Defender sus derechos es una obligación moral de todos los artistas

Escritor, repentista, poeta decimista, investigador, docente, Alexis Díaz-Pimienta es referente en distintas partes del mundo

Rodolfo Romero
Alexis Díaz-Pimienta se ha ganado un espacio en los corazones de niñas y niños
Cortesía del autor
06 Enero 2025

Escritor, repentista, poeta decimista, investigador, docente. A sus 58 años de edad la polifacética vida de Alexis Díaz-Pimienta es referente en distintas partes del mundo. Algunos lo catalogan como un genio de la improvisación; otros no dudan en afirmar que es el mejor de los poetas repentistas nacidos en esta Isla; en sus demostraciones en vivo deja al público boquiabierto cuando comienza a hilvanar sus ideas en versos octosílabos con rimas consonantes.

Fiel heredero de la estrofa creada por Vicente Espinel —y que con tanto esmero cultivaron poetas cubanos como el Cuculambé, el Indio Naborí y tantos otros bardos—, Alexis se ha ganado un espacio en los corazones de niñas y niños. De su imaginación nació un personaje que —primero en formato impreso y luego desde el audiovisual— irrumpió en la familia cubana: Chamaquili. Sin embargo, ese pintoresco infante que aparece en más de una decena de libros, no es la única obra que Pimienta ha dedicado a los más pequeños de casa.

Por eso nuestro diálogo inicia rememorando un lindo proyecto que, de conjunto con UNICEF Cuba, realizó hace una década, cuando se cumplían 25 años de la Convención sobre los Derechos del Niño. ¿En qué consistió Rimando con mis derechos?

— Rimando con mis derechos ha sido uno de los proyectos más hermosos y emocionante de mi carrera artística —y como docente—; porque aprovechando aquel aniversario cerrado de la Convención se hicieron muchas iniciativas en varios países del mundo. Cuba, que siempre ha tenido un cuidado especial por las infancias y asume sus derechos como una asignatura de primer orden, se propuso traducir los derechos de los niños a décimas. Y que esos versos los dijeran los propios niños, niñas y adolescentes de las escuelas de repentismo. Tuve el honor y la responsabilidad de dirigir a ese grupo de muchachos muy talentosos, que convirtieron en versos este documento tan importante de la historia del siglo XX. Fue un espectáculo increíble verlos trabajar. Y así Rimando con mis derechos se convirtió en disco, en libro, en audiovisual.

Defender los derechos de los niños y las niñas, aunque parezca una perogrullada histórica en pleno siglo XXI, es una obligación moral de todos los artistas

¿Por qué es importante que artistas como tú, y que incluso los propios niños, niñas y adolescentes, se involucren en la divulgación y en la defensa de sus derechos?

— Es muy importante que cualquier artista se vea en la necesidad, en la obligación de seguir defendiendo los derechos de las infancias. A los cubanos nos parece una asignatura ya vencida, pero a lo largo del mundo y en esa América nuestra, la violencia infantil, la explotación, la falta de derechos es el pan nuestro de cada día.

Defender los derechos de los niños y las niñas, aunque parezca una perogrullada histórica en pleno siglo XXI, es una obligación moral de todos los artistas. ¿Y por qué es importante que los niños participen también? Porque ningún niño deja de emocionarse, ni de sentirse coprotagonista, cuando oye a otro niño hablar sobre estos temas. Yo les puedo hablar como adulto, maestro o artista, pero si es otro niño el que le canta, el que le habla de los derechos que tiene, llega más profundo el mensaje. 

Durante la pandemia hasta yo mismo me emocioné y me sorprendí al ver el impacto que causaron los poemas de Chamaquili

Cuéntanos de Chamaquili. ¿Cómo y cuándo nace?

— Chamaquili es mi personaje más querido, reconocido, universal. Es del que más orgulloso estoy. Es un niño poeta, de una edad indefinida, que todo lo que ve, mira y piensa lo traduce en poesía, lo habla en versos. Es impresionante cómo ese personaje ha calado en varias generaciones de cubanos, incluso más allá de Cuba. Y lo ha hecho sin tener una distribución mundial ni nada parecido. Sin embargo, en los países en los que se han presentado algunos de sus libros —Colombia, Venezuela, España, Chile, México, Estados Unidos— ha tenido la misma aceptación.

Es un personaje del que yo sigo enamorado, está inspirado en mi hijo Alejandro, cuando era pequeño, y a partir de ahí ha bebido de todos los niños pequeños. Nutrí al personaje de las preguntas, los asombros, las ocurrencias reales de mi hijo cuando tenía dos, tres, siete años. Luego, de las vivencias de mis otros hijos Axel y Alex, y después de las vivencias de muchos niños, de muchos padres, y otras historias que nacían de mi imaginación. Es un personaje que, a pesar del paso del tiempo, sigue cumpliendo una función social muy linda. 

¿Qué ocurrió con Chamaquili durante la pandemia de la COVID-19?

