Cuando niñas y niños se vuelven colosos
Entrevista con el artista visual Maisel López, autor de “Colosos”, una serie de pinturas de niñas y niños diseminadas por los muros de La Habana
Pequeños cubanos dibujados en proporciones gigantescas inundan en murales las paredes de La Habana. Su creador, el artista visual Maisel López, los comenzó a pintar en 2015, inspirado en una frase memorable de José Martí. Su interés desde el inicio fue incluir la diversidad de infancias, rostros y colores de su país
En julio de 1889, José Martí publicó el primer número de La Edad de Oro. Aquella revista mensual, dedicada a los niños de América, trascendió como una obra universal sobre la infancia y su capacidad de decir lo que piensa y decirlo bien.
Más de 100 años después el artista visual leyó la frase «los niños son la esperanza del mundo» y tuvo una suerte de iluminación. Desde 2015 comenzó a invadir calles con Los Colosos, una serie de pequeños cubanos en proporciones gigantescas. Sus murales realistas recuerdan el poder de la inocencia en contraste con el horror cotidiano. Aquel niño que una vez se maravilló con Nené traviesa, El camarón encantado o Meñique habita un cuerpo adulto, que aprendió a contar historias en un lienzo o una pared.
Desde el principio me interesó que en los retratos se apreciaran todas las infancias, sus rostros y colores de mi país. Nuestra Cuba es muy diversa y sus niñas y niños también, sin duda alguna. No puedo quedarme en un solo género o un único modo de ver la niñez, mi intención es que todos observen en esas paredes a niños cubanos de todos los sectores de la Isla.
¿Cómo la obra del Apóstol caló en su creación?
Si te digo que soy un estudioso de la obra martiana estaría diciendo mentiras. Por supuesto que he leído su obra, y desde pequeño me convencí que La Edad de Oro es una obra maravillosa. Martí nos dejó un legado importante, donde se puede apreciar evidentemente su amor por las infancias. De alguna manera eso caló en mí trabajo como una fuente de inspiración para hacer Los Colosos. Su frase se convirtió en el combustible de esta serie, porque encierra muchísimo desde un punto de vista conceptual.
¿Cuándo comenzaron sus Colosos?
Comienzan en 2015, a partir de esta idea de hacer retratos infantiles de gran dimensión. Empecé en la pared de un vecino al que le pedí pintar espontáneamente el rostro de una niña. No imaginé en ese momento que iba a ser una gran serie o tener impacto en la comunidad, solo cambié de formato.
Hasta ese momento había trabajado en el lienzo y pasar al mural implicó un proceso formal desde un punto de vista diferente y conceptual. También es un soporte distinto, las personas interactuaban con aquellos rostros realistas y hacían preguntas, eso me encantó, y forma parte también de Los Colosos: el diálogo que se crea con el público.
La serie, por supuesto, me ha dado muchas alegrías desde el punto de vista profesional. Hicimos una obra en el Centro Cultural Katara en Doha, Qatar, y también estuvimos invitados a Portugal en 2017, a través de la Sociedad Cultural José Martí. Esta serie se encuentra en continuo crecimiento. Este 2025 cumple diez años. Tengo pensado celebrarlos con una pintura de mi niña Brella, que tendrá dos años para ese entonces y quiero convertirla en una colosa.
¿Por qué el muralismo tiene ese enorme potencial de transmitir fuertes mensajes?
El arte en general tiene esta capacidad. Mientras el artista tenga las herramientas y la habilidad puede crear mensajes poderosos. En el caso del muralismo, logra el contacto directo con un público bastante diverso.
Usted como artista puede exponer en una galería e inaugurar exposiciones internacionales, pero eso llega a un público selecto. Un mural que tú creas en la calle te acerca no solo a ese grupo exclusivo que puede admirarte, también tiene un impacto en esa persona que no conoce nada de arte, puede ser un niño, un adolescente, un adulto o un abuelo. Eso es muy poderoso, porque el mural dialoga con todos de alguna manera.
Esta manifestación no ha tenido la valoración que merece en muchos países. Por eso hay que ser consecuentes y tener responsabilidad sobre lo que se quiere transmitir a la sociedad. Mis obras dicen: «los niños son la esperanza del mundo», ese es el mensaje que trato de expandir.
