Iturralde ya no es un personaje de Julio Verne

Entrevista al reconocido ingeniero geólogo cubano Manuel Iturralde-Vinent, como parte de la serie 35 voces por las infancias

Lisandra Ronquillo Urgellés
Manuel Iturralde-Vinent ha participado en el descubrimiento de importantes depósitos de animales prehistóricos y ha realizado reconstrucciones de la geografía del pasado y el origen de Cuba y el Caribe
Cortesía del entrevistado
23 Diciembre 2025

De joven, el Académico de Mérito de la Academia de Ciencias de Cuba Manuel Iturralde-Vinent soñó convertirse en un personaje de Julio Verne. Lo confesó en el prólogo de la obra En el techo del planeta, escrita por el investigador y colega de aventuras Juan Reynerio Fagundo Castillo. En su familia no había antecedentes de hombres o mujeres de ciencia, pero la amistad fortuita con cuatro muchachos del Instituto de Segunda Enseñanza del Vedado, donde cursó el bachillerato, cambió su vida.

Las novelas de Verne transforman lo insólito en una aventura posible. La curiosidad humana por develar los misterios del universo lleva a sus personajes a viajar al centro de la Tierra, recorrer Veinte mil leguas de viaje submarino o dar La vuelta al mundo en 80 días. Iturralde no necesitó subirse a un globo aerostático ni timonear el Nautilus. Aquel deseo se volvió realidad junto a otros soñadores: Mario Hernández, Roberto Gutiérrez, Alberto Martínez y Manuel Rivero. Desde 1959 iniciaron exploraciones en el Bosque de La Habana, luego a otras regiones, hasta comprender que sus vidas estaban conectadas a la belleza y la peligrosidad de la naturaleza.

«Esa etapa forjó nuestro carácter y también nuestras aspiraciones. Optamos por distintas carreras: Mario y Alberto, Medicina; Roberto, Geografía; Manuel, Bioquímica; y yo, Geología. El temprano contacto con la naturaleza nos dio una percepción diferente del mundo y, sin abandonar lo cotidiano, dedicamos muchos fines de semana a explorar cavernas, ríos, costas, montañas, permaneciendo varias semanas en el monte intrincado. No pocas veces te despiertas empapado de frío sereno, bajo las estrellas y los sonidos del bosque no te dejan recuperar el sueño. Pocos conocen, por ejemplo, el estruendo que provoca el estornudo de una vaca, que te pone los pelos de punta en la oscuridad. A estas excursiones, con el tiempo, se nos unieron muchos amigos, todos con un gran afán de adquirir nuevos conocimientos, realizando nuestras propias investigaciones como científicos aficionados. Ya de mayores, nos reunimos a rememorar esas aventuras. Lo cómico es como, de boca en boca, se van modificando y de repente, estoy en una cueva en la que nunca puse un pie, y el otro anda conmigo subiendo una loma que yo nunca visité, creando así un mundo maravilloso gracias a la exquisita mezcla de realidad e imaginación». 

Su sueño de convertirse en un personaje de Julio Verne se cumplió junto a otros cuatro aventureros: Mario Hernández, Roberto Gutiérrez, Alberto Martínez y Manuel Rivero
Cortesía del entrevistado Su sueño de convertirse en un personaje de Julio Verne se cumplió junto a otros cuatro aventureros: Mario Hernández, Roberto Gutiérrez, Alberto Martínez y Manuel Rivero

Define su encuentro con el primer presidente de la Academia de Ciencias de Cuba Antonio Núñez Jiménez, como una singularidad.