— Durante la pandemia hasta yo mismo me emocioné y me sorprendí al ver el impacto que causaron los poemas de Chamaquili en la voz de Lucas Baños, ese niño maravilloso de La Colmenita que lo representó en televisión. Cómo, incluso, fue importantísimo para la campaña de vacunación en Cuba, al contribuir a la concientización ciudadana, hablando sobre nuestras responsabilidades y obligaciones para vencer la pandemia.

A mí me gusta la literatura útil. Creo que la literatura a veces es demasiado ombliguista, ególatra, cuando los autores focalizamos mucho en nosotros mismos. Prefiero la literatura útil: El libro de los niños que usan gafas, por ejemplo, o Piel de noche, que es un libro sobre el racismo. Esa que, más allá de compartir lo que piensas, tienen una función social, de estremecimiento, de reflexión en voz alta, compartida. Siento que esa hace mucho más feliz a los lectores.

No debo dejar de agradecer a Jorge Oliver Medina que fue el ilustrador inicial de Chamaquili. Hasta que murió, les dio imagen, colorido y luz a mis poemas. El tándem Pimienta-Oliver seguimos siendo los padres de Chamaquili, pero Chamaquili ya no es nuestro, ni de la Editora Abril en Cuba o de Ediciones Pimienta en España, es de los niños que han crecido con esos libros y que me han dado tantas sorpresas a lo largo de los años. Yo recibo mensajes de jóvenes cubanos veinteañeros, treintañeros que viven en diversos lugares del mundo y se llevaron los libros de Chamaquili con ellos. Esa es una sensación muy hermosa.

En esta lucha global por los derechos de niñas, niños y adolescentes, ¿qué derechos priorizarías?

— El derecho más urgente que tiene la infancia es la paz. No puedo hablar de los niños y las niñas y dejar de pensar en Gaza, en el holocausto, en el exterminio que está ocurriendo allí, en los miles y miles de niños que están muriendo allí. Pienso en ellos, y en la guerra de Sudán en África, en el Líbano. La guerra es el peor de los males, y además ocasiona muertes por insalubridad, por hambruna. Y los que se sobreviven quedan sin escuelas, sin padres, sin familia. La paz es el mayor derecho y hay que seguir luchando por ella. Es necesaria para todos, pero sobre todo para los niños y las niñas.

Adolescentes preguntan a Alexis Díaz-Pimienta
Cortesía del entrevistador

Alexis, no quisiéramos terminar esta conversación sin compartirte cuatro preguntas que han elaborado dos adolescentes que participaron recientemente en un taller coordinado por UNICEF Cuba y el proyecto Escaramujo. Ellas, al saber que te entrevistaríamos, quisieron preguntarte:

1. ¿Cuál es tu décima favorita?

Mi décima favorita sigue siendo una del Indio Naborí que es para mí la más emblemática de la literatura decimística cubana. Es la primera de diez estrofas de un poema titulado Décima a la décima. En ella Naborí cuenta el viaje de la décima de España a Cuba, y de ahí a los países de América Latina: Viajera peninsular / cómo te has aplatanado, / qué sinsonte enamorado / te dio cita en el palmar. / Dejaste viña y pomar / soñando caña y café, / y tu alma española fue / canción de arado y guataca / cuando al vaivén de una hamaca / te diste al Cucalambé. 

En solo 10 versos Naborí resume la historia de la décima en su viaje a Cuba.

2. ¿Qué te ha servido de inspiración?

Me sirve de inspiración todo, la vida, mirar el mundo, disfrutarlo y sufrirlo, la nostalgia, la lluvia, el amor, la familia, mis hijos, mis nietas, Cuba, todo me sirve de inspiración. Un poeta es un ser con los poros de la imaginación abiertos, y por ahí entra el oxígeno de la vida, y lo hace vivir en palabras. La inspiración es una abstracción, el estar alerta, el estar despierto, el estar observando el mundo y tener la capacidad de traducirlo en versos.

3. ¿Crees que un adolescente pueda hacer tu trabajo?

Creo que un adolescente puede hacer el trabajo que se proponga y lo digo con conocimiento de causa porque yo empecé haciendo todo lo que hago siendo un niño. Cuando tenía cinco años empecé a hacer décimas, a jugar a la poesía. Cuando llegué a la adolescencia ya era poeta. Por eso confío en la capacidad de los adolescentes. Es un momento de la vida curioso, complejo, pero maravilloso, en el que uno tiene tantas ganas de aprender, tantas necesidades, preguntas, que uno empieza a llenarse de respuestas. Por tanto, sí creo que un adolescente puede hacer este «trabajo» siempre que tenga los poros de la imaginación abiertos.

4. ¿Qué consejos darías a los adolescentes?

El consejo que se me ocurre es que confíen en sus capacidades. Hay dudas, zozobras, miedos, desconocimiento, pero lo que no puede tener un adolescente es desconfianza en su fuerza, en sus capacidades. Todos tenemos capacidades que se pueden desarrollar y fortalecer con trabajo y disciplina. Tienen que confiar y decir: sí puedo. Esa es la mejor respuesta. Creer es poder. Les aconsejo confiar en ustedes mismos y estudiar mucho, esa es la fórmula, desde cualquier edad, pero sobre todo desde la adolescencia, para conseguir lo que sea que se propongan en la vida.