Andrea viaja con su sueño: quiere ser abogada

Andrea es una de los más de 80 mil niñas y niños migrantes que este año llegaron a Necoclí y Turbo, Antioquia

María Cristina Rivera
18 Diciembre 2023
Tiempo de lectura: 4 minutos
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UNICEF Colombia

Andrea tiene 16 años, cuatro de los cuales los ha pasado viajando: “de un lado al otro, de un lado al otro, no establemente”. Hace parte de los más de 80.000 niños y niñas migrantes que este año llegaron a Necoclí y Turbo, Antioquia, Colombia, para atravesar, solos o con sus familias, la selva del Darién y continuar su trayecto hacia el norte.

Antes de llegar a Necoclí, Andrea pasó por Cúcuta, Ipiales, Ecuador y Cali: se le hace muy lejano ese día en que dejó Monagas, su estado al oriente de Venezuela: “mis días allá eran muy bonitos. Salía a jugar, salía con mis amigos, estudiaba, estaba con mi familia”.

Con una potencia en la voz alentada por la esperanza, Andrea cuenta que nunca había tenido que vivir con unas condiciones tan difíciles como las que enfrenta ahora.

“Es un poco duro porque nunca me imaginaba que iba a migrar hacia otro lado, hacia otra ciudad. Mi mamá decidió salir, buscar un mejor futuro para nosotras y para ella también. Llegamos acá y fue muy duro, esto es dormir en la calle, no estábamos acostumbradas a esto: a dormir en carpas en el suelo, a pasar necesidades”.

Como la de Andrea, 250 familias esperaban en Necoclí poder continuar su ruta, según datos de la primera quincena de noviembre de 2023 del Grupo Interagencial sobre Flujos Migratorios Mixtos (GIFFM), viviendo en carpas en la playa, para poder reunir el dinero que necesitan pagar el transporte en lancha que las llevara de la playa a la selva y así continuar su trayecto.  Las circunstancias en la playa son difíciles, muchas niñas y niños esperan allí en altas condiciones de vulnerabilidad, sin acceso a servicios básicos y expuestos a diferentes peligros.

Andrea sabe que por su edad y su condición de mujer está entre los perfiles más vulnerables para realizar esa ruta que está llena de peligros asociados a la violencia (secuestros, muertes, violencia sexual, extorsiones), y las condiciones climáticas: ríos caudalosos, animales salvajes, falta de agua, humedad extrema.

“Le han dicho a mi mamá que tenga mucho cuidado conmigo por ser adolescente, en esa selva es muy peligroso porque ya han secuestrado o violado a niñas, que tenga mucho cuidado conmigo y con mi hermanita. Me da miedo porque uno no sabe qué va a pasar en esa selva más adelante, pero sí tengo mucha fuerza, sé que no estoy sola, mi familia me da fuerza”.

A Andrea la mueve la confianza en su familia. “Ahorita estamos pasando muchas necesidades, necesitamos una casa, alimentarnos bien. Por lo menos sé que tengo a mi mamá y en cualquier momento que diga que no puedo más, sé que ella me va a ayudar, me va a decir que tenga mucha fuerza que vamos a llegar a un mejor lugar, que vamos a tener un mejor futuro y que no me rinda. Eso le agradezco mucho a mi mamá, que no me deje sola”.

Además del apoyo de su familia, lo que más mueve a Andrea es un sueño.

Seguir estudiando…

Migrar para Andrea, como para todas los niñas y niños que se encaminan en esta travesía, ha sido adaptarse a muchos cambios. Dejar su entorno, su casa, su familia, sus amigos, un lugar fijo, pero, sobre todo, dejar de estudiar.

“Extraño estudiar, aprender me gusta mucho porque la carrera que quiero tomar se trata de estudiar mucho, aprender mucho”.

En Venezuela, Andrea estudió hasta sexto grado (primero de bachillerato). De ahí fue a Ecuador donde estudió séptimo, luego se mudó tres meses a Ipiales, luego regresó a Ecuador: “y cuando estábamos en Ecuador que empecé a estudiar, otra vez me retrasaron. Siempre me retrasan, siempre quedo en el mismo año porque hemos estado de un lado a otro, de un lado a otro”.

Aunque los pasos de Andrea y su familia avanzan hacia el norte, sus estudios están quietos. Ella, igual, no desfallece en su anhelo, se le ilumina la cara cuando habla de lo que quiere ser cuando sea más grande.

“Mi sueño, mi sueño es ser abogada, cumplirme mi sueño a mí y la promesa que le hice a mi papá porque él murió y él quería ser abogado. Tengo que estudiar mucho, aprender, esforzarme”.

Ella espera que su travesía termine pronto, llegar a un lugar donde tenga una casa, una cama caliente, donde pueda por fin quedarse quieta, inscribirse a un colegio, terminar sus estudios y seguir luchando por su sueño. Andrea anhela oportunidades, terminar la escuela y empezar sus estudios de educación superior: estudiar derecho y defender, así, los derechos de otras personas como ella.