¿Considera que la infancia es importante para el futuro y el desarrollo de la nación? ¿Qué desafíos tenemos como sociedad para garantizar su protección?
Velar por el desarrollo de infantes y adolescentes es necesario y medular. Estamos viviendo un presente con nuevas tecnologías, Internet, fenómenos sociales, problemas económicos y políticos en el mundo. Hoy un niño se enfrenta a muchas imágenes y discursos, a una lucha en las redes sociales sobre lo moralmente correcto e incorrecto.
El panorama resulta bastante triste y una de las alternativas para pintar un futuro diferente es la formación de esos niños, para que cambien este porvenir. Por lo menos a mí no me gustan nada las guerras y los pequeños muriendo. Como está el orden mundial realmente necesitamos un futuro donde respiremos felicidad y uno de los pilares fundamentales son las infancias.
La protección quizás radica en la educación, hablarles mucho sobre el pasado, su historia, que tengan una postura crítica sobre lo que existe en Internet. Pienso que eso hay que dosificarlo o controlarlo de alguna manera en las infancias y adolescencias porque puede ser un consumo muy nocivo y crear adicción. Lo otro es una formación de valores y principios éticos, una tarea que comienza desde la familia y la comunidad. Hay que inculcarles que el éxito no está en las ganancias materiales, el dinero o las propiedades, sino en otras cosas.
UNICEF vela por muchos de estos aspectos, desde la salud, el bienestar, la protección de los derechos de los niños, su nutrición, todo lo necesario para que vivan en un entorno feliz, de ahí que su trabajo resulte vital para todas las infancias, adolescencias y juventudes. Pienso que debe seguir fortaleciéndose y crear múltiples alianzas con las instituciones y los diferentes gobiernos, hay que seguir trabajando por el desarrollo de ese futuro que queremos. Me alegra que exista y cuide las infancias.
Cuéntenos un poco acerca del proyecto Dibujando con Maisel, en la comunidad de Buena Vista en Playa.
Dibujando con Maisel fue un proyecto que nació en 2018 con un Taller de Transformación del Barrio y que después llevé a las plataformas digitales. Actualmente radicamos en la Casa de Cultura de Playa, en las calles 7ma. y 70. Imparto clases de artes plásticas tanto de manera presencial como online, esta última modalidad la tuve que fortalecer durante la pandemia y fue una experiencia maravillosa para mí. Hice el grupo de WhatsApp Dibujando con Maisel e, increíblemente, se unieron muchos niños y adolescentes, tenía ciento y pico de estudiantes y todos esperaban atentos a la hora del taller. Conocí muchos jóvenes que ahora estudian en academias, también muchachos de provincia que querían prepararse conmigo, la experiencia resultó muy linda. Esa experiencia en Buena Vista la compartí también en Facebook y surgió una interacción social con jóvenes, niños y artistas para, desde la plástica, crear herramientas de apreciación y sensibilidad.
Soy del criterio de que un taller de plástica no forma necesariamente artistas, sino también mejores personas. Estos niños y jóvenes aprenden a mirar de manera diferente. Puede que un alumno se convierta en un artista, pero los demás están dotados de herramientas, valores y principios. Yo mismo, de joven, asistí a un taller y me ayudó muchísimo en mi formación y comprensión de la vida.
¿Qué impacto han tenido esos espacios para niños y jóvenes de la comunidad?
Los niños se acercan a la Casa de Cultura donde imparto los talleres y los padres también están agradecidos con el gesto. Algunos adolescentes se forman y se preparan para entrar a la academia San Alejandro u otras. Hoy en día me pasan artistas por el lado saludándome, e incluso tienen más éxito que uno profesionalmente.
Cuando me dicen: Profe, ¿cómo está?, con mucha alegría y en modo jocoso les digo: no me digas profe, sino colega. Es muy agradable ayudar a las nuevas generaciones en ese fortalecimiento de la apreciación artística. Eso resulta enriquecedor para mí, porque en nuestros talleres aprendo posiblemente más que ellos. Siempre estoy investigando y eso me permite desarrollarme como artista. No puedo apartar de mí el hecho de ser educador, profesor de artes plásticas. Creo que soy artista también gracias a eso.