«Los cinco muchachos le escribimos a Núñez Jiménez, fundador de la Sociedad Espeleológica de Cuba, quien nos recibió con tremenda alegría y amabilidad. Él encargó a Nicasio Viña y Ángel Graña la misión de encaminar nuestros deseos hacia la exploración y estudio de la naturaleza, también a entrenarnos en técnicas de alpinismo subterráneo. En esa época caminábamos muchos kilómetros disfrutando del paisaje de los mogotes, hasta llegar a la casa de Perfecto Hernández, quien nos acompañaba a las cavernas, y por las noches nos relataba asombrosas anécdotas de extraños sucesos y animales desconocidos. Nunca estábamos cansados ni sentíamos calor. En aquellas excursiones conocimos campesinos en distintas zonas del país, cuyas historias engalanaron nuestra imaginación con las más disímiles experiencias».

A sus 78 años la biografía de Iturralde-Vinent está marcada por sus descubrimientos y aportes al Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, la Academia de Ciencias de Cuba, la Empresa Geológica de Camagüey, así como al Museo Nacional de Historia Natural y a la Empresa de Alta Tecnología CITMATEL. Durante su trayectoria laboral y hasta hoy, el investigador ha participado en el descubrimiento de importantes depósitos de animales prehistóricos, ha realizado reconstrucciones de la geografía del pasado y el origen de Cuba y el Caribe. Además, es autor de una teoría sobre el origen de las biotas terrestres antillanas.

Aquel joven que armó una banda de rock y repitió varias veces el mismo año escolar por andar explorando cuevas se convirtió en un educador ambiental con numerosos proyectos de libros y videojuegos para niños producidos por CITMATEL, además de varios documentales hechos con el equipo de Naturaleza Secreta, de la productora Mundo Latino.

Manuel Iturralde-Vinent junto a Juan Gallardo, connotado geólogo cubano y el guajiro sabio de Viñales, como lo nombró el Doctor Antonio Núñez Jiménez. Gallardo tuvo el mérito de encontrar los primeros restos fósiles de dinosaurios en Cuba
Cortesía del entrevistado Manuel Iturralde-Vinent junto a Juan Gallardo, connotado geólogo cubano y el guajiro sabio de Viñales, como lo nombró el Doctor Antonio Núñez Jiménez. Gallardo tuvo el mérito de encontrar los primeros restos fósiles de dinosaurios en Cuba
El autor escribió este libro pensando en la obra anecdótica que le hubiera gustado leer en su juventud
Foto tomada de la Librería Virtual de Cuba. El autor escribió este libro pensando en la obra anecdótica que le hubiera gustado leer en su juventud

Usted tiene dos pasiones literarias: la ficción y los textos científicos. ¿Cómo se convirtió en un apasionado lector?

Resulta que en mi casa había muchos libros que mi papá le compraba a mi hermano, y esa biblioteca captó mi atención desde niño. Uno que me marcó fue La Enciclopedia de Conocimiento o Tesoro de la Juventud, que incluía numerosos cuentos, fábulas y experimentos sencillos, muchos de los cuales realicé gracias a que mi mamá me compró herramientas de juguete, pero funcionales. Tuve una época de actividades espaciales: en un tiempo construí cohetes artesanales, uno incluso se elevó casi diez metros. En esos años leí los libros de Julio Verne y Emilio Salgari, las aventuras de Sigfrido, de Hércules, montones de personajes y dioses griegos y romanos, también los cuentos de Edgar Alan Poe, Arthur Conan Doyle, Mark Twain y otro montón de clásicos.

Sin embargo, desde que empecé a trabajar en el Instituto de Recursos Hidráulicos, como auxiliar de paleontología, mis lecturas se concentraron en textos sobre paleontología y geología. Para entonces tenía entre 17 y 18 años de edad. Como adolescente me reunía con amigos de la misma edad y, en ocasiones, se hablaba de temas de películas y libros de autores famosos. Esta situación me resultó muy molesta, pues en tanto otros hablaban, yo parecía un ventilador... miraba para allá... miraba para acá... y no entendía nada. Entonces conseguí la Colección Huracán, que contenía obras selectas de la literatura universal. Disfruté de las famosas biografías de Stefan Sweig y su libro autobiográfico El mundo de ayer, que explicaba la etapa en que no había fronteras entre los países de Europa. También me encontré con Entre naranjos, de Vicente Blasco Ibáñez y Los Miserables, de Víctor Hugo. Retomé así la lectura de obras literarias, sin abandonar las de corte científico y de aventuras.

