y milagro de Federico Maldemar, mención del premio La Edad de Oro, de la Editorial Gente Nueva. 

Federico habita un universo transmedial que se expande al teatro, la radio, la televisión y la literatura
Cortesía del entrevistado Federico habita un universo transmedial que se expande al teatro, la radio, la televisión y la literatura

Ya Federico se parece más a los niños y las niñas de la Cuba de aquí y ahora. Lo caracterizaría como un ratoncito que también da perretas, se equivoca, comete errores, pero al mismo tiempo está ávido de aprender y conserva la inocencia y la frescura de los pequeños. Definir el universo de Federico es complicado porque hablamos de transmedialidad o multiplataforma. Por ejemplo, Federico salió en la radio durante la pandemia, cuando nuestros niños estaban encerrados en sus casas. Entonces yo dirigía uno de los bloques informativos en Radio Progreso, de tres de la tarde a seis y media. Y alguien me dice: ¿Por qué tú, que haces tantas voces para los dibujos animados, no comienzas un programa para niños en vivo? Como a mí me gustan los retos le dije: pues lo vamos a empezar a hacer esta misma tarde. A principio pensaron que era un chiste, pero a las cinco se abrieron los micrófonos y comencé a narrar cuentos, imitando las voces de todos los personajes, y fue tan mágico. ¿Qué ocurrió? Los oyentes esperaban el programa de radio y luego se iban al WhatsApp de Federico que habilitamos, y ahí dialogaban las familias con él. A mí me sirvió como herramienta creativa porque me obligó a conversar desde el personaje y responder las preguntas de los niños, algunas bastante complicadas, como lo haría Federico. Su universo se transforma en la medida en que han avanzado los años para mí y para el personaje.

Federico Maldemar no es el único proyecto animado en el que has participado. ¿Por qué es importante que las niñas y los niños vean «muñequitos» cubanos?

Desgraciadamente, las nuevas producciones de los estudios de animación del ICAIC no se ven en la televisión. Creo muy necesario que los pequeños se acerquen a estos dibujos animados porque abordan diversas temáticas, incluyendo cómo alejarse del consumo excesivo de las pantallas ante juegos que no están diseñados para ellos. Las tecnologías son buenas y, de hecho, nos ayudan y aportan al crecimiento, pero también dañan cuando se convierten en adicciones. He tenido la posibilidad de dialogar sobre esto y otros temas en mi programa Fede TV.

Los muñequitos sobre todo se sustentan en la necesidad de soñar. Hay que saber cómo dialogar con los públicos y estimularlos, porque de lo contrario cercenas la imaginación, que es fundamental para las infancias. Como mismo dice la canción de Federico, potenciemos el deseo de ver colores que ni sabías que existían. Los animados hacen todo lo imposible para una persona real: vuelan, se le botan los ojos, abren desmedidamente la boca y contagian con esa alegría infantil. Como diría Federico Fellini, el gran director de cine: la vida es una fiesta, ¿por qué no vivirla como tal?

Federico existe también para las familias con discapacidad auditiva, visual o intelectual. ¿Cómo crear un puente comunicativo con estas poblaciones?

Si aspiramos a una sociedad más inclusiva —y las personas con discapacidad auditiva, por ejemplo, durante todos estos años se han esforzado por ser reconocidos e insertarse— es tiempo de que los oyentes tomemos cartas en el partido y nos despojemos del ropaje de las palabras. Decir: soy inclusivo, suena hermoso, pero hacerlo es más complicado.

Fede TV rompe con muchos patrones, su intérprete de lengua de señas no está en una esquinita, sino a la misma altura de los personajes, de hecho, dialoga con ellos. En la Peña de Federico, cada tercer sábado en el cine La Rampa, la intérprete comparte el escenario también. No cuento cuántas personas con discapacidad entran a la sala, no es mi interés. A mí me gusta sorprenderme, como ocurrió en la última peña donde vinieron varias personas y familias con discapacidad auditiva. Ellos encontraron un espacio donde entendían todo a la perfección y al mismo tiempo el público oyente aprendió lengua de señas.

Fede TV y la Peña de Federico son una provocación. Mi universo de Federico se ha enriquecido justamente por eso. Yo estrené Con ropa de domingo en la escuela René Vilches y disfruté muchísimo ver el susto de los actores, que no estaban preparados para un público que no escuchaba y solamente estaba al pendiente de la gestualidad y del intérprete. Esos niños reaccionaron, se emocionaron y comprendieron perfectamente la historia. Es tiempo de despojarnos de las palabras e ir a la acción.

Cada pieza o programa de Maikel está concebida de manera inclusiva para todo tipo de públicos
Cortesía del entrevistado Cada pieza o programa de Maikel está concebida de manera inclusiva para todo tipo de públicos

Usted ha abrazado el teatro, pero también la radio y la televisión. ¿Qué retos implica cada medio a la hora de cautivar al público infantil?

