“La infancia es el verdadero paraíso”
Entrevista con la compositora, trovadora y cantante Liuba María Hevia, Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF en Cuba, como parte de la serie 35 voces por la infancia
Liuba es como un ángel de niñas y niños. Un ángel que comenzó a nacer desde que la presencia de una guitarra le resultó un descubrimiento mágico. Ella y su obra velan por el desarrollo emocional, físico y espiritual de las infancias. Por eso, desde el proyecto social Mi niña imaginada, la embajadora de Buena Voluntad de UNICEF en Cuba lleva su repertorio a barrios, hospitales y hogares de niñas y niños sin amparo familiar.
«Aureliano Buendía nunca olvidó cuando entró a la carpa de los gitanos y estos abrieron un cofre que dejaba escapar un aliento glacial. El hielo era un «bloque transparente, con infinitas agujas internas en las cuales se despedazaba en estrellas de colores la claridad del crepúsculo». Así lo describió en Cien años de soledad Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura.
La guitarra fue para Liuba María Hevia «el diamante más grande del mundo», como bautizó al hielo José Arcadio Buendía. El descubrimiento no lo provocó su padre, sino su madre, una melómana empedernida que armonizaba sus días con música clásica, tradicional y latinoamericana.
Cuando los ojos de la niña se posaron en aquel instrumento barrigón de seis cuerdas, lo supo: su destino era la música. «Me fascinó el sonido que salía de la boca de ese ángel de madera», confesó.
De adulta, Liuba entró al Movimiento de la Nueva Trova como una compositora y cantante imprescindible del panorama cubano e iberoamericano. La máxima expresión de este sueño comenzó en la década de los ochenta, cuando fundó, con la poetisa y trovadora Ada Elba Pérez, el proyecto social Mi niña imaginada. Desde entonces, los escenarios no bastan para Liuba: su repertorio se expande a hospitales, casas de abuelos y hogares de niñas y niños sin amparo familiar.
«Cuando somos niños todos somos poetas, después el mundo se encarga de achicarnos el alma». Usted citó a Eduardo Galeano durante una entrevista ¿Cómo describiría su niñez?
La infancia es el verdadero paraíso, donde reina la libertad, la poesía, donde todo es posible. Si además tienes una madre como la que tuve, mujer sensible que inundó la casa con buen arte, si los juegos transcurren en un entorno lleno de naturaleza y puedes dialogar con ella, hablar con los pájaros y hasta volar, no es necesario pedir más. Yo fui un pájaro cantor, una poeta en el reino de los juegos.
¿Por qué escoger la guitarra entre tantos instrumentos?
Descubrí la guitarra siendo muy niña y ese hallazgo se convirtió en una obsesión. Gracias a una amiga del aula pude conocer algunos pocos acordes, mi madre me inscribió en el taller de Leopoldina Núñez, en el que fui aprobada y con alta calificación sin preparación previa, pero en la primera clase le informaron que si no tenía guitarra propia no podía iniciar los talleres. Eso fue muy traumático para mí, hasta produjo consultas médicas porque me entristeció profundamente, mi familia era de muy escasos recursos y no podía comprarme una guitarra en ese momento. Años más tarde entre todos lo lograron.
Mi madre, además, encontró un primer profesor, Amado Pestaña, y luego consiguió ponerme frente al gran Guyún (Vicente González Rubiera), quien me terminó de enamorar de la guitarra y más: me «embrujó» al transmitirme cuán infinita puede ser la música.
Hay temas emblemáticos en los que se siente la influencia de su familia. Con los hilos de la luna, por ejemplo.
La familia es un elemento que aparece con frecuencia en mis canciones y no es casual, ella es, sin dudas, centro de equilibrio emocional, la armonía del alma. Además del tema del abuelo escribí una canción a mi madre luego de su partida, Se busca; a mi abuela materna, Nunca olvido, el tema filial francamente aparece con frecuencia simbolizando las esencias imprescindibles.
La canción a mi abuelo es además un homenaje a los emigrantes y ha calado también por ese otro significado, no solo por lo que representan los abuelos, es decir, son sabios, permisivos, sino que reivindica la fortaleza del emigrante, la capacidad de reinventarse y llevar dentro sus esencias sagradas, su cultura y su patria.
A usted los niños la renuevan, la cuestionan, la sobrecogen, la asustan y la ponen en contacto con lo bello. ¿Por qué componer para este público es una labor delicada y riesgosa?
El trabajo para los niños es uno de los más difíciles y hermosos, arriesgados y responsables. Se trata de elevarte a una cima a la que, quieras o no, ya no perteneces. Es ver de frente los ojos de la más auténtica honestidad, confrontar tu pasado y tu presente, ofrecer lo más genuino de tu cultura y aceptar el intercambio que se produce desde la verdad, porque ellos no se guardan nada por «formalidad». Por eso lo considero difícil, así como renovador y sagrado.