Su libro Aventuras en las cavernas de Cuba relata precisamente las vivencias de sus exploraciones juveniles. Los lectores encuentran en él no sólo evidencias arqueológicas del hombre primitivo y los primeros visitantes europeos; sino también animales que habitan las cuevas, restos fósiles y fotografías de paisajes, formaciones cristalinas y mapas de las cavernas. ¿Por qué inmortalizar toda esa memoria?

Cuando empecé a familiarizarme con ese mundo quise tener un libro así. Ya me había leído casi todos los libros de Antonio Núñez Jiménez y de otros autores, pero me faltaba la parte anecdótica. Ese fue el libro que yo escribí.

Los científicos cubanos siempre han sido muy asequibles y recuerdo, siendo un muchachito de doce, trece, catorce años, visitar las instalaciones de la futura Academia de Ciencias en el Capitolio para reunirme con especialistas que nos recibían con mucha amabilidad y atendían nuestras inquietudes. René Herrera Fritó, antropólogo y arqueólogo muy famoso, un día en su oficina me dijo: Mira, la mejor obra de arte que hicieron los aborígenes, y después puso en mis manos un pequeño caracolito con un diseño labrado por algún poblador de estas islas. En un tiempo, Antonio Núñez Jiménez me daba sus textos antes de terminarlos, un acto inusual de extrema confianza, que me ponía en contacto con sus obras. Estas experiencias nos encaminaron por los senderos de la ciencia y el amor a nuestra tierra.

Venturas y aventuras de un geólogo es una multimedia dedicada a los amantes de la exploración de lo desconocido, basada en experiencias reales, peligrosas, sorprendentes y divertidas
Foto tomada de la Librería Virtual de Cuba. Venturas y aventuras de un geólogo es una multimedia dedicada a los amantes de la exploración de lo desconocido, basada en experiencias reales, peligrosas, sorprendentes y divertidas

Su primer trabajo fue en el Instituto de Recursos Hidráulicos como auxiliar de micropleontología, donde tuvo como profesores al Dr. Afredo de la Torre y la especialista china Yi Chun Huo. ¿Por qué estudiar Geología en la Universidad de Oriente entre tantas ciencias que pudo escoger?

Cuando estás en una cueva tienes rocas por todas partes. Lo mismo excavábamos en un sitio arqueológico que en un depósito de animales prehistóricos y eso era fabuloso. Seguí explorando cavernas, excavando, buscando fósiles. Todos los lugares que he visitado me han llevado al campo. Como trabajador en Recursos Hidráulicos me vi involucrado en distintos proyectos de construcción de canales, embalses y en la búsqueda de agua subterránea para distintos usos. Por esta razón en 1970 matriculé en la carrera de Geología y terminé la universidad en Santiago de Cuba en 1975.

¿Cómo una expedición al oriente de Cuba, mientras trabajaba en la Academia de Ciencias, lo convirtió en un defensor de los temas medioambientales?

Este cambio de visión en mi vida ocurrió después que conociera al general Francisco González López, el comandante Pancho de la guerrilla, un hombre con una visión ambientalista de nacimiento. Este le pidió a Rosa Elena Simeón, presidenta de la Academia de Ciencias en esa época, que le mandaran un grupo de académicos para hacer una evaluación de la Sierra de Cristal y sus alrededores. Ella me escogió a mí, ya por entonces tenía fama de conflictivo, y lo cierto es que quedé fascinado con ese viaje al estilo de mis primeras exploraciones: dormíamos dónde dormíamos, no pudimos bañarnos en quince días por el frío; fue una expedición cruda, pero profundamente educativa y andando por lugares increíbles, escuchando al general Pancho, cuyos razonamientos electrizaban el cerebro.