Me gusta la palabra transmedial porque abarca varios espacios y medios, pero modificándose los discursos y sin perder la esencia del personaje o qué persigue como universo temático. El teatro tiene un tipo de receptor, hay que proyectar la voz, construir desde la artesanía teatral, la escenografía y la visualidad. En la radio tú entras a las casas diariamente sin pedir permiso y cada tarde te encienden y te comunicas con ese público, como si fuera al oído. La televisión funciona distinto, dialoga con cámaras, planos e iluminación. En el universo de Federico busco transmitir que todos contamos y aportamos, el camino es unirnos, respetarnos y tolerarnos.

En un mundo en el que las infancias consumen videojuegos y otras facilidades del ciberespacio, usted promueve la literatura. ¿Cómo el juego, los libros y los colores incentivan las inteligencias múltiples de los más pequeños?

Mi colección Planeta Cachivache se publicó con Ediciones Cubanas. Estos libros interactivos narran siete historias y cada ejemplar fue hermosamente ilustrado por Jorge Oliver Medina, el creador del Capitán Plín, que ya no está entre nosotros. Nos pusimos como reto que el niño leyera, pero también que jugara. En la medida que avanzas en la historia, encuentras pasatiempos y personajes para colorear. Actualmente los niños leen menos y están más cercanos a las tecnologías, los audiolibros o los podcasts. Es muy necesario rescatar el hábito de la lectura.

Tuve la suerte de leer a los clásicos, a grandes escritores, de niño. Recuerdo historias de la Editorial Gente Nueva como Pipa medias largas, Me importa un comino el rey pepino, Konrad o el niño que salió de una lata de conservas y Ronja, la hija del bandolero. En mi escuela se hacían los concursos de Mi libro favorito, el profesor daba la clase de matemáticas y a la vez nos contaba el capítulo de un libro. En la actualidad eso ha ido desapareciendo. Creo que existen muchos derroteros y toca preguntarnos: ¿Hacemos libros para los niños de la Cuba de 2025? ¿Estarán hermosamente ilustrados? ¿Por tal de tener mayores tiradas, sacrificamos el diseño y la belleza del libro? ¿De qué nos vale una tirada de mil ejemplares si luego llegan a la casa y los tiran en un rincón?

En su teatro para niños hay dos niveles de lectura: para los pequeños y para los adultos. ¿Por qué establecer este diálogo generacional?

Todas mis obras de teatro como dramaturgo están destinadas al público infantil, pero siempre establezco una doble línea de acción: la historia contada para los niños, pero también las preguntas y los subtextos para los adultos. El niño no va solo al teatro, una persona adulta lo acompaña, incluso en el visionaje de un programa de televisión o la escucha de la radio. Quienes trabajamos para las infancias ganamos un doble público y a mí me gusta potenciar preguntas incómodas que el niño hace al padre y este tiene que responder.

¿Cómo potenciar ese discurso, ese puente comunicativo entre ambas generaciones, entre los hijos y sus padres, entre los nietos y sus abuelos o entre los primos, los tíos, los sobrinos, las familias? Desde el arte, desde las metáforas, hablamos de temas puntuales y que todavía son tabú. ¿Cómo educar a un público a que sea más resiliente? Es lindo imaginar un mundo lleno de color, pero también necesitamos saber cómo enfrentar los problemas y seguir adelante. 

Cada tercer sábado del mes, el cine Rampa acoge La peña de Federico, donde niñas y niños juegan y aprenden
Cortesía del entrevistado Cada tercer sábado del mes, el cine Rampa acoge La peña de Federico, donde niñas y niños juegan y aprenden

Federico asegura: «Los sueños son tan frágiles que el aleteo de un zunzún podría quebrarlos». ¿Por qué es imprescindible que los niños no dejen nunca de soñar?

Desgraciadamente, las infancias consumen productos que no son para su edad. Cuando los miremos, deberíamos recordar esa advertencia que dice: ¡Cuidado, hay sueños! Cada niño los conserva y esos sueños son los que mañana van a transformar la realidad. De lo contrario, si desde temprana edad los permeamos de insatisfacciones, tristezas e incomodidades cotidianas, esa personita crece potenciando la amargura.

Los niños tienen que soñar como niños, tienen que ver los colores y sobre todo aprender a respetar. A veces no nos damos cuenta, inmersos en la vorágine diaria, que quebramos sus sueños. No hay nada más triste. Pero si tienes las herramientas, si eres un ser resiliente, si tienes la capacidad de luchar por lo que amas, aunque el aleteo del zunzún los quiebra, tú vas a salvar tus sueños. Si lo hacemos así desde nuestras infancias, vamos a tener un mundo mejor mañana, aunque parezca utópico, aunque parezca un sueño.