¿Qué es lo más intimidante y lo más conmovedor del trabajo social que realiza con niños y niñas?
Primero quiero recordar que es un proyecto que comencé en 1989 con Ada Elba Pérez, joven poeta y compositora musical de una buena parte del repertorio infantil que defiendo.
Todo comenzó en el Hospital Fructuoso Rodríguez, donde los niños dibujaban las canciones que allí estrenamos. Este trabajo lo hacíamos en los barrios más populares y en varias salas de oncología infantil, más tarde formó parte de mi cotidianidad, es una prioridad del alma.
Regalar alegría, esperanza y enriquecerte con la posibilidad de ser útil, de contribuir al bienestar de niños que en algunos casos enfrentan enfermedades terminales.
Siento como un privilegio formar parte de una profesión que ofrece la oportunidad, a través del arte, de transitar con los niños un camino que exalte la belleza y llene de paz sus corazones.
¿Cómo surgió y creció la idea de Alma creadora?
Estuve en el Festival de Cantautoras de Nicaragua, creado por mi amiga y colega Katia Cardenal en 2006. Esa experiencia me marcó profundamente, tenía la ilusión de llevar esa iniciativa a Cuba y fue posible en el año 2015.
Alma creadora es un espacio para celebrar a las maestras que nos precedieron, difundir la obra de jóvenes compositores y de compositoras más conocidas, pero en especial de intercambiar de modo activo, exponiendo la obra desde la esencia misma, un espacio de crecimiento y aprendizaje al mismo tiempo.
Usted forma parte del Movimiento de la Nueva Trova Cubana. Referentes como Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y Carlos Varela han compartido trabajos discográficos con usted. ¿Cómo influye en su vida la historia de este Movimiento?
La Nueva Trova ha sido muy importante para los cantautores de mi generación. Era una niña cuando surge el Grupo de Experimentación Sonora y casi adolescente cuando se funda el Movimiento.
Crecí escuchando grandes canciones, ellas me enamoraron de la guitarra y fueron las primeras que aprendí a acompañarme. La Nueva Trova ofreció un modo de sentir, de crear y de pensar la música desde la belleza más absoluta, la variedad de géneros y la relación estrecha con la poesía popular.
Definió su libro Mi niña imaginada como una casa de papel, un lugar mágico donde caben todas las palabras que existen. ¿Qué ventajas ofrece combinar la literatura y la música en un mismo proyecto?
Vincular la historia de la canción con una ilustración o un animado era uno de los propósitos compartidos con Huso Editorial, que tuvo a bien editar este libro infantil que vio la luz en la Feria del Libro de Madrid de 2022 y posteriormente en la Semana negra de Gijón.
Pienso que el éxito de esta edición está relacionado con la conjunción de vías para llegar a las historias, siempre desde la belleza, las ilustraciones de Lidia Morales, los QR para acceder a los videos, el cuidado de los textos, el prólogo de Mayda Bustamante. Todo se confabuló para lograr una mayor atención de los más pequeños.
¿Qué significó recibir en 2012 la condición de Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF?
En Naciones Unidas nace UNICEF, organización a la que pertenecen infinidad de países, entre ellos Cuba, y a través de sus estatutos ha creado espacios de protección infantil, exaltando los derechos de los niños y niñas.
Es un honor y una responsabilidad mayor, es continuar realizando el proyecto social desde la «formalidad» y el orgullo de ser defensora de los derechos de los niños y niñas en mi país, aunque lo hago siempre que es posible, extensivo a otras latitudes.
¿Por qué es importante que las infancias consuman música acorde a su edad?
Es importante velar por el desarrollo emocional, físico y espiritual de los niños, que puedan conocer los valores de su cultura y la universal, la obra creada para ellos desde el respeto.
La música educa y exacerba los valores espirituales a través de la belleza y el disfrute, sin dudas, una aportación a su equilibrio emocional que luego será esencial en su futuro.
En una entrevista afirmó: «Un niño que tenga contacto con la belleza, con lo mejor de nuestra cultura, va a ser siempre un niño más sano, sabio, más feliz, más sensible ante cualquier reto de la vida». ¿Cómo lograrlo en nuestros tiempos?
Defendiendo sus espacios y trabajando incansablemente para ellos, ofreciéndoles arte del mejor, interactuando con ellos y procurando que las tendencias musicales exentas de valores no predominen en su entorno.
Hay que intentar ser parte de su espacio, hacerlo de forma asertiva y encontrar el modo de ser cómplices de su edad, una etapa maravillosa y única.