Hasta entonces había estudiado las rocas y fósiles con un criterio estrictamente científico, con el objetivo de entender la vida en el pasado, el origen de nuestras islas, sus recursos minerales, de agua y combustibles. También había trabajado en geología para la construcción, pero nunca me había interesado por los componentes vivos del paisaje. Por eso conocer al general Pancho y sus doctrinas sobre el medio ambiente produjo un cambio total en mi visión del mundo. Entendí que el destino de la naturaleza es también nuestro destino.  A la gente había que educarla. Pancho decía: ¿Usted ve este monte bonito? Sí, pero esa planta de ahí es invasora, aquí cortaron todo y mira la erosión. Me puso unos espejuelos para ver lo que nunca había visto y ahora tengo ese defecto, voy a los detalles. Así me involucré en los estudios de la naturaleza desde un punto de vista más práctico y más enfocado a proteger al hombre de sí mismo y de los peligros innatos de la naturaleza.

En una entrevista afirmó: «Jugando se puede aprender a prepararse para enfrentar eventos peligrosos». ¿Cómo aplica este principio a través de su trabajo en CITMATEL, donde ha publicado libros y videojuegos?

Escribí Aventuras en las cavernas pensando en el niño que quiso leer ese libro cuando tenía doce o trece años. Venturas y aventuras de un geólogo también está dirigido a los muchachos. A las personas mayores dedico obras de promoción del conocimiento, como el artículo publicado junto a Enrique D. Arango Arias, «Lecciones de los terremotos del mes de noviembre de 2024 en Cuba suroriental», sobre los temblores que tuvieron lugar en la región de Pilón, Granma. Los niños no van a construir una presa o una casa, pero los padres sí, por eso los adultos debemos tener una cultura de prevención.

Riesgolando es un videojuego dirigido a niños y jóvenes para educar sobre los peligros de la naturaleza y cómo enfrentarlos
Foto tomada de la Librería Virtual de Cuba Riesgolando es un videojuego dirigido a niños y jóvenes para educar sobre los peligros de la naturaleza y cómo enfrentarlos

En CITMATEL, gracias a la tecnología, aparte de escribir libros para niños, también he preparado varios videojuegos donde jóvenes y niños aprenden sobre estos temas. Como mi formación es dentro de la naturaleza, los juegos no se enfocan en batallas cruentas, sino en lecciones sobre eventos naturales peligrosos. Entre estos videojuegos está Riesgolando, que tiene tres partes, y donde debes enfrentar eventos extremos. Ahora estamos desarrollando uno sobre animales prehistóricos. Esa es la idea: educar. 

La serie Protege a tu familia está dirigida a un público amplio, desde niños hasta adultos mayores. ¿Por qué es necesario que desde temprana edad los niños sepan cómo protegerse ante los peligros naturales?

Cuando fui niño tuve la suerte de ir al campo y eso marcó mi vida. Pienso que si los muchachos tuvieran más contacto con la naturaleza se sentirían mejor. No todo está en un tablet o en un celular o un videojuego, hay mucha vida y variadas experiencias interesantes en el mundo natural. Tener el corazón y el alma llena de imágenes hermosas para un adulto es importante, pero hay que empezar a colectar esas vivencias, esos sueños, en la niñez. Por eso les digo: Aprovechen que son niños, porque pueden hacer montones de actividades fascinantes. La oportunidad de ser niño y de disfrutar del mundo en que vivimos es única.

De izquierda a derecha, los geólogos Jesús Francisco de Albear y Manuel Iturralde-Vinent junto al paleontólogo Alfredo de la Torre
Cortesía del entrevistado De izquierda a derecha, los geólogos Jesús Francisco de Albear y Manuel Iturralde-Vinent junto al paleontólogo Alfredo de la Torre

Usted confesó que soñaba convertirse en un personaje de Julio Verne. ¿Si tuviera que escoger ahora uno cuál sería?

No te puedo responder eso porque he hecho mis propios personajes. He escrito y vivido mis propios cuentos e historias. Esos son los personajes que yo quiero: todos lo que